“El verdadero sostén corporal de las huellas vertidas y la axiomática marea espiritual generada, va a ser lo que nos mantenga anímicamente, para fijar la mirada en la patria celestial”
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Víctor Corcoba Herrero, escritor).- Hay que impulsar la excelencia del azul, como lírica viviente adentrándonos en su místico oleaje, lo que pone de relieve uno de los retos más fundamentales de nuestro paso por aquí abajo, que no debe ser otro que el afán contemplativo y el desvelo por dar resplandor a un orbe que requiere de nuestras percusiones, para promover un cambio existencial, en el que todos podamos ser más corazón que coraza. Realmente sollozamos porque no logramos ser deidad, lo que nos impide amar y ser amados, que es lo que nos haría sentirnos libres como las barcas perdidas en el mar. De igual modo, también gemimos porque no dominamos ni nuestros propios vientos, necesitamos desesperadamente aires puros para tomar aliento y sentirnos acariciados por la certeza del verso en el verbo.
Mucho se ha hablado en la política costarricense sobre la renovación de Liberación Nacional. Pero, ¿qué es realmente renovar?
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nicole Mesén Sojo, activista de derechos humanos y ambientales).- Algunos piensan que la renovación consiste en cambiar de caras o poner a gente joven, pero renovar es algo mucho más profundo. En política de nada sirve poner rostros jóvenes o distintos si estos continúan perpetuando conductas y prácticas de la política tradicional, esa que tanto daño, desconfianza y lejanía ha generado.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Vladimir León Castillo, colaborador).- Se acercan las elecciones municipales de 2028. Antes de pensar únicamente en nombres, partidos o campañas, sería bueno que como ciudadanos nos hiciéramos una pregunta fundamental: ¿qué clase de alcalde queremos para Goicoechea?
Quizás la respuesta no debería comenzar hablando de grandes edificios, discursos o promesas. Tal vez debería empezar con algo mucho más sencillo, pero igualmente importante: queremos autoridades cercanas a su gente.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por María del Milagro Alvarado, comunicación y derecho).- Hay momentos en la vida en que una relación termina mucho antes de que exista una firma o una sentencia que la confirme. A veces no hay una gran discusión final, simplemente llega el día en que uno de los dos hace una maleta, duerme en otra habitación o deja la casa para siempre y es cuando escuchamos la tan trillada frase “estamos separados”.
Pero esa expresión esconde una realidad jurídica importante porque en Costa Rica no toda separación produce los mismos efectos legales. Estar separados puede ser una situación de hecho o una decisión reconocida por un tribunal, y la diferencia entre ambas influye en el patrimonio, las obligaciones y el camino hacia un futuro divorcio.

“La vida no es cuestión de posesión ni tampoco de poder, sino de servicio y no de apoderarse de los demás; pero la realidad está ahí, revelándonos que los países que recogen refugiados desde hace décadas, manifiestan una frustración creciente ante la falta de solidaridad internacional”
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Víctor Corcoba Herrero, escritor).- El sentido de la vida es injertar valores, nunca cosas de valor, para que broten principios y florezcan versos como heredades, que es lo que en realidad son los caminos existenciales, puro amor y nívea conjunción de latidos en una atmósfera que ha de ser además todo corazón, o sea, toda poesía y jamás poder. Cimentados bajo este palpitar, la mundanidad no debe ser nuestro abecedario, sino aquello que nos trasciende hacia lo auténtico para crecer en mística plenitud. Bajo este franco espíritu nos reencontraremos; y, será cuando podremos discernir los espacios, para tomar aquella ruta de nuestro tiempo, que nos reconstruya la convivencia fraterna, haciéndonos y rehaciéndonos como familia, que es como se reedifica el bien, con la bondad siempre labrada, a golpe de humano ritmo.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak Assad, columnista).- El artículo de Francisco Castaig Bustillo publicado hoy viernes plantea una preocupación legítima: el Estado debe recuperar el control efectivo de los centros penitenciarios y proteger a la población frente al crimen organizado. Las víctimas merecen justicia, protección y reparación. Sin embargo, desde una perspectiva criminológica y del trabajo social, conviene distinguir entre contener a quienes delinquen y transformar las condiciones que permiten que la criminalidad se reproduzca.