EDITORIAL: La UCR no Puede ser Zona de Impunidad

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LA VOZ DE GOICOECHEA (por Consejo Editorial).-Lo que ocurre hoy en la Universidad de Costa Rica (UCR) obliga a una reflexión seria, firme y sin ambigüedades. La protesta, en una democracia, es un derecho legítimo. Pero cuando se transforma en ocupación forzada, destrucción de bienes públicos y con acciones encapuchadas que intimidan a otros, deja de ser protesta y se convierte en un problema de orden público y de legalidad.

No se trata de criminalizar la disidencia. Se trata de trazar una línea clara entre el ejercicio democrático y la imposición violenta. Una universidad pública, financiada por toda la ciudadanía, no puede convertirse en un espacio donde las normas se relativizan o se aplican según conveniencia. Permitirlo no es neutralidad: es omisión.

La preocupación va más allá del daño material. Lo verdaderamente grave es el mensaje que se transmite. Si dentro de una institución formadora de profesionales se normaliza la ocupación ilegal, el vandalismo o la intimidación como herramientas de presión, ¿qué tipo de ciudadanía se está formando? La tolerancia a estas prácticas erosiona la cultura democrática y debilita el respeto por el Estado de Derecho.

También resulta inquietante la ambigüedad institucional frente al restablecimiento del orden. Limitar la acción de la seguridad o rechazar de plano el apoyo de la Fuerza Pública, en contextos donde hay afectación real a terceros y a bienes públicos, envía una señal peligrosa: que la ley puede suspenderse dentro del campus. Y ninguna institución pública —por más autonomía que tenga— está por encima del marco legal del país.

La autonomía universitaria es un pilar valioso, pero no es sinónimo de extraterritorialidad. Su propósito es proteger la libertad académica y el pensamiento crítico, no blindar conductas que vulneran derechos ajenos o el patrimonio común.

La democracia no se construye desde el anonimato ni desde la coerción. Se construye con argumentos, con debate abierto y con respeto mutuo. Defender causas legítimas mediante medios ilegítimos termina debilitando esas mismas causas.

La UCR ha sido históricamente un referente de pensamiento, debate