El año 2026 traerá definiciones políticas decisivas. No es diagnóstico alarmista, es la constatación que, cuando la estructura constitucional se deteriora, el costo lo pagamos la gente común. No las élites ni los lemas. La/os de a pie perdemos acceso, voz, certeza…y pueda que algo más
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Gerardo A. Pérez Obando (Gapo), columnista).- El país se mira en un espejo agrietado. Las fisuras, no aparecieron de golpe ni fueron menores. Las fracturas las ha ocasionado el desprecio a los procedimientos, hostilidad hacia contrapesos, y banalización del lenguaje jurídico. De pronto quieren descubrirnos una cara distinta para que normalicemos lo excepcional, aceptemos el atajo como método, confundamos carisma con capacidad, y ocurrencia con política pública.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- Lo que durante años se consideró un escenario políticamente inalcanzable para un solo partido, hoy aparece como una posibilidad real. A menos de un mes de las elecciones nacionales, la más reciente encuesta de OPOL Consultores proyecta que el PPSO, partido identificado con la continuidad del actual gobierno, podría alcanzar 40 diputaciones en la Asamblea Legislativa.
De confirmarse este resultado en las urnas, el oficialismo no solo aseguraría una mayoría simple, sino que quedaría muy cerca de una mayoría calificada, una concentración de poder que Costa Rica no ha experimentado en varias décadas.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por María Lucía Arias*).- Costa Rica está frente a otro reciclaje político que se disfraza de novedad con buena iluminación y palabras bonitas. Nos quieren vender a Claudia Dobles como “la nueva opción”, como la tecnócrata sin bando que viene a “hablar con la verdad”. Pero la verdad, la que no cabe en el guion, es que esto huele a la misma fórmula de siempre: un regreso del proyecto PAC, reempaquetado con lenguaje ciudadano y un progresismo de vitrina, de esos que se ven bien en redes, pero se caen cuando toca rendir cuentas.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- Las libertades públicas consagradas en la Constitución Política de Costa Rica no son un adorno jurídico ni una formalidad histórica. Son límites concretos al poder del Estado, diseñados precisamente para los momentos más difíciles: cuando el miedo, la inseguridad y la urgencia social pueden tentar a sacrificar derechos en nombre del orden.
En el actual escenario electoral, la seguridad ciudadana se ha colocado en el centro del debate político. Junto a ella han surgido propuestas que, aunque presentadas como excepcionales y temporales, obligan a abrir una discusión profunda sobre el estado real de nuestras libertades democráticas.
