Si queremos cambio real, el cantón debe ser tomado en cuenta

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Luis Carlos Araya Monge).- En Costa Rica nos bajamos de un caballo e inmediatamente nos subimos al otro. A dos años de la elección municipal, ya empezamos a ver, observar y oír aspirantes a alcaldes por doquier. Esa es una de las razones por las que se han ido acabando los grandes proyectos de algunos cantones, afectando al país: no hay tiempo de pensar. Solo de aspirar, de contar y calcular cuánto es el salario, en algunos casos.
Cuando hoy se habla de hacer un cambio en nuestra institucionalidad, ojalá que entre los planes estén las municipalidades. Esto requiere también una gran reforma. Hay que equilibrar las posibilidades y acortar la brecha entre los cantones pequeños y la monstruosidad de recursos que manejan los grandes, que además jalan mayor inversión del poder central. Su fuerza electoral atrae más la atención política, por razones obvias.
Hay que eliminar, con claridad legal, la costumbre que vemos en los Concejos Municipales de querer cogobernar, disputándole a los alcaldes su responsabilidad como autoridad electa. Un alcalde sin poder de gobernabilidad es un cantón paralizado.
Por otro lado, debemos buscar la forma de elevar el nivel y la capacidad de los regidores, síndicos y por supuesto también de los alcaldes. No puede ser que el desarrollo de un cantón quede en manos de personas sin preparación mínima para aprobar un presupuesto, leer un plan regulador o fiscalizar una licitación millonaria. El cantón no es una escuela de aprendizaje. Es el primer contacto del ciudadano con el Estado.
La Tercera República se le va a dificultar construirla desde Zapote, si los cimientos cantonales están dañados. Un municipio sin un buen alcalde que sepa ejecutar, con un Concejo de regidores que llegan a aprender y a bloquear, dirigidos a distancia por políticos mañosos, es fatal para una comunidad.
-Si de verdad queremos transformación institucional, la reforma municipal es urgente-.
Una municipalidad pobre, no puede tener un alcalde con salario de rico. El sueldo del jerarca debe estar amarrado de alguna manera, a metas de obra pública y desarrollo cantonal. Por supuesto al presupuesto de cada municipio, no al simple hecho de llegar. -El que no ejecuta, que no pretenda salarios millonarios-.
Puede sonar a sueño, pero algo hay que hacer: Así como a un médico se le exige título, a un regidor que va a aprobar ¢10.000 millones o hasta menos de presupuesto, se le debería pedir que sepa leer un estado financiero, al menos, capacitarlo. Eso no es discriminación. ¡Es responsabilidad!
-El que gobierna es el alcalde. El Concejo fiscaliza, no coadministra-.
“No puede ser que Escazú nade en millones mientras Turrubares no tiene para arreglar un puente”. Si hablamos de cerrar brechas, empecemos por equiparar la capacidad de gestión de los 84 cantones.
Basta de usar la municipalidad como trampolín político o como agencia de empleo. El cantón es donde vivimos, donde están nuestras calles rotas, donde falta el agua y donde se inunda el barrio. Si no arreglamos la acera de la casa, no pretendamos arreglar el país.
La reforma del Estado sin reforma municipal se nos podría convertir en maquillaje. El ciudadano ya no vota por colores. Recordemos que los resultados, o la falta de ellos, se ven primero en el cantón.
Hay un decir: “Debemos dejar de pensar en la próxima elección y empezar a preocuparnos en la próxima generación”. Costa Rica no debe permitir más alcaldes improvisados ni Concejos Municipales con poca capacidad y experiencia. O cambiamos el municipio, o el municipio nos termina de cambiar a nosotros… para peor.
Por supuesto estas son reflexiones y propuestas que no caen como crítica a muchos cantones, alcaldes y regidores, que administran muy bien su comunidad. Pero creo que, si queremos un estado eficiente y responsable, debiéramos intervenir con urgencia todo lo que no anda bien.