LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Luis Carlos Araya Monge, columnista).- Se ve muy mal esa mezcla en la “manifestación” de la Corte. Magistrados y jueces revueltos con partidos de oposición. Los más notorios: el PLN y el FA. La presencia de don Álvaro Ramos y del diputado Villalta fue incluso más visible que la del propio presidente de la Corte.
Es preocupante. Para muchos se terminó de confirmar la politización de la Corte.
Pero lo más grave es ver cómo el PLN y su aliado más cercano, el FA, salen en bloque a defenderla. Una presencia muy notoria en prensa, en micrófonos y en las calles.
¿Qué es lo que defienden? Defienden el desorden. Defienden el incumplimiento del mandato constitucional de brindar justicia pronta y cumplida.
Ahora también defienden el desempeño infinito de los magistrados, hasta que la muerte llegue. Eso tampoco le conviene al país. En la Corte no existen el relevo ni la renovación.
Ese atraso no le hace daño a un gobierno. Le hace daño al ciudadano que lleva años esperando una respuesta.
Costa Rica necesita una Corte renovada, con límites, eficiente y al servicio del pueblo. No una Corte al servicio de los partidos.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Gerardo A. Pérez Obando (Gapo), columnista).- Mucho antes de que los escenarios lo proclamaran “El Bárbaro del Ritmo”, antes de que las multitudes lo siguieran de país en país, y antes de que su nombre quedara grabado para siempre en la historia de la música latinoamericana, Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez era simplemente un niño nacido en un pequeño poblado del centro de Cuba.
Santa Isabel de las Lajas, en la entonces provincia de Las Villas, no figuraba en los mapas musicales del continente. Era una comunidad agrícola rodeada de cañaverales, donde el canto acompañaba las jornadas de trabajo y donde la música se transmitía de generación en generación como parte natural de la vida cotidiana.
Allí nació Benny Moré el 24 de agosto de 1919. Su familia era humilde y numerosa. Como muchos niños cubanos de la época, conoció desde temprano las exigencias del trabajo y las limitaciones económicas, sin embargo, también creció rodeado de una riqueza que ninguna crisis podía arrebatar: la tradición musical popular cubana.
Los sones, las guarachas, las décimas campesinas y los cantos afrocubanos formaban parte del paisaje sonoro de la región. Aquella mezcla cultural marcaría profundamente su sensibilidad artística. Benny escuchaba, observaba y aprendía. No había conservatorios ni maestros famosos. Su escuela fue el pueblo.
Desde muy joven mostró una extraordinaria capacidad para reproducir melodías y una voz que destacaba por su naturalidad. No imitaba a otros cantantes. Cantaba como hablaba la gente de su tierra, con una musicalidad espontánea que parecía surgir de manera inevitable.
La vida rural cubana de las primeras décadas del siglo XX estaba llena de dificultades, pero también de encuentros musicales. En fiestas familiares, celebraciones populares y reuniones improvisadas, los músicos aficionados compartían canciones que llegaban a todos los rincones del país. Fue en ese ambiente donde Benny comenzó a desarrollar una intuición artística poco común.
No tardó en descubrir que el mundo era mucho más grande que Santa Isabel de las Lajas. La radio empezaba a llevar nuevas voces a los hogares cubanos. Desde La Habana llegaban noticias de orquestas, teatros y emisoras que ofrecían oportunidades a quienes poseían talento y perseverancia y como tantos jóvenes de su generación, sintió la llamada de la capital.
La Habana vivía entonces una auténtica efervescencia cultural. Los cabarés brillaban cada noche, las emisoras transmitían música en vivo y las orquestas competían por conquistar al público. La ciudad se había convertido en el corazón artístico del Caribe.
Para Benny, aquel universo representaba una promesa y un desafío. No poseía formación académica ni influencias poderosas. Lo acompañaban únicamente su voz, su carisma natural y una determinación que crecería con los años.
Los primeros pasos estuvieron lejos de la gloria. Hubo dificultades, rechazos y largas jornadas buscando oportunidades, pero cada experiencia fortalecía a quien con el tiempo sería reconocido como uno de los intérpretes más completos de la música popular cubana.
Lo extraordinario de Benny Moré no fue únicamente su capacidad vocal. Fue su habilidad para absorber la esencia de múltiples géneros y devolverlos transformados por una personalidad artística absolutamente única. Podía cantar un bolero con delicadeza, afrontar un son con autenticidad o interpretar una guaracha con una energía contagiosa.
