Venezuela: entre la transición posible y el poder que no cede

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Johnny Soto Zúñiga, abogado y columnista).– La profunda crisis que atraviesa Venezuela abre, al menos en el plano teórico, la posibilidad de un proceso de transición sostenida hacia la democracia. Sin embargo, esa eventual salida depende de un factor clave que hasta ahora no ha mostrado señales claras de cambio: la estructura militar que sostiene al régimen.

Hoy, el poder real en Venezuela no solo se ejerce desde las instituciones formales, sino desde el control del miedo y la opresión. Las Fuerzas Armadas y los grupos afines al oficialismo han acumulado privilegios durante años, y resulta poco realista pensar que renunciarán a ellos de manera fácil o voluntaria. Un giro completo —un cambio profundo en su lealtad y en su visión de país— sería indispensable para desmontar el actual modelo autoritario.

Por otro lado, la oposición venezolana enfrenta serias limitaciones. Liderazgos como los de Edmundo González, María Corina Machado y otros referentes políticos se encuentran fuera del país o severamente restringidos en su accionar interno. Esta situación les resta capacidad operativa y lo que comúnmente se conoce como “músculo político” para desplazar, en el corto plazo, a las autoridades que controlan gobernaciones, alcaldías e instituciones clave del Estado.

A ello se suma la existencia de colectivos y estructuras civiles y políticas que han sido adoctrinadas durante más de 25 años. Se trata de un número significativo de personas que detentan poder formal y territorial, y que difícilmente aceptarán perderlo sin resistencia. Este entramado hace que cualquier intento de cambio sea complejo y potencialmente conflictivo.

En este contexto, la presión internacional adquiere un peso determinante. El rol de Estados Unidos y de otros países de la comunidad internacional podría influir en la apertura de espacios para una negociación real o para condiciones que permitan una transición política. No obstante, la experiencia demuestra que la presión externa, por sí sola, no garantiza resultados si no existe voluntad interna de cambio.

En política, es indispensable analizar todos los escenarios posibles. La crisis venezolana tendrá consecuencias inevitables, y el mayor deseo es que estas sean positivas para su pueblo, que ha sufrido durante años el deterioro económico, social e institucional. Ojalá Venezuela pueda retomar un camino de desarrollo, estabilidad y paz.

La incertidumbre persiste: no está claro si se convocarán nuevas elecciones verdaderamente libres y transparentes en el corto plazo, o si el país deberá atravesar un proceso largo y complejo de transición política. Lo que sí es evidente es que el futuro de Venezuela dependerá de decisiones difíciles, tanto dentro como fuera de sus fronteras, y de la capacidad de sus actores para anteponer el bienestar colectivo sobre los intereses de poder.

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