LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, comunicador).- Había una vez un cantón lleno de gente trabajadora, al que todos llamaban cariñosamente Caperucita. Era un lugar noble, siempre llevando en su canasta las esperanzas, los sueños y la confianza de su pueblo. Cada cuatro años, Caperucita caminaba por el bosque electoral para llevarle su voto a quien creyera que podía cuidarla y hacerla crecer.
Pero en esos mismos bosques vivía un lobo viejo, experto en disfrazarse.
No era un lobo cualquiera: sabía cambiar su piel según le conviniera. A veces aparecía como un defensor de la comunidad, otras como un salvador milagroso de última hora, y otras como un emprendedor moderno que todo lo arreglaba con promesas.



















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