Aún faltaban varios años para que el destino lo cruzara con figuras fundamentales de la música cubana y mexicana. Aún no había llegado el encuentro decisivo con Dámaso Pérez Prado, ni las grabaciones que lo convertirían en una estrella internacional, pero el camino ya había comenzado.
En algún lugar entre los cañaverales de Santa Isabel de las Lajas y las luces de La Habana estaba naciendo una de las voces más extraordinarias que ha dado América Latina.
Y aquella voz, con el tiempo, terminaría conquistando al mundo.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- El apóstol Pablo nos entrega aquí una enseñanza profundamente práctica sobre una de las emociones más comunes y difíciles de gestionar: el enojo. Y lo hace con tres instrucciones claras:
“Airaos, pero no pequéis”
El apóstol no condena el enojo en sí mismo. Sentir indignación ante una injusticia, un daño o una falta no es pecado; incluso el Señor mismo se enojó ante la maldad. Lo que se prohíbe es que ese enojo se convierta en pecado: que nos lleve a insultar, vengarnos, hablar mal, guardar rencor o actuar con crueldad. El enojo es emoción legítima; peca cuando deja de ser reacción justa y se convierte en actitud destructiva.
“No se ponga el sol sobre vuestro enojo”
No se trata de una regla estricta según el horario. Es una invitación a resolver los conflictos con prontitud. No dejes que el enojo se acumule, se alargue, se vuelva amargura o resentimiento. Lo que hoy es molestia, si no se trata, mañana se convierte en rencor que corroe el corazón y destruye relaciones. Reconcíliate, perdona o habla antes de dormir; no cargues con el peso del enojo un día más.
“Ni deis lugar al diablo”
El enojo no resuelto es una puerta abierta al enemigo. Cuando guardamos rencor, amargura o deseos de venganza, le damos espacio a Satanás para sembrar división, mentira y destrucción entre nosotros. El enojo que perdura nunca produce justicia; produce alejamiento, dolor y pecado. Mantener la ira es, en definitiva, darle ventaja al mal en nuestra vida.
Reflexión para hoy
Dios no nos pide que nunca nos sintamos molestos o indignados, sino que no permitamos que ese sentimiento nos controle, nos endurezca o nos lleve a hacer daño. El enojo debe ser como una chispa que ilumina lo que está mal, no como un incendio que lo destruye todo.
¿Hay algo o alguien que te ha causado enojo hoy? No lo guardes. Habla con calma, perdona, pon límites con amor y entrégalo a Dios antes de que el día termine. Así cerrarás la puerta al mal y mantendrás tu corazón en paz.
Señor, enséñame a enojarme sin pecar, a resolver pronto mis diferencias y a no dar lugar al rencor ni al enemigo. Que mi corazón permanezca en tu paz. Amén.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- El sabio rey Salomón, en su enseñanza sobre el camino de la sabiduría, nos da hoy una instrucción clara y directa: cuidar con esmero lo que sale de nuestra boca. La palabras “aleja” y “aparta” nos hablan de una decisión deliberada, de una acción voluntaria: no basta con dejar de decir cosas malas, hay que alejarnos activamente de ellas, mantenerlas lejos de nuestros labios.
La “perversidad” y las “palabras corruptas” se refieren a todo lenguaje que deforma la verdad, que lastima, que engaña, que corrompe o que promueve maldad: mentiras, calumnias, doblez, palabras llenas de odio o de engaño. Así como un cuerpo sano rechaza lo que lo daña, la persona sabia rechaza de su boca toda palabra que destruya, que hiera o que aleje a los demás de lo bueno y de lo justo.
Reflexión
La boca es espejo del corazón. Jesús mismo nos recordó que “lo que sale de la boca, del corazón sale” (Mateo 15:18). Por eso, cuidar nuestras palabras es también cuidar lo que guardamos en el interior: si nuestros pensamientos se llenan de verdad, bondad y rectitud, nuestras palabras reflejarán eso.
El texto nos enseña que hablar bien es una decisión: nadie nos obliga a decir palabras corruptas; nosotros tenemos la llave. Cada día, al abrir la boca, elegimos: ¿hablamos para bendecir o para dañar? ¿Decimos la verdad o nos acomodamos a la mentira? ¿Nuestras palabras construyen o destruyen?
Aplicación y oración breve
Señor, hoy te pido que pongas guardia a mi boca y custodia a mis labios. Ayúdame a rechazar toda palabra falsa, hiriente o engañosa. Que de mi boca salga siempre verdad, respeto y bondad, para que mis palabras agraden a ti y sirvan para bendecir a quienes me rodean. Amén.