“La vida no es cuestión de posesión ni tampoco de poder, sino de servicio y no de apoderarse de los demás; pero la realidad está ahí, revelándonos que los países que recogen refugiados desde hace décadas, manifiestan una frustración creciente ante la falta de solidaridad internacional”
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Víctor Corcoba Herrero, escritor).- El sentido de la vida es injertar valores, nunca cosas de valor, para que broten principios y florezcan versos como heredades, que es lo que en realidad son los caminos existenciales, puro amor y nívea conjunción de latidos en una atmósfera que ha de ser además todo corazón, o sea, toda poesía y jamás poder. Cimentados bajo este palpitar, la mundanidad no debe ser nuestro abecedario, sino aquello que nos trasciende hacia lo auténtico para crecer en mística plenitud. Bajo este franco espíritu nos reencontraremos; y, será cuando podremos discernir los espacios, para tomar aquella ruta de nuestro tiempo, que nos reconstruya la convivencia fraterna, haciéndonos y rehaciéndonos como familia, que es como se reedifica el bien, con la bondad siempre labrada, a golpe de humano ritmo.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Francisco Castaig Bustillo, criminólogo).- En los últimos días, el país ha presenciado la inauguración de una nueva infraestructura penal de muy alta contención, conocida como el Centro de Alta Contención y Crimen Organizado “CACCO”. Nos guste o no, y al margen de los debates ideológicos que esto despierta, la realidad es que estas instalaciones finalmente responden a los requerimientos que exigen los perfiles criminales más peligrosos de nuestra sociedad.
“La idílica tarea viviente ha de ser más poesía que poder, también más espíritu solidario que fuerza interesada; no vayamos a perder el ritmo de las cuerdas del pulso y no concibamos que la verdadera obra indulgente es la de ser servicial con el prójimo; nunca distante, ni descortés”
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Víctor Corcoba Herrero, escritor).- Todos somos influencia de algo o de alguien. Analicemos, pues, los característicos vínculos. Hoy sabemos que lo antinatural es maligno y que nuestro instinto típico es natural. Apliquemos la clemencia, el buen propósito del sentido común, como cultura adquirida. Frente a las sombras de un espacio desvinculado, donde falta un proyecto para conciliarnos y, además, la globalización navega sin rumbo común, brindar pruebas de compasión, es en muchos casos la celestial precursora de la entereza, que nos insta a edificar en el bien, aunque seamos frágiles. Nos interesa evitar, por ende, aquellas voces que humillan o nos enfrentan. Optemos por la claridad que nos ilumina y por la franqueza. En consecuencia, nada de lo que es humano, puede mostrarse indiferente o resultarnos extraño.
“El siglo XXI podría ser, debe ser, el siglo de la nitidez. La cuestión no son los apoyos terrícolas, sino los azulados con su poética de ritmos claros, donde todos somos necesarios e imprescindibles para ser la primorosa gloria lírica sobre la tierra”
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Víctor Corcoba Herrero, escritor).- Todo está en el mismo aire que respiramos. Desde luego, nos merecemos reencontrarnos con lo auténtico, despojarnos de lo mundano y retornar al verso de lo celeste, volver a la poesía y revolvernos contra nosotros mismos, que será como reconocer nuestras propias caídas por este orbe tenebroso, para poder levantarnos y concretar otra existencia más espiritual que corporal. Dejemos que resplandezcan los cielos, para sentir la fragancia de lo armónico sobre un planeta redibujado de confusiones, cuyas historias humanas han de ser una mirada global, que nos avenga en lugar de enemistarnos. Es cierto que los mapas moldean nuestra comprensión, mientras alimentan la imaginación e influyen en las percepciones colectivas, pero hallarse en contradicción es el estado anímico más intolerable.

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Suhelis Tejero Puntes, periodista).- La izquierda latinoamericana no ha logrado renovar sus liderazgos desde la “marea rosa”, aquella ola de gobiernos progresistas que surgieron por toda la región a inicios de este siglo. En Brasil, Lula da Silva busca en 2026 un cuarto mandato y en Chile, Michelle Bachelet abre la puerta a una tercera candidatura presidencial. Mientras tanto, en Argentina, Cristina Fernández de Kirchner sigue teniendo influencia en el peronismo pese a estar inhabilitada de por vida y, en Bolivia, el Movimiento al Socialismo (MAS) colapsó tras la ruptura de Evo Morales. ¿Por qué no hay un relevo generacional?
Según los politólogos Manuel Alcántara, profesor de la Universidad de Salamanca, y María Victoria Murillo, de la Universidad de Columbia, la falta de renovación responde a factores como menores vínculos de los partidos de izquierda con los sindicatos y organizaciones sociales que antes les daban base y formaban sus cuadros, el auge del individualismo en la era de las redes sociales, la ausencia de mecanismos para resolver los conflictos internos y una oferta electoral de más Estado que ya no seduce a los votantes.
