

LA VOZ DE GOICOECHEA (Nabil Mouaffak).- En Goicoechea —y en muchos otros rincones del país— parece que hay más competencia por salir en la foto que por hacer el trabajo.
Apenas se termina una obrita, una siembrilla de árboles o una jornada de limpieza, aparecen comunicados por todo lado:
“Con iniciativa de…”, “En colaboración con…”, “Gracias al esfuerzo conjunto de…”.
Y claro, la lista de nombres es más larga que la zanja que abrieron.
Lo curioso es que, si uno pregunta quién realmente planificó, gestionó permisos, consiguió los recursos o puso el hombro en el trabajo, muchas veces se trata de un grupo pequeño de personas comprometidas, o incluso de una empresa privada que quiso aportar algo al cantón, mientras un enjambre de asociaciones y funcionarios públicos llega después a tomarse la foto, como abejas atraídas por el dulce del reconocimiento.
¡Buena nota, papi!
LA VOZ DE GOICOECHEA ( Redacción).- En un barrio de Goico hay un tata que por fin estrenó pantalla nueva. Una de esas planas, de las que hablan con uno y hasta recomiendan qué ver. Pero lo que nadie cuenta es que la pantalla llegó justo un día antes de las elecciones, en una troca blanca con logo de partido y sonrisa de candidato.
El tata, sin brete desde hace rato, se sintió querido como nunca. Le llegaban abrazos, promesas y hasta una canasta con arroz, frijoles y una lata de atún con más campaña que contenido. El candidato lo visitaba cada semana, hablándole bonito: “Cuando gane, usté será mi chofer, socio, confíe.”
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