Cuando el lobo no es disfraz: identidad, símbolos y el fenómeno Therian

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Por años entendimos a los animales como símbolos externos

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouffak, columnista).- El burro y el elefante en Estados Unidos dejaron de ser simples caricaturas del siglo XIX para convertirse en identidad partidaria. En Costa Rica, los jaguares, los Chucuyos, o cualquier otra figura animal evocan fuerza, carácter, pertenencia.

Los animales siempre han representado algo más grande que ellos mismos.

Lo nuevo no es que simbolicen poder político.

Lo nuevo es que ahora simbolizan identidad personal.

En redes sociales ha crecido el fenómeno de los llamados *Therians*: jóvenes —principalmente adolescentes— que expresan identificarse profundamente con un animal específico. No se trata únicamente de usar orejas de lobo o cola de zorro como accesorio estético. Para muchos, es una vivencia interna, psicológica o incluso espiritual.

Algunos dicen sentirse “más auténticos” cuando se reconocen como parte de esa especie. Otros describen una conexión emocional intensa, como si el animal representara su verdadera esencia.

Y aquí es donde debemos hacer una pausa.

Porque ridiculizar es fácil.

Analizar es más difícil.

La adolescencia siempre ha sido territorio de exploración identitaria. El psicólogo Erik Erikson la definía como la etapa del “¿Quién soy?”. Esa pregunta no es nueva. Lo que sí es nuevo es el escenario donde se formula: redes sociales, comunidades virtuales, algoritmos que refuerzan pertenencias y amplifican narrativas.

Vivimos en un contexto donde:

Muchas familias están fragmentadas.

Las figuras adultas están ausentes o sobrecargadas.

La validación social se mide en “likes”.

La ansiedad y la depresión juvenil muestran cifras crecientes.

En ese entorno, no resulta extraño que algunos jóvenes busquen símbolos fuertes para sostener su identidad.

El lobo representa independencia.

El gato, autonomía.

El cuervo, inteligencia.

El jaguar, poder silencioso.

A veces el animal no es el tema.

El tema es lo que simboliza.

¿Estamos frente a vacío emocional o a expresión creativa?

La respuesta no puede ser simplista

No todo fenómeno emergente es patológico. La humanidad siempre ha construido identidades a partir de metáforas, tribus urbanas, íconos culturales. Antes fueron los punks, los metaleros, los gamers, los fandoms. Hoy pueden ser identidades animales.

Pero tampoco todo fenómeno es inocente

Cuando un adolescente se identifica como lobo, conviene preguntarse:

¿Está jugando con símbolos?

¿Está buscando comunidad?

¿Está expresando una sensación de no pertenecer al mundo humano?

¿Está protegiéndose de una herida emocional?

Desde la psicología sabemos que cuando el entorno no ofrece un espejo claro de identidad, el joven lo busca en otros lugares. Y hoy internet es ese lugar.

Las comunidades Therian ofrecen algo profundamente humano: pertenencia.

Y la pertenencia, cuando escasea en casa o en la escuela, se vuelve urgente.

El riesgo no es el disfraz.

El problema no son las orejas de lobo.

El riesgo sería que detrás de ellas haya:

Soledad.

Desconexión familiar.

Sensación de no ser suficiente.

Dificultad para integrar una identidad sólida y coherente.

Cuando un joven necesita convertirse en símbolo para sentirse visto, la pregunta no debería ser “¿qué le pasa?”, sino “¿qué le está faltando?”.

Como comunidad, el reto no es burlarnos ni alarmarnos de inmediato. Es escuchar. Acompañar. Comprender que la identidad juvenil siempre ha sido un territorio en construcción.

Una pregunta incómoda queda flotando:

Si cada vez más jóvenes buscan identidad en el reino animal…

¿será que el mundo adulto les está ofreciendo pocas razones para sentirse humanos seguros?

Cuando un adolescente dice que es lobo, tal vez no está hablando de colmillos.

Tal vez está hablando de soledad.

Y eso, en cualquier comunidad —también en Goicoechea— sí debería importarnos.

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