Hacia la derecha
Tras la pandemia, el mapa electoral de América Latina se ha inclinado aceleradamente hacia la derecha conservadora, una ideología que tomó fuerza por el desencanto económico, los sonoros casos de corrupción y los crecientes índices de violencia en varios países de la región. De ese modo, por ejemplo, un outsider como Nayib Bukele surgió en El Salvador con una política de “mano dura” que todavía le genera réditos políticos. Y no solo ese país estrenó nuevos liderazgos conservadores: en los años siguientes también llegaron al poder Daniel Noboa en Ecuador, Javier Milei en Argentina y Abelardo de la Espriella en Colombia. Otros rostros con más recorrido en la derecha también lograron la presidencia: José Raúl Mulino en Panamá, José Antonio Kast en Chile y Keiko Fujimori en Perú.
“La derecha tiene un discurso. Un discurso contra la emigración, de volver al pasado donde las cosas se veían más seguras que en el momento de incertidumbre actual. En cambio, la izquierda ofrece más Estado, que en América Latina es una oferta pésima”, destaca Murillo.
La politóloga recuerda que durante décadas los partidos progresistas de la región promovieron políticas sociales novedosas, como las transferencias directas, pensiones y programas de inclusión que mejoraron la vida de los más pobres y favorecieron la llegada al poder de figuras como Lula.
En cambio, hoy pocos dirigentes en el continente logran presentar una agenda con políticas concretas. Murillo solo observa una excepción que ocurre fuera de Latinoamérica, el actual alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, un socialista que llegó al poder con promesas de desregulación, en busca de flexibilizar el mercado laboral y reducir la burocracia. “No veo que la izquierda latinoamericana ofrezca más que oponerse a la derecha en este momento”, afirma la académica.
En medio de todo, salta a la vista la ausencia de programas concretos. “Hay que volver a la gente, abajo, a los problemas diarios de cada uno y ver qué se puede hacer para resolverlos. ¿Qué se puede hacer para que no me roben, para que no me cobren soborno, para que mi hijo vaya a la escuela y no se dedique a la venta de drogas y, si va a la escuela, aprenda algo, y si aprende algo, pueda hacer algo con eso?”, dice Murillo.
¿Pueden las redes sociales matar la política?
Por su parte, Alcántara destaca el rol de las redes sociales en la nueva forma en la que las sociedades se relacionan y cómo eso impacta en los partidos, sobre todo en los de izquierda, cuyo mayor activo político ha sido la base social.
“Tenemos un serio problema de acción colectiva en favor de la acción individual y eso debilita mucho las propuestas nuevas desde la perspectiva de un partido político. Creo que este es el primer elemento que deberíamos tener en cuenta: la individualización de la sociedad y esta especie de “sálvese quien pueda”, señala el profesor emérito de la Universidad de Salamanca, España.
Recuerda que en el pasado los partidos trabajaban con organizaciones sociales, sindicatos o sus bases juveniles, de los que surgía una figura que luego tenía un recorrido colectivo, medianamente organizado, hasta llegar a la cima. “Eso es lo que yo creo que ha desaparecido”, sentencia Alcántara.
Ahora, las redes sociales viralizan ideas que maduran muy rápido, generan comunidades de miles y hasta millones de personas y promueven liderazgos meteóricos. Al respecto, el politólogo recuerda que esa figura que ascendía colectivamente de la mano del partido ha sido sustituida por un influencer, capaz de captar rápidamente la atención de los jóvenes, aunque no siempre con intenciones de capitalizarla políticamente. Según Alcántara, las organizaciones partidistas no han entendido ese cambio social.
El capital político de los hiper liderazgos
La regeneración política en América Latina se frena por una razón transversal a la izquierda y la derecha: los partidos latinoamericanos carecen de una adecuada institucionalidad. Al respecto, las investigadoras Diana Dávila Gordillo y Kristin N. Wylie publicaron un artículo en el que afirman que algunas de estas organizaciones se han acostumbrado a tomar decisiones a veces informales y sin una cohesión organizativa. “A ello contribuye que los líderes fuertes a veces obstaculizan la institucionalización”, señalaron en el paper “Liderazgo partidista e institucionalización en América Latina”.
Murillo coincide en que estos mecanismos informales provocan problemas a la hora de cambiar los liderazgos. Sin embargo, nota diferencias entre los tipos de partidos políticos de la región. Por un lado, hay organizaciones más personalistas como la del expresidente ecuatoriano Rafael Correa, Revolución Ciudadana, y el Partido Justicialista, de Cristina Fernández de Kirchner. Allí, los liderazgos no dejan espacio para que emerja alguien más. Por el otro, otros partidos están más institucionalizados, pero el líder mantiene un enorme capital político que nadie quiere desechar. Alcántara apunta al gran ejemplo de la región: en Brasil, Lula tiene más de 40 años en la política y conserva una fidelidad del 45% del electorado de ese país, según los resultados de la reciente primera vuelta en el gigante sudamericano. “A mí me parece que Lula es un fenómeno. Es un personaje político muy extraordinario con unas grandes capacidades de movilización y de atraer al electorado”, explica el politólogo de la Universidad de Salamanca.
