LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Luis Carlos Araya Monge, columnista).- Ayer, el presidente Chaves nos sorprendió en positivo con sus declaraciones ante las cámaras, llenas de esperanza y apertura al diálogo para abordar los temas urgentes de seguridad. Interpretando con mucha inteligencia, lo que le dicta su conciencia y el sentir de preocupación de todos nosotros, los ciudadanos.
Es claro que el presidente ha entendido que la seguridad es un tema prioritario para el país y que es necesario trabajar en conjunto con todos los sectores para encontrar soluciones efectivas. Su llamado al diálogo y a la colaboración es un paso importante hacia la construcción de un país más seguro y en paz.
Ahora sí, es momento de trabajar para aprobar la legislación necesaria en la Asamblea Legislativa, sin interferencias y con la colaboración de todos los partidos políticos. Ya la presidente electa, doña Laura Fernández, ha reiterado su compromiso con la recomposición institucional, lo que refleja el mandato claro de los ciudadanos en las urnas electorales.
El presidente Chaves se ha echado encima a una serie de desafíos y resistencias, pero es importante reconocer su esfuerzo por modernizar las instituciones públicas, eliminar la corrupción y mejorar la seguridad. La realidad es que el sistema de justicia en Costa Rica necesita una reforma profunda, y es hora de que todos los involucrados trabajen por el bien del país. De lo contrario seguiremos en un estado fallido, para enfrentar el crimen, el narco tráfico y la inseguridad que nos acosa.
Es importante recordar que el mandato del pueblo es claro con la propuesta del presidente Chaves: cambio en las instituciones públicas y mejora de la seguridad. Es hora de que los costarricenses exijamos a nuestros líderes que trabajen por el bien del país, que dejen de lado sus intereses personales y que se comprometan con la transparencia y la rendición de cuentas.
¿Será solo un sueño trabajar juntos para hacer de Costa Rica un país mejor para todos?
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por José Antonio Tabora, coach de vida).- A veces el alma se estanca no por falta de fe, sino por exceso de la misma rutina. El mismo cuarto, las mismas calles, los mismos pensamientos dando vueltas. El cuerpo te pide “aire nuevo” y el espíritu te grita “renuévate”.
BIBLIA Y AIRES NUEVOS:
Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”.
Pablo no dijo “aguanta hasta que Dios te cambie”. Dijo “transformaos”. La renovación de la mente empieza con acción. Un paso. Un cambio de escenario.
Eclesiastés 3:1: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Hay temporadas para sembrar, y temporadas para cosechar. Hay temporadas para resistir, y temporadas para moverte.
3 RAZONES POR LAS QUE “NUEVOS AIRES” SANAN:
1. Rompen patrones mentales: El cerebro se programa con rutas. Misma casa = mismos pensamientos. Cambias de lugar y el cerebro dice “ah, aquí hay algo nuevo que procesar”. Se activa. Se despierta.
2. Te recuerdan quién eres fuera del problema: Cuando solo estás en el lugar del dolor, crees que tú ERES el problema. Sales, respiras, y te das cuenta: “Yo soy más que esta situación”.
3. Te conectan con propósito: Abraham tuvo que salir de Ur. Moisés del palacio. Elías al desierto. Jesús al monte. Dios habla diferente cuando cambias de aire. A veces la respuesta a tu oración no es un milagro… es un pasaje de bus.
DE LA REFLEXIÓN A LA ACCIÓN – 3 “NUEVOS AIRES” QUE NO CUESTAN MILLONES:
1. Aire físico: Sal de tu zona. Camina 20 min en un parque nuevo. Siéntate en la playa de Puntarenas. Ve a San Gerardo de Dota. El cerebro se resetea con naturaleza. Salmos 23:2 “En lugares de delicados pastos me hará descansar”.
2. Aire mental: Renueva lo que lees, lo que escuchas, con quién hablas. Deja de alimentar la mente con noticias de miedo y chismes. Mete Palabra, podcast que te edifique, música que te levante.
