LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak).- Costa Rica enfrenta hoy el momento más delicado en materia de seguridad desde la abolición del ejército. La inseguridad ya no es un fenómeno aislado o lejano: se siente en las escuelas, en los parques, en la calle del barrio y en la conversación familiar de cada noche.
Ante este escenario, las propuestas de quienes aspiran a gobernar el país no solo son programas de política pública: son decisiones sobre el país que queremos ser.
En este análisis, observamos cuatro visiones distintas sobre cómo enfrentar la crisis, correspondientes a cuatro candidatos.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Aníbal Porras, periodista).- El pasado sábado 1 de noviembre de 2025, la Policía Municipal de Goicoechea, en coordinación con la Fuerza Pública, llevó a cabo un operativo en el Centro Comercial El Pueblo, ubicado en San Francisco de Goicoechea, tras múltiples denuncias vecinales por disturbios, incumplimiento de horarios de cierre y funcionamiento irregular de varios locales.
Durante la intervención, las autoridades decomisaron alrededor de 1.000 unidades de licor variado que se comercializaban sin contar con la debida licencia. Además, se encontraron dos armas no letales, cuya tenencia y utilización serán investigadas conforme a la normativa vigente.

LA VOZ DE GOICOECHEA ( Aníbal Porras, periodista).- En un movimiento sin precedentes, la exjueza y figura judicial respetada, Ana Virginia Calzada, lanzó un reto público y directo a Laura Fernández para sostener un debate nacional urgente sobre seguridad. La exjueza, responsable de más de 300 mil resoluciones en su carrera, hizo público su número de teléfono personal—8947-8430—para que Fernández le escriba y acepte el encuentro.
“El país está viviendo la crisis de seguridad más grave de su historia. Costa Rica no merece una campaña de silencio; merece respuestas”, declaró Calzada, al señalar que el crimen organizado no espera y que es crucial demostrar quién está preparada para gobernar “desde el día uno”.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- Hubo un momento en que el Partido Liberal Progresista parecía promesa. Parecía aire nuevo. Parecía ese partido que iba a entrar a la Asamblea con ideas frescas, con propuestas concretas, con una agenda clara, con una noción moderna de país. Parecía. Porque la realidad terminó siendo otra: el PLP se fue deshaciendo en el camino. Y lo doloroso no es que se redujo en número. Lo doloroso es cómo se redujo.
No fue por una batalla ideológica, ni por defender principios, ni por sostener un proyecto. No fue un costo de ser firme. Fue desgaste. Desgaste interno, desgaste de identidad, desgaste de propósito. El PLP se fue volviendo un partido que dependía más de una figura que de una visión, más de una voz que de una fracción, más de una presencia mediática que de una estructura política.