
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- En el complejo engranaje de la administración local, existe una verdad fundamentalque parece olvidarse con demasiada frecuencia en los pasillos de nuestra Municipalidad: el funcionario público es, ante todo, un servidor. Su mandato emana del ciudadano, y su salario es pagado por el contribuyente.
Sin embargo, las quejas que resuenan en el cantón de Goicoechea pintan un cuadro preocupante. Recibimos reportes constantes de vecinos que, al acercarse a las oficinas municipales para presentar un reclamo legítimo, gestionar un trámite necesario o simplemente solicitar información, se topan con un muro de indiferencia, cuando no con abierta arrogancia o desprecio.

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- La libertad de prensa no se defiende sola. Se ejerce, se arriesga y, lamentablemente, en muchos casos se paga caro. En un contexto donde investigar la corrupción, el narcotráfico o los abusos del poder puede costar la vida, resulta imperioso que Costa Rica impulse una ley de protección para periodistas y sus familias. No se trata de un privilegio, sino de una garantía mínima para quienes cumplen una función esencial en toda democracia: fiscalizar al poder.

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- En la política local, hay palabras que se repiten tanto que pierden el sabor. Una de ellas es “rendición de cuentas”.
En cada discurso suena seria, técnica, responsable… pero en la práctica, muchas veces no pasa de ser una ceremonia para tomarse fotos y aplaudir entre funcionarios.
Y no, vecinos de Goicoechea, eso no es rendir cuentas. Eso es hacer relaciones públicas con dinero público.
Desde Guadalupe hasta Rancho Redondo, pasando por Purral, San Francisco, Mata de Plátano, Calle Blancos e Ipís, la verdadera rendición de cuentas no puede ser un PowerPoint con sonrisas ni un informe lleno de tecnicismos. Tiene que ser —y perdón por la franqueza— una conversación incómoda, con preguntas directas, números claros y respuestas que no se escurran como jabón mojado.

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- Caminar debería ser el acto de movilidad más básico y democrático en cualquier ciudad. Sin embargo, en Goicoechea, ese simple derecho se ha convertido en una carrera de obstáculos digna de una olimpiada urbana… pero sin medalla para nadie. Lo que para algunos es solo una molestia, para miles de vecinos —especialmente personas con discapacidad— es una condena diaria a la inmovilidad.
No hace falta un diagnóstico técnico ni un informe millonario para ver la magnitud del problema: basta con caminar unos metros por las calles de Guadalupe, Ipís o Calle Blancos. Aceras rotas, angostas, atravesadas por postes, entradas de garaje sin rampas o, peor aún, tramos desaparecidos como si la accesibilidad fuera un lujo opcional. La escena es tan cotidiana como indignante: peatones obligados a lanzarse a la calle, jugándose el pellejo entre carros y motos.

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