3. Aire espiritual: Cambia tu rutina de oración. Si siempre oras en la cama, arrodíllate en el piso. Si siempre clamas, hoy adora. Si siempre pides, hoy da gracias. Nuevo lugar + nueva actitud = nueva revelación.
CUIDADO:
Nuevo aire no es huir del problema. Es sanar para enfrentarlo con fuerzas nuevas. No es geografía, es transformación. Puedes irte a Europa y llevar tu mente vieja. Primero renueva la mente, después el mapa.
DECLARACIÓN PROFÉTICA:
Declaro que se abre una ventana nueva en tu vida.
Se acabó el encierro mental. Se acabó el estancamiento.
Dios te está llevando a “aire nuevo”, a tiempos nuevos, a estaciones nuevas.
Porque lo que te estancó ya no te define. Y lo que viene te va a renovar.
¿Y tú qué “aire nuevo” necesitas hoy? ¿Un viaje, un cambio de hábito, una conversación diferente, un perdón que libere? Cuéntame, que aquí te leo.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Greggory Gordon Cruickshank, columnista).- Las campañas de recolección de residuos no tradicionales son una herramienta importante para mantener limpias nuestras comunidades y proteger la salud pública. Sin embargo, estas iniciativas no pueden limitarse únicamente a recoger desechos de manera permanente. Deben convertirse también en una oportunidad para educar y promover hábitos responsables en la ciudadanía.
El reto es pasar de una cultura donde todo se entrega mezclado a una cultura donde cada persona asuma la responsabilidad de clasificar sus residuos antes de desecharlos. Para lograrlo, la municipalidad podría organizar las rutas de recolección por categorías específicas. Por ejemplo, destinar un día para metales, otro para muebles y madera, otro para electrodomésticos, uno para plásticos y otro para residuos de jardinería como hojas, zacate y ramas.
Este modelo permitiría una mejor organización y facilitaría el reciclaje y la valorización de los materiales recolectados. Además, debería estar acompañado por una campaña educativa permanente que informe claramente a los vecinos qué materiales corresponden a cada ruta y cómo prepararlos para su recolección.
Cuando todos los residuos se recogen mezclados, se desperdicia una valiosa oportunidad para recuperar materiales que podrían reutilizarse o reciclarse. La separación desde el hogar ayudaría a reducir considerablemente el volumen de residuos que terminan como desecho y permitiría aprovechar mejor los recursos disponibles.
Otro aspecto que requiere atención son los botaderos clandestinos de escombros y residuos de construcción. Una alternativa sería que, al otorgar un permiso de construcción, la municipalidad solicite un plan de manejo de estos materiales o, en su defecto, ofrezca un servicio regulado de recolección y disposición final. De esta forma se reduciría la acumulación de desechos en lotes baldíos, calles y cauces de ríos, además de garantizar una gestión más ordenada y transparente.
Mantener limpio nuestro cantón no depende únicamente del trabajo municipal. La verdadera diferencia la marca el compromiso de cada ciudadano con la correcta disposición de sus residuos. Si queremos comunidades más limpias, ordenadas y sostenibles, debemos avanzar hacia un modelo basado en la educación, la clasificación y la responsabilidad compartida.
La recolección de residuos no tradicionales debe ser mucho más que un servicio de limpieza. Debe convertirse en una herramienta para enseñar, reciclar y construir una verdadera cultura ambiental.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Gerardo A. Pérez Obando, columnista). – Cuando el bolero empieza a dejar de ser voz de uno para volverse lenguaje entre muchos, no lo hace de golpe ni ruptura. Ocurre en una continuidad silenciosa, casi imperceptible como sucede con todo aquello que tiene raíz verdadera. Los nombres empiezan a aparecer, no como novedades que alteran, sino como presencias que confirman. Entre ellos Manuel Corona, que no se distingue por apartarse, sino por profundizar. Sindo lo afirmó, Corona lo estabiliza. En él, el bolero no cambia de rumbo, solo adquiere una forma más definida, como si aquello que venía siendo intuición comenzara a encontrar una manera más clara de sostenerse en el tiempo. El bolero comienza a afirmarse.
