LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Marisol Rivera, comunicadora).- En cada discusión política aparece la misma pregunta: ¿Quién tiene la razón?
Para algunos, la razón siempre la tiene su partido. Para otros, la tiene el líder que siguen. Y para muchos más, la política se ha convertido en una especie de competencia permanente donde cada grupo intenta demostrar que el otro está equivocado.
Pero si uno se detiene a pensar con calma, surge una reflexión sencilla: la política nunca fue creada para que los partidos tengan razón.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, Movimiento Goicoechea Resucita).- En los últimos años, las redes sociales han transformado profundamente la forma en que las comunidades se informan sobre su realidad. En Goicoechea, como ocurre en muchos cantones del país, Facebook y otras plataformas digitales se han convertido en espacios donde circulan noticias, opiniones y denuncias sobre la vida local.
Sin embargo, no todas las páginas que difunden información lo hacen bajo los mismos criterios ni con los mismos principios periodísticos. Al observar el ecosistema digital del cantón, es posible identificar tres estilos claros de páginas que hoy compiten por la atención del público. Esta situación abre una discusión relevante sobre el papel que deben cumplir los medios de comunicación responsables en la vida democrática de la comunidad.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Bianca Salazar López*).- Para quienes aún no me conocen, mi nombre es Bianca Salazar López. Soy orgullosamente hija de Naranjo de Alajuela, donde crecí entre el aroma de los cafetales, aprendiendo el valor del trabajo duro. Mi formación en Dirección de Empresas por la Universidad de Costa Rica y mi actual paso por la carrera de Enseñanza del Inglés en la UNED, me han dado las herramientas académicas; pero ha sido mi trayectoria como emprendedora la que me ha enseñado los retos reales que enfrentamos quienes queremos sacar adelante un negocio en este país.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Isaí Jara, periodista).- A las siete de la mañana, cuando el movimiento empieza en las calles de Calle Blancos, María del Mar Rodríguez ya está despierta. Prepara el desayuno de sus dos hijos, revisa el teléfono y abre una carpeta donde guarda los currículos que ha enviado durante los últimos meses.
A veces recibe una llamada. La mayoría de los días, no.
Antes de la pandemia, María trabajaba en un restaurante en el centro de Guadalupe. Tenía horarios largos y un salario modesto, pero estable. Cuando el negocio cerró, perdió su empleo y, con él, la seguridad económica que sostenía a su familia.

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