Transiciones pactadas e incentivos a sucesores
Por su parte, Murillo cree que la mayoría de los partidos que surgieron en las transiciones hacia la democracia tuvieron que pactar unas reglas que, luego, nunca cambiaron. En un caso típico, en la concertación de partidos progresistas de Chile, la centroizquierda priorizó la estabilidad y la unidad frente a la dictadura, evitó procesos como las elecciones primarias y cualquier conflicto que pudiera romper los acuerdos.
“Salvo Argentina, casi todas las transiciones fueron pactadas. Entonces, la enseñanza que tuvo esa primera generación de políticos pos-transición fue que cuando se habían polarizado, cuando había conflictos internos, la democracia no sobrevivía. (…) Sobre aprendieron su lección y no tuvieron la capacidad de pensar cómo institucionalizar el conflicto. Al no institucionalizarse, terminan dependiendo de la candidatura de alguien que es popular”, explica la politóloga de la Universidad de Columbia.
A toda esta situación se suma que ante la fuerza del líder los herederos políticos entienden que no tienen el capital suficiente para ganarle y transan con él por alcanzar algún cargo público de ministro, diputado o gobernador.
¿La excepción de la regla?
En México, la sucesión de Andrés Manuel López Obrador funcionó bien con las acostumbradas encuestas, que favorecieron a Claudia Sheinbaum, y es muy pronto para pensar en el siguiente proceso. Pero el caso de Uruguay sí demuestra que corregir la falta de institucionalidad vale la pena en política. El izquierdista Frente Amplio, que gobernó durante tres lustros, perdió en 2019. Cinco años después volvió al poder de la mano de Yamandú Orsi, que logró su candidatura luego de una reestructuración profunda del partido. De ese modo, con el apoyo de la vieja guardia del Frente Amplio, el sector del expresidente José ‘Pepe’ Mujica, hizo un traspaso ordenado, con una competencia interna real.
Pero fuera de Uruguay, no hay nada a la vista. A la izquierda latinoamericana parece costarle encontrar figuras nuevas. Mientras tanto, la derecha estrena rostros con outsiders que ganaron con discursos directos, presencia en redes sociales y, a veces, sin pasar por estructura partidista tradicional alguna.
La académica recuerda que el propio Lula ha dicho que no frena la renovación del PT. “Quien quiera competir conmigo, tendrá que salir a la calle”, dijo el mandatario brasileño en 2025 antes de anunciar su candidatura. Pero nadie puede ganar si no existen mecanismos de competencia, que es justo lo que la izquierda ha dejado atrás. La pregunta sobre quiénes y de dónde saldrá su relevo generacional sigue sin respuesta, y el mayor activo de la izquierda –el capital político de sus hiperlíderes– seguirá siendo también su mayor límite.
Cuando ven a un grupo de vecinos organizados, invirtiendo su tiempo, esfuerzo y recursos por pura vocación de servicio social, el primer impulso de estos detractores es cuestionar y sembrar dudas sin una sola prueba. Difunden rumores entre vecinos, amigos e incluso ante figuras políticas que, lamentablemente, encuentran en este tipo de conductas a sus mejores aliados. A ciertos sectores políticos les conviene mantener a personas así a su lado; les sirve para frenar a los “buenos samaritanos” cuya labor comunitaria, transparente y sin fines de lucro, deja en evidencia la falta de voluntad y la ineptitud de quienes solo buscan el poder. Para ellos, el servicio genuino es una amenaza.
El daño más profundo de esta dinámica no es solo el ataque a quien trabaja, sino la parálisis comunitaria que provoca. Por culpa de la difamación y el acoso verbal de estos malhechores, muchos vecinos valiosos, con gran talento y deseos sinceros de aportar, prefieren no sumarse a las asociaciones ni a los grupos de apoyo. El temor a convertirse en el blanco de calumnias infundadas aleja el liderazgo que nuestras comunidades tanto necesitan.
Esta situación se refleja directamente en nuestras convocatorias: hoy en día, en las asambleas cuesta enormemente alcanzar el quórum debido a la ausencia de afiliados. La falta de participación nueva provoca que, a la hora de elegir o renovar cuadros directivos, terminemos siendo siempre los mismos asumiendo la carga. Quienes critican desde afuera casi nunca dan el paso al frente en una asamblea para construir, pero sí se dedican a ahuyentar a quienes podrían integrarse y refrescar la gestión.
No nos engañemos. Tras la publicación de esta nota, verán cómo de inmediato “brincan los susodichos”. Se darán por aludidos, levantarán la voz y buscarán mil excusas para justificar su veneno, confirmando punto por punto lo que aquí se señala.
A ellos les decimos: la verdad no se esconde tras el ruido, y el trabajo honesto se defiende solo con hechos. A nuestros vecinos de bien los invitamos a vencer el abstencionismo y el temor: asistir a las asambleas y apoyar el trabajo voluntario es la única forma de blindar a nuestra comunidad contra la mala fe y garantizar un futuro de progreso para todos.