Estamos en una guerra política: todo está politizado y nos falta serenidad para decidir

Nos falta serenidad, ¿cierto? Las acusaciones van y vienen y terminan en un Poder Judicial que perdió la confianza ciudadana

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Luis Carlos Araya Monge, columnista).- Lo ideal sería que hubiera correcciones internas en ese Poder de la República. Pero en lugar de eso, eligieron pelear. En lugar de impartir justicia pronta y cumplida, de buscar la solución inteligente, se metieron en la lucha política que vive el país. ¡Lo peor que podían hacer!

Y qué decir de la prensa también politizada. Esa que se volvió actriz en lugar de testigo. Ya no informa. Escoge la noticia para atizar la hoguera según le convenga a su propia lucha de poder. Se les olvidó que el periodismo es para informar, serenar, para explicar, para poner los datos sobre la mesa. No para “gritar” junto con los demás. Con ese juego también son responsables de que el país no tenga paz. read more

ByByRedacción Sep 10, 2026

Seccionales policiales de ANEP piden estudios y diálogo ante propuesta de rotación de policías

Rotar funcionarios cada tres meses entre provincias podría afectar la operatividad de los cuerpos policiales y la estabilidad económica y familiar de sus trabajadores

LA VOZ DE GOICOECHEA (Redacción).- Las seccionales de la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP) en Fuerza Pública, Policía Profesional de Migración, Policía de Tránsito, Policía de Control de Drogas, Servicio de Vigilancia Aérea y Policía Penitenciaria manifiestan su preocupación ante el anuncio de la Presidencia de la República sobre la intención de establecer una rotación de funcionarios policiales entre diferentes provincias cada tres meses, como mecanismo para evitar el arraigo territorial y prevenir eventuales vínculos con estructuras del narcotráfico o actos de corrupción. read more

ByByRedacción Sep 10, 2026

Vecinos de Urbanización Kamir piden intervención de Bomberos por condiciones del acceso principal

Habitantes del residencial, ubicado en Mata de Plátano de Goicoechea, solicitan un criterio del Cuerpo de Bomberos ante cuestionamientos sobre el ancho de la vía de ingreso y la ausencia de aceras. Un informe del CFIA de 2023 forma parte de los documentos aportados por la comunidad

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Ashley María Gutiérrez, periodista).- Vecinos de la Urbanización Kamir, en Mata de Plátano de Goicoechea, solicitaron formalmente la intervención del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Costa Rica ante las condiciones que, según denuncian, presenta el principal acceso al residencial. read more

ByByRedacción Sep 10, 2026

Versículo del día

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- La salvación es el regalo que Dios nos da por medio de Jesucristo, y aquí se nos presenta como un casco, que protege lo más valioso: nuestra mente, nuestros pensamientos y nuestra identidad. Cuando comprendemos que somos salvos y que pertenecemos al Señor, nuestra mente queda protegida contra las dudas, el miedo, la condenación y los engaños del enemigo. No se trata de algo que construimos nosotros mismos, sino de algo que recibimos: por eso dice «tomen». Es un don que debemos aceptar y llevar siempre puesto, para vivir con la seguridad de que Dios nos ha rescatado y nos cuida. read more

ByByRedacción Sep 10, 2026
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Opinión: Hablemos de Ley y Vida, nos separamos; una casa, dos vidas

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por María del Milagro Alvarado, comunicación y derecho).- Hay momentos en la vida en que una relación termina mucho antes de que exista una firma o una sentencia que la confirme. A veces no hay una gran discusión final, simplemente llega el día en que uno de los dos hace una maleta, duerme en otra habitación o deja la casa para siempre y es cuando escuchamos la tan trillada frase “estamos separados”.

Pero esa expresión esconde una realidad jurídica importante porque en Costa Rica no toda separación produce los mismos efectos legales. Estar separados puede ser una situación de hecho o una decisión reconocida por un tribunal, y la diferencia entre ambas influye en el patrimonio, las obligaciones y el camino hacia un futuro divorcio.

