EDITORIAL: Goicoechea en la encrucijada; cuando la política pierde el rumbo

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- Goicoechea vive hoy una contradicción que ya no admite silencios. Es un cantón dinámico, diverso, con potencial humano y territorial, pero también marcado por brechas sociales cada vez más visibles. Mientras su población envejece y sus jóvenes buscan oportunidades que no encuentran, el desarrollo humano parece haberse estancado. No por falta de recursos o talento, sino por una práctica política local que, durante años, ha privilegiado la lógica partidista por encima del bien común.

El problema no es nuevo, pero sí cada vez más urgente. La gestión municipal ha quedado atrapada en ciclos de corto plazo, donde las decisiones responden más a intereses electorales que a una visión estratégica de futuro. Este cortoplacismo tiene consecuencias concretas: la falta de empleo local, la débil atracción de inversión y la ausencia de un ecosistema que impulse el emprendimiento, especialmente en sectores innovadores.

El resultado es un cantón que expulsa oportunidades. Muchos habitantes deben desplazarse fuera de Goicoechea para trabajar, consolidando su condición de “cantón dormitorio”. Mientras tanto, los jóvenes enfrentan un panorama limitado: escasean los programas de formación técnica pertinentes, los espacios culturales de calidad y las políticas sostenidas de inclusión. En ese vacío, crecen problemáticas como el consumo de drogas y la inseguridad, síntomas de un tejido social que se debilita.

Frente a este escenario, reducir el papel de la Municipalidad a la recolección de basura o al mantenimiento vial no solo es simplista, sino peligroso. El gobierno local tiene una responsabilidad central en el desarrollo humano del cantón. Su autonomía no es decorativa: es una herramienta poderosa para articular soluciones.

Goicoechea necesita una Municipalidad que actúe como facilitadora del desarrollo, capaz de tejer alianzas con el sector privado, las organizaciones sociales y la ciudadanía. Una gestión que impulse el empleo joven, que valore la experiencia de las personas adultas mayores y que recupere los espacios públicos como lugares de convivencia, no de abandono o control informal.

La seguridad, por ejemplo, no se resuelve únicamente con más patrullaje. Requiere intervenciones urbanas integrales, planificación y presencia institucional sostenida. Del mismo modo, el desarrollo no puede depender de los cambios de administración cada cuatro años. Urgen políticas públicas estables, planes reguladores actualizados y una gestión basada en criterios técnicos, no en colores partidarios.

Porque hay una verdad incómoda pero evidente: un cantón que descuida a sus jóvenes y margina a sus adultos mayores está hipotecando su futuro.

Goicoechea no puede seguir oscilando entre el potencial y el rezago. Tiene las condiciones para dejar de ser un territorio de paso y convertirse en un espacio de oportunidades. Pero eso exige un cambio de enfoque: menos activación política estéril y más gobernanza responsable, empática y profesional.

El llamado es claro. El Concejo Municipal y la Alcaldía deben asumir su rol con visión de largo plazo. No como un club para asuntos socialesl, sino como una verdadera gerencia de bienestar colectivo. La ciudadanía no necesita más promesas; necesita resultados.

El momento de corregir el rumbo es ahora.

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