
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Heidi Venegas).- La definición de democracia que más me gusta es la de Friedrich Hayek: la democracia es un proceso de formación de la opinión pública. El costarricense despertó. Hay un despertar sin duda. Y una transformación no sólo generacional, sino: comunicacional. Cultural, política, muy profunda. En el que la comunicación en la opinión pública es fundamental.
El electorado habló. El soberano se pronunció. Bastante contundente. Lo es contundente, para presidente. Lo es contundente, para la Asamblea Legislativa. Pasar de ocho diputados a 31: una de las más altas fracciones de la historia electoral de Costa Rica desde el 48 sin ninguna duda.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por María Lucía Arias, columnista).- La derrota opositora de 2026 no fue un accidente ni una “mala noche electoral”. Fue una radiografía. Y lo que esa radiografía muestra incómoda porque apunta a una causa más profunda que el candidato de turno o el clima del momento: la oposición costarricense se presentó a estas elecciones sin una razón clara para existir como bloque político y, peor aún, sin una teoría mínima de cómo se gana una elección en 2026. En un país con una crisis de seguridad que domina el ánimo público, con hartazgo contra “los de siempre” y con un oficialismo que aprendió a convertir la política en un plebiscito emocional sobre orden y ruptura, la oposición llegó dividida, tibia y con marcas partidarias que ya activan anticuerpos antes de que el candidato abra la boca.