Pocas decisiones son tan difíciles como reconocer que un matrimonio llegó a su fin, aun cuando la convivencia se torne imposible, separarse suele venir acompañado de miedo, culpa, incertidumbre y una interminable lista de preguntas como ¿quién se queda en la casa?, ¿pierdo mis derechos si me voy?, ¿ya estoy “libre” para rehacer mi vida?, ¿y con los hijos cómo vamos a hacer? Lo cierto es que la separación y el divorcio son figuras distintas, por eso en esta entrega analizaremos la separación.

La separación de hecho ocurre cuando los esposos dejan de hacer vida en común, sin que exista una resolución judicial que la declare, siendo la forma más frecuente en que las parejas comienzan su proceso de ruptura. La jurisprudencia y nuestra legislación reconocen que puede existir la separación de hecho incluso cuando ambos continúan viviendo bajo el mismo techo, siempre que haya desaparecido la vida matrimonial; es decir; ya no existe un proyecto en común, afectivamente la unión desapareció y cada uno lleva una vida independiente del otro, pero esto no significa que con la separación se extinguen automáticamente los derechos derivados del matrimonio. Es importante tener claro que el vínculo matrimonial continúa existiendo, al igual que la mayoría de las obligaciones patrimoniales y familiares hasta que se emita una sentencia que decrete el divorcio.

De ahí la importancia de que, antes de firmar acuerdos improvisados o entregar bienes por presión emocional, incluso social, conviene detenerse a pensar con mente fría y recibir orientación jurídica, porque son decisiones que nos van a acompañar y afectar por el resto de nuestra vida.

En el caso de la separación judicial es distinto, porque ya no se trata solo de una realidad familiar, sino que media una declaración emitida por un tribunal que autoriza a los cónyuges a dejar de vivir juntos sin disolver el matrimonio. Dicho de otra manera, los esposos siguen casados, pero la ley les reconoce oficialmente que ya no tienen obligación de convivir. El Código de Familia, en su numeral 58, define las causales para solicitar la separación, entre las que se encuentran las mismas que autorizan el divorcio, además de otras como el abandono malicioso, la negativa injustificada de brindar asistencia o alimentos, las ofensas graves y la separación de hecho durante el plazo establecido por ley. Aunque hoy el divorcio es mucho más accesible que hace algunos años, la separación judicial sigue siendo una herramienta válida en nuestro ordenamiento.

La diferencia que realmente importa tener presente es que la separación de hecho es una decisión de la pareja y la separación judicial tiene que ser declarada por un fallo judicial. Y ¿cuál conviene? La respuesta jurídica más honesta es: depende de la historia de cada familia. Hay parejas que necesitan una separación judicial para proteger su patrimonio, ordenar responsabilidades o establecer reglas claras mientras deciden si el matrimonio puede salvarse. Otras, en cambio, tienen claro que la relación terminó y el camino más adecuado será iniciar directamente un proceso de divorcio, especialmente porque la legislación costarricense reconoce diversas vías para disolver el matrimonio, incluyendo el mutuo consentimiento, la incompatibilidad de caracteres y la separación de hecho como causal de divorcio bajo los plazos legales vigentes, como acabamos de ver. No existe una única respuesta correcta, lo incorrecto sería asumir que todas las separaciones producen las mismas consecuencias.

Y de aquí surge la parte que la ley no ve porque detrás de cada separación hay algo que ningún artículo del Código de Familia alcanza a describir y es el duelo. El duelo de aprender a vivir sin las rutinas a las que estábamos acostumbrados, de explicarles a los hijos una decisión tan difícil y de cómo a ellos también les tocará desacostumbrarse a su vida, a reorganizar la economía, a enfrentar el juicio social y a reconstruir la propia identidad.

