37 niños indígenas fallecidos en una década: nuevas evidencias confirman la vulnerabilidad de familias Ngäbe-Buglé en la cosecha de café

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Isaí Jara, periodista).- Nuevas investigaciones, observaciones de campo y pronunciamientos de organizaciones indígenas confirman y amplían las alertas sobre las condiciones que enfrentan las familias Ngäbe-Buglé que cada año se desplazan desde Panamá hacia Costa Rica para participar en la cosecha de café.
El dato más contundente proviene de una investigación del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) divulgada por Semanario Universidad: entre 2016 y junio de 2026 fallecieron 37 niñas, niños y adolescentes en la zona cafetalera de Los Santos, en su mayoría pertenecientes al pueblo Ngäbe-Buglé. De ellos, 23 eran menores de un año. Según el OIJ, 32 muertes fueron clasificadas por causas naturales y 23 estuvieron asociadas con bronconeumonía. Los fallecimientos se concentraron entre septiembre y enero, coincidiendo con la temporada de cosecha, un patrón que el organismo vinculó con el acceso a la salud, las condiciones de traslado y el alojamiento.
La Clínica de Derechos Humanos Ambientales del Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA) de la Universidad Nacional, que en julio participó en un pronunciamiento público junto con el Programa Kioscos Socioambientales de la UCR, el CICDE-UNED y el Observatorio de Relaciones Laborales de la Facultad de Derecho de la UCR, da seguimiento a la denuncia y llama a fortalecer la respuesta institucional.
Familias a la intemperie en la frontera
Un informe de Roy Arias Cruz, director de SEPROJOVEN, basado en un monitoreo de campo realizado en agosto y septiembre de 2026 en el puesto fronterizo de Río Sereno, Coto Brus, documenta que cada día ingresaron por ese punto entre 100 y 300 personas, muchas en familias extensas con bebés y mujeres embarazadas. El informe registra esperas de dos o tres días para tramitar documentación, con familias a la intemperie, sin espacios adecuados para descansar, alimentarse o acceder a servicios sanitarios, y con acceso insuficiente a agua potable.
Esto amplía el foco del problema: la vulnerabilidad no comienza en las fincas, sino desde el desplazamiento y los pasos fronterizos.
“Cada año, miles de familias de la población indígena Ngäbe-Buglé se ven forzadas a abandonar sus comunidades. No viajan por elección; se mueven empujadas por la necesidad económica, convirtiéndose en la mano de obra esencial que sostiene la recolección del café”, señaló en un comunicado la organización Cultura Kare, del territorio indígena Ngäbe de Conte Burica.
Barreras burocráticas
Desde Nicaragua, la organización de base Prilaka expresó su solidaridad y denunció “las graves barreras burocráticas y los constantes obstáculos que enfrenta esta población para tramitar y obtener salvoconductos en los puestos fronterizos de Paso Canoas, Río Sereno, Sabalito y Sixaola”, una situación que, advierte, “vulnera sus derechos fundamentales y condiciona el acceso a los servicios de atención médica” en los cantones cafetaleros.
Llamado a la acción
Para la Clínica de Derechos Humanos Ambientales del IDELA-UNA, la problemática abarca mucho más que la atención de emergencias: incluye movilidad, trámites fronterizos, alimentación, alojamiento, salud, protección de la niñez y condiciones laborales. Por ello reitera su llamado a fortalecer la atención primaria en salud, la vacunación y la atención materno-infantil; inspeccionar las condiciones de alojamiento, transporte y trabajo en las fincas; y establecer mecanismos permanentes de coordinación entre Costa Rica y Panamá con las organizaciones indígenas.
“La producción de café no puede desvincularse de las condiciones de vida de quienes realizan la cosecha”, concluye la Clínica, que continuará dando seguimiento al caso.