
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- El apóstol Pablo nos entrega aquí una enseñanza profundamente práctica sobre una de las emociones más comunes y difíciles de gestionar: el enojo. Y lo hace con tres instrucciones claras:
“Airaos, pero no pequéis”
El apóstol no condena el enojo en sí mismo. Sentir indignación ante una injusticia, un daño o una falta no es pecado; incluso el Señor mismo se enojó ante la maldad. Lo que se prohíbe es que ese enojo se convierta en pecado: que nos lleve a insultar, vengarnos, hablar mal, guardar rencor o actuar con crueldad. El enojo es emoción legítima; peca cuando deja de ser reacción justa y se convierte en actitud destructiva.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- El sabio rey Salomón, en su enseñanza sobre el camino de la sabiduría, nos da hoy una instrucción clara y directa: cuidar con esmero lo que sale de nuestra boca. La palabras “aleja” y “aparta” nos hablan de una decisión deliberada, de una acción voluntaria: no basta con dejar de decir cosas malas, hay que alejarnos activamente de ellas, mantenerlas lejos de nuestros labios.
La “perversidad” y las “palabras corruptas” se refieren a todo lenguaje que deforma la verdad, que lastima, que engaña, que corrompe o que promueve maldad: mentiras, calumnias, doblez, palabras llenas de odio o de engaño. Así como un cuerpo sano rechaza lo que lo daña, la persona sabia rechaza de su boca toda palabra que destruya, que hiera o que aleje a los demás de lo bueno y de lo justo.