
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Aníbal Porras, periodista).- El 2025 dejó en Goicoechea una señal preocupante que atraviesa distintos episodios de la gestión municipal: la idea de que los servicios públicos no se conciben como derechos financiados por los impuestos de la ciudadanía, sino como favores que la Municipalidad “otorga” discrecionalmente.
Cuando una administración pública comienza a verse a sí misma como una pulpería familiar —donde se reparte según cercanía o conveniencia— surge una pregunta inevitable: ¿quién gana realmente con ese modelo de gestión?
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Aníbal Porras, periodista).- El 2025 deja para Goicoechea una postal incómoda, pero necesaria. Un año que expuso una institucionalidad local más preocupada por silenciar a quien fiscaliza que por resolver los problemas estructurales que arrastra el cantón desde hace años.
Durante este periodo, autodenominados “líderes cantonales” del partido oficialista en la Municipalidad, manifestaron abiertamente su enojo con este medio de comunicación por hacer lo que corresponde en cualquier democracia: informar, cuestionar lo que no funciona y llamar a la ciudadanía a pedir cuentas. No fue una molestia discreta. Fue una narrativa insistente que buscó desacreditar al mensajero en lugar de responder por el mensaje, acompañada de amenazas veladas, insultos y ataques en redes sociales.