De modo que, los asesores legales no deberíamos limitarnos a resolver el conflicto; sin ofrecer claridad, opciones y acompañamiento cuando una persona atraviesa uno de los momentos más vulnerables de su vida, porque nadie toma las mejores decisiones cuando está roto por dentro. Por eso, antes de separarse, renunciar, marcharse o firmar solo porque se está convencido de que todo terminó, vale la pena hacer una pausa y entender todas las consecuencias; positivas y negativas; de tomar esta decisión que conlleva un impacto emocional y psicológico considerablemente importante a todos los miembros de la familia, especialmente a los niños y a los adolescentes, que experimentan altos niveles de estrés, ansiedad y confusión durante este proceso.

Separarse nunca es solamente dejar de vivir bajo el mismo techo, es aceptar que una historia compartida cambia de rumbo y que, a partir de ese momento, muchas cosas deberán aprenderse de nuevo. Por eso, es menester transitarla con respeto, diálogo y una adecuada orientación legal protegiendo derechos, evitando conflictos innecesarios y haciendo que un momento difícil sea menos doloroso, para al final poder descubrir que después de una separación también puede haber un nuevo comienzo.

Correo: mariadelmilagroalvaradob@gmail.com

DWM Estudio Jurídico

*Este artículo es con fines informativos y educativos, siendo que cada situación jurídica posee circunstancias particulares, por lo que lo aquí expresado no sustituye la asesoría legal individualizada.

ByByIsaí Jara Sep 22, 2026

Opinión: La participación real y el valor de los verdaderos dirigentes comunales

El sábado 19 de setiembre recibí una invitación que, aunque parecía sencilla, terminó dejándome una reflexión profunda sobre la participación ciudadana en nuestras comunidades

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Francisco Castaing Bustillos, dirigente comunal).- Cinco vecinos me invitaron a tomar un café. Tenían una preocupación concreta: querían organizar un comité de seguridad y ornato ante los robos recurrentes que, según me explicaron, han afectado su entorno y ante la acumulación de basura que personas ajenas depositan en distintos puntos de la comunidad.

Acepté la invitación con el mismo espíritu de servicio con el que, durante años, he procurado involucrarme en los asuntos comunales. Conversamos sobre los procesos necesarios para organizarse y las posibilidades de impulsar iniciativas de seguridad comunitaria.

A la mayoría de ellos no los conocía personalmente, aunque todos llevamos muchos años viviendo en la misma comunidad. Por eso, al observar su interés, aproveché para invitarlos a integrarse a las distintas organizaciones comunales que ya existen y en las cuales nunca habían participado.

Fue entonces cuando escuché una frase que seguramente muchos dirigentes comunales conocemos muy bien: “Siempre son los mismos de siempre”.

También expresaron que no les interesaba participar porque, según su percepción, a esas organizaciones “solo va gente revoltosa”. Incluso manifestaron su desconfianza hacia los procesos electorales municipales y hacia quienes participan en política.

Aquellas palabras me dejaron pensando.

¿Quiénes son “los mismos de siempre”?

Existe una contradicción que deberíamos analizar como comunidad.

Con frecuencia criticamos a quienes participan. Cuestionamos asociaciones, comités, dirigentes, municipalidades y partidos políticos. Decimos que siempre aparecen las mismas personas y reclamamos la ausencia de nuevos liderazgos.

Pero entonces surge una pregunta inevitable: ¿dónde estamos nosotros cuando se realizan las reuniones, las asambleas, las elecciones y los procesos de organización comunitaria?

Es muy fácil observar desde afuera. Mucho más difícil es dedicar una noche a una reunión, tocar puertas, presentar documentos, gestionar ante instituciones, escuchar reclamos, organizar actividades o insistir durante meses —y algunas veces años— para conseguir una solución para el barrio.

Cuando un problema llega directamente a nuestra puerta, la organización comunitaria adquiere de pronto una enorme importancia. Si sufrimos un robo, si aparece un problema de basura frente a nuestra vivienda, si falta iluminación o si alguna situación amenaza nuestra tranquilidad, buscamos inmediatamente a quienes puedan ayudarnos.

Y muchas veces recurrimos precisamente a “los mismos de siempre”.

Es decir, a las personas que han permanecido participando cuando muchos otros decidieron mantenerse al margen.

La participación es también una responsabilidad

No pretendo afirmar que toda organización comunal funcione correctamente ni que todo dirigente esté libre de cuestionamientos. Mucho menos que la política local no deba ser fiscalizada. Todo lo contrario: las instituciones públicas, las organizaciones comunitarias y quienes ocupan puestos de representación deben estar sometidos al escrutinio ciudadano.

Pero la fiscalización también requiere participación.

Si queremos nuevas caras, debemos abrir espacios y ocuparlos. Si queremos mejores representantes, debemos conocer quiénes aspiran a esos puestos, examinar sus propuestas y participar en los procesos donde se toman decisiones. Si consideramos que una organización comunal necesita renovarse, la respuesta no debería ser abandonarla, sino involucrarnos para transformarla.

La democracia local no comienza ni termina el día de una elección.

Se construye en la asociación de desarrollo, en el comité de seguridad, en la junta de vecinos, en las organizaciones deportivas y culturales y en cada espacio donde una persona decide dedicar parte de su tiempo al bienestar colectivo.

La indiferencia deja espacios vacíos

Cuando la ciudadanía se aleja de estos procesos, alguien termina ocupando esos espacios.

El desinterés facilita que grupos pequeños concentren las decisiones y que las organizaciones pierdan diversidad, renovación y representatividad. Por eso resulta especialmente importante que nuevos vecinos, jóvenes, profesionales, comerciantes, trabajadores y ciudadanos con distintas experiencias se incorporen al trabajo comunitario.

También debemos prestar especial atención durante los periodos electorales.

En esos momentos abundan las visitas, reuniones, fotografías, promesas y acercamientos a las comunidades. Por eso, más allá de banderas o agrupaciones políticas, cada ciudadano debería preguntarse quién ha estado verdaderamente cerca de su comunidad, quién conoce sus problemas y quién ha demostrado capacidad de servicio más allá de una campaña electoral.

La participación ciudadana debe ser permanente y crítica, no circunstancial.

El valor del dirigente comunal

Ser dirigente comunal no debería significar tener privilegios. Significa asumir responsabilidades.

Hay hombres y mujeres que durante años han trabajado prácticamente con las uñas para sacar adelante proyectos en sus barrios. Personas que gestionan mejoras, convocan reuniones, organizan actividades, buscan soluciones y enfrentan obstáculos sin recibir remuneración ni reconocimiento.

Naturalmente, también deben rendir cuentas y aceptar la crítica.

Pero sería injusto colocar en una misma categoría a quien aparece únicamente cuando existe un interés electoral y a quien ha dedicado años de trabajo voluntario a su comunidad.

Goicoechea necesita nuevos liderazgos, pero también necesita valorar la experiencia y el compromiso de quienes han demostrado vocación de servicio.

No importa si esos nuevos liderazgos provienen de agrupaciones tradicionales, emergentes o de organizaciones estrictamente comunales. Lo importante es que la ciudadanía los conozca, examine su trayectoria, escuche sus propuestas y tome sus propias decisiones.

La comunidad se construye participando

Las puertas del trabajo comunal deben permanecer abiertas para todos.

Quien considere que “siempre son los mismos” tiene una extraordinaria oportunidad: convertirse en uno de los nuevos.

Asista a una reunión. Pregunte. Proponga. Fiscalice. Organice. Participe. Y cuando corresponda ejercer el voto, infórmese y hágalo responsablemente.

No deberíamos acordarnos de nuestra comunidad únicamente cuando el problema llega hasta la puerta de nuestra casa.

Una comunidad fuerte se construye mucho antes de la emergencia: cuando los vecinos se conocen, se organizan, colaboran y entienden que el bienestar individual también depende del bienestar colectivo.

Goicoechea necesita ciudadanos dispuestos a involucrarse.

Porque transformar una comunidad no es responsabilidad exclusiva de una municipalidad, de un partido político ni de un dirigente comunal.

Es una responsabilidad compartida.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor y no reflejan necesariamente la línea editorial de La Voz de Goicoechea.

ByByIsaí Jara Sep 22, 2026
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