OPINIÓN: La adicción al poder: cuando no se cura, solo se transforma
Hay frases que incomodan porque revelan verdades que muchos prefieren no mirar de frente. Una de ellas dice: una adicción nunca se cura, solo se transforma.
En política, esta idea resulta inquietantemente precisa.
Cuando una sociedad no enfrenta sus vicios institucionales, estos no desaparecen. Cambian de nombre, de forma y de discurso. Lo que ayer fue corrupción abierta hoy se llama “error administrativo”. Lo que antes era autoritarismo, ahora se disfraza de “decisión técnica”. El fondo es el mismo: el poder sin control siempre encuentra la manera de justificarse.


