LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- La transparencia no es un favor que el poder concede a la ciudadanía. Es una obligación democrática. Sin embargo, no todos los gobiernos lo entienden —o lo respetan—. Identificar una gestión con nula o muy baja transparencia no requiere ser especialista ni experto en administración pública: basta con observar ciertos patrones que, cuando se repiten, dicen más que cualquier discurso.
Un gobierno opaco no siempre viola la ley de forma directa. Muchas veces actúa en los márgenes, estirando las reglas, normalizando el silencio y desgastando poco a poco la confianza pública. Así es como se debilita una democracia desde adentro.
