LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- Hubo un momento en que el Partido Liberal Progresista parecía promesa. Parecía aire nuevo. Parecía ese partido que iba a entrar a la Asamblea con ideas frescas, con propuestas concretas, con una agenda clara, con una noción moderna de país. Parecía. Porque la realidad terminó siendo otra: el PLP se fue deshaciendo en el camino. Y lo doloroso no es que se redujo en número. Lo doloroso es cómo se redujo.
No fue por una batalla ideológica, ni por defender principios, ni por sostener un proyecto. No fue un costo de ser firme. Fue desgaste. Desgaste interno, desgaste de identidad, desgaste de propósito. El PLP se fue volviendo un partido que dependía más de una figura que de una visión, más de una voz que de una fracción, más de una presencia mediática que de una estructura política.










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