No estamos ante una transformación externa, ni ante una voluntad de innovación. Lo que ocurre es más sutil. Aquello que en Pepe Sánchez fue aparición y en Sindo Garay conciencia, se encuentra en Corona una forma más definida de sostenerse. El bolero, sin dejar de ser íntimo, empieza a adquirir una claridad que le permite permanecer. Ya no depende únicamente del instante en que es dicho; empieza a insinuar la posibilidad de ser recordado sin perder su verdad. Ese es el paso decisivo. Manuel Corona no irrumpe para modificar el bolero, sino para darle una estabilidad que hasta entonces apenas se insinuaba. Su manera de decir no añade complejidad, pero sí precisión. Hay en su expresión una elegancia contenida, como si comprendiera que el exceso debilita lo que nace para ser esencial. No recarga la palabra ni la dispersa. La sostiene, y hacerlo permite que el bolero comience a reconocerse también como forma, no como estructura rígida, sino como una manera que puede repetirse sin convertirse en fórmula vacía.
En esta etapa, el bolero empieza a desplazarse con mayor naturalidad hacia espacios más definidos. La serenata sigue siendo su territorio, pero ya no es únicamente el acto espontáneo de quien dice lo que siente. Aparece una conciencia mayor del canto, una forma más cuidada de decir, sin que por ello se pierda la cercanía. La ciudad, lentamente, empieza a insinuarse en él. No como escenario dominante, sino como horizonte. La obra de Manuel Corona recoge ese momento.
En piezas como Longina, no encontramos una ruptura con lo anterior, sino una depuración. La emoción permanece, pero se expresa con una claridad que la hace perdurable. No se trata de decir más, sino de decir mejor. La palabra no se agota en el instante; se proyecta, y en esa proyección, el bolero comienza a entrar en una dimensión distinta: la de aquello que puede volver a ser dicho por otros sin perder su fuerza original. Ese es el signo de su consolidación.
Lo que en Sindo Garay se afirmaba como conciencia del bolero, comprensión profunda de su sentido, en Corona empieza a adquirir permanencia. No fija una forma definitiva, ni cierra posibilidades. Más bien abre un camino en el que la repetición no empobrece, sino que sostiene. El bolero puede volver a decirse, y al hacerlo, sigue siendo verdadero. Ahí reside su valor, no se convierte en esquema ni en técnica, se mantiene como forma viva, pero ahora con una consistencia que permite su continuidad, ya no depende exclusivamente de quien lo dice por primera vez, pertenece, cada vez más, a quienes lo reconocen y lo asumen. Manuel Corona no transforma el bolero: lo afirma, le da una estabilidad que no lo endurece y una forma que no lo encierra. Gracias a ello, el bolero comienza a adquirir una presencia más clara en la memoria colectiva, puede ser aprendido, repetido, compartido. Empieza a circular no solo como emoción inmediata, sino como expresión que perdura, y en esa posibilidad de permanecer sin perder su esencia, el bolero da un paso silencioso pero decisivo: comienza, sin proponérselo, a volverse tradición. Sin embargo, en esa consolidación que Manuel Corona aporta, empieza a insinuarse otra dimensión aún no del todo visible, la de una sensibilidad distinta que no modifica el bolero, pero lo matiza desde otro lugar.
Hasta ahora, ha sido una voz predominantemente masculina la que lo enuncia y lo sostiene, pero el bolero, que ya se reconoce como lenguaje compartido, no podía permanecer ajeno a otras formas de sentir y en ese momento, casi sin ruptura y con la misma naturalidad con que todo en el bolero acontece, cuando aparece María Teresa Vera, no como excepción, sino como presencia necesaria. En ella, el bolero no cambia de esencia, pero adquiere un tono diferente, una interioridad que lo amplía sin desfigurarlo. Lo que hasta entonces había sido dicho desde una orilla, comienza a revelarse también desde la otra. Y en ese gesto, silencioso pero decisivo, el bolero se reconoce más completo.
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