
Comentario:
Este proverbio nos recuerda que las riquezas materiales, por valiosas que parezcan, tienen un límite claro: no pueden salvarnos en los momentos decisivos de la vida. Cuando llegan las pruebas, las crisis o el juicio, el dinero pierde su poder. En cambio, la justicia —vivir con integridad, rectitud y temor de Dios— tiene un valor eterno. Este versículo nos invita a revisar nuestras prioridades y a invertir más en el carácter que en la acumulación. La verdadera seguridad no está en lo que poseemos, sino en cómo vivimos delante de Dios y de los demás.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Sofía Agüero S).- Costa Rica votó el 1 de febrero de 2026 y, con eso, hizo lo que siempre hace cuando está bajo presión: evaluar riesgos, ponderar escenarios y decidir en grande. No fue una elección cualquiera; fue una elección que se sintió como espejo. Un espejo incómodo, de esos que no perdonan la luz del baño.
El Tribunal Supremo de Elecciones en la noche de este pasado domingo marcó con claridad los resultados, reforzó certezas en algunos y silenció dudas en otros: la arquitectura institucional sí sigue presente, porque en tiempos de ansiedad social -de unos pocos solamente-, lo primero que se prueba no es a los candidatos: se prueba la confianza en las reglas. Solo después, y en ese orden inmediato, se evalúa al liderazgo electo.