Comentario
Este versículo nos sitúa en el corazón del misterio que seguimos contemplando después de la Navidad: Dios ama primero y ama con hechos. El apóstol Juan no define el amor con ideas abstractas, sino con un acontecimiento concreto: Dios envió a su Hijo. El amor de Dios se hace visible, cercano y encarnado.
Celebrar el 26 de diciembre a la luz de este texto nos ayuda a comprender que el nacimiento de Jesús no es solo un recuerdo piadoso, sino una manifestación viva del amor divino que transforma la historia y la vida personal. Dios no se quedó distante ante la fragilidad humana; entró en el mundo para darnos vida, esperanza y sentido.










