
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- El sabio rey Salomón, en su enseñanza sobre el camino de la sabiduría, nos da hoy una instrucción clara y directa: cuidar con esmero lo que sale de nuestra boca. La palabras “aleja” y “aparta” nos hablan de una decisión deliberada, de una acción voluntaria: no basta con dejar de decir cosas malas, hay que alejarnos activamente de ellas, mantenerlas lejos de nuestros labios.
La “perversidad” y las “palabras corruptas” se refieren a todo lenguaje que deforma la verdad, que lastima, que engaña, que corrompe o que promueve maldad: mentiras, calumnias, doblez, palabras llenas de odio o de engaño. Así como un cuerpo sano rechaza lo que lo daña, la persona sabia rechaza de su boca toda palabra que destruya, que hiera o que aleje a los demás de lo bueno y de lo justo.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- En este pasaje, Jesús nos enseña una norma de vida esencial: la absoluta integridad en nuestra palabra y en nuestros compromisos. En el contexto de su época, era común recurrir a juramentos largos, invocando el cielo, la tierra o el templo, para intentar dar veracidad a lo que se decía, como si la palabra por sí sola no tuviera valor. Cristo corrige esa costumbre diciendo: no necesitamos añadir nada más para que lo que decimos sea creíble.
Nuestra palabra debe ser tan firme, tan honesta, que cuando decimos «sí», sea un compromiso irrevocable, sincero y cumplido; y cuando decimos «no», sea claro y definitivo, sin ambigüedades, sin rodeos ni dobleces. Cualquier exceso, cualquier evasiva o cualquier palabra manipuladora para confundir o engañar, procede del mal, porque rompe la confianza y deshonra a Dios, que es la verdad.