LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- En la historia reciente de América Latina, las dictaduras más conocidas no surgieron como proyectos explícitos de opresión ni se impusieron únicamente por la fuerza de las armas. En la mayoría de los casos, nacieron como respuesta a un profundo descontento popular, acumulado durante décadas de corrupción, abuso de poder, desigualdad, gobiernos desconectados de la realidad social y sistemas políticos incapaces de renovarse.
El hartazgo era real.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Víctor Corcoba Herrero, Escritor).- No hay mejor desafío que trabajar por la concordia en un mundo cruel y competitivo, que todo lo confunde y lo tensiona, para infundirlo de abecedarios agresivos, que nos llevan a un estado salvaje, impidiéndonos vivir bien y que sean buenos los tiempos. En efecto, todo parte de nosotros, ya que el orbe es lo que somos cada cual consigo mismo y con los demás. Por ello, aunque vivimos momentos complicados, jamás cedamos a la injusticia; tratemos de coordinar acciones, haciéndolo corazón a corazón. Es cierto que, en el contexto bajo el que nos movemos, los precios elevados continúan siendo un desafío global, también cuando se alarga la desinflación, lo que debe hacernos escuchar la voz de los débiles que, aún hoy, carecen de sintonía en este mundo de supremos egoísmos terrícolas.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- La transparencia no es un favor que el poder concede a la ciudadanía. Es una obligación democrática. Sin embargo, no todos los gobiernos lo entienden —o lo respetan—. Identificar una gestión con nula o muy baja transparencia no requiere ser especialista ni experto en administración pública: basta con observar ciertos patrones que, cuando se repiten, dicen más que cualquier discurso.
Un gobierno opaco no siempre viola la ley de forma directa. Muchas veces actúa en los márgenes, estirando las reglas, normalizando el silencio y desgastando poco a poco la confianza pública. Así es como se debilita una democracia desde adentro.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- Durante mucho tiempo, Costa Rica se contó a sí misma una historia cómoda: la de un país de paso, casi accidental, dentro de las grandes rutas del narcotráfico. Una nación utilizada por otros, pero no realmente comprometida con el problema. Hoy, esa narrativa ya no resiste el contraste con los datos.
Los informes más recientes del Global Organized Crime Index muestran una tendencia que debería incomodarnos como sociedad: Costa Rica no solo ha empeorado su posición en el mapa global del crimen organizado, sino que se ha consolidado como un punto cada vez más relevante en el tráfico internacional de cocaína. No por producirla, sino por facilitar su movimiento.
