
Comentario:
Este versículo marca un punto de transición clave en la historia de la fe. Jesús recuerda que con Juan el Bautista se cierra una etapa —la de la Ley y los Profetas— y se abre otra profundamente transformadora: la proclamación del Reino de Dios. Ya no se trata solo de cumplir normas, sino de acoger una nueva forma de vivir, centrada en la conversión del corazón, la justicia y la misericordia.
El llamado es exigente: el Reino no se recibe de manera pasiva. “Esforzarse por entrar” implica decisión, compromiso y un cambio real de vida. Cada día somos invitados a optar por el bien, a dejar atrás lo que nos aleja de Dios y a construir relaciones más humanas y solidarias.
Comentario
Las palabras de Juan el Bautista resuenan hoy con una fuerza especial en medio de nuestra vida cotidiana. Arrepentirse no significa vivir anclados en la culpa, sino atrevernos a cambiar de rumbo, a revisar nuestras actitudes y a abrir el corazón a una manera nueva de vivir. Es una invitación a dejar atrás aquello que nos aleja de Dios y de los demás: la indiferencia, el egoísmo o la falta de compromiso con nuestra comunidad.
Cuando Jesús nos recuerda que el Reino de los cielos está cerca, nos habla de una esperanza concreta y presente. Ese Reino se construye aquí y ahora, en los pequeños gestos de justicia, solidaridad y amor al prójimo. En un cantón como Goicoechea, este llamado se vuelve acción cuando tendemos la mano al vecino, escuchamos al que sufre y trabajamos juntos por una sociedad más humana y fraterna. Hoy es un buen día para comenzar de nuevo y hacer visible, con nuestras obras, que el Reino de Dios ya está entre nosotros.