Residuos en Goicoechea: la ley existe, la responsabilidad también

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- En Goicoechea, el problema de los residuos sólidos dejó hace tiempo de ser una cuestión meramente operativa para convertirse en un desafío estructural que compromete la salud pública, el ambiente y la convivencia ciudadana. No se trata solo de si el camión recolector pasa a tiempo o no. Se trata, sobre todo, de entender que la gestión de la basura está regida por un marco legal claro que asigna responsabilidades tanto a la Municipalidad como a cada habitante del cantón.

La Ley para la Gestión Integral de Residuos (N.° 8839) no deja espacio a interpretaciones complacientes: cada ciudadano es responsable de los residuos que genera. Esto implica, en primer lugar, la obligación de separar en origen. No es un gesto voluntario ni una práctica “ecológica” opcional; es un deber legal que busca reducir la presión sobre los rellenos sanitarios y fomentar la valorización de materiales. Sin embargo, en la práctica cotidiana del cantón, la mezcla indiscriminada de residuos sigue siendo la norma, no la excepción.

A esto se suma una conducta aún más preocupante: el abandono de basura en espacios públicos, ríos y lotes baldíos. Las riberas del río Ipís o Purral continúan siendo testigos de una cultura de desecho que ignora no solo la normativa vigente, sino también el impacto ambiental acumulativo. Estas acciones no son menores: constituyen faltas graves que pueden acarrear sanciones económicas significativas, según la misma ley.

Pero sería un error cargar toda la responsabilidad sobre la ciudadanía. La Municipalidad de Goicoechea, como ente rector en la materia, tiene la obligación de ir más allá de la recolección tradicional. La ley le exige implementar sistemas eficientes de recolección diferenciada, ejecutar un Plan Municipal de Gestión Integral de Residuos Sólidos (PMGIRS) y ejercer su potestad sancionatoria cuando las normas se incumplen. La ausencia de rutas claras, la limitada educación ambiental o la débil fiscalización terminan debilitando cualquier esfuerzo institucional.

El desafío en Goicoechea es particularmente complejo. Su alta densidad poblacional y su dinámica urbana intensifican la generación de residuos y dificultan su manejo. Pero estas condiciones no pueden ser excusa para la inacción. Al contrario, deberían ser el punto de partida para soluciones más innovadoras, sostenibles y coordinadas.

Aquí es donde el problema revela su verdadera dimensión: no es técnico, es cultural. Mientras persista la idea de que “sacar la basura” es suficiente y que la responsabilidad termina en la acera, el cantón seguirá enfrentando los mismos síntomas: contaminación, saturación de sistemas de recolección y deterioro del entorno urbano.

La solución pasa por asumir que la gestión de residuos es un contrato social. La Municipalidad debe garantizar un servicio moderno, transparente y orientado a la valorización. La ciudadanía, por su parte, debe cumplir con la separación, la disposición adecuada y el pago del servicio. No hay atajos.

Goicoechea no necesita más diagnósticos; necesita cumplimiento. La ley ya trazó el camino. Lo que falta es voluntad —institucional y ciudadana— para recorrerlo. Porque cada bolsa mal dispuesta no solo ensucia una calle: erosiona la calidad de vida de todo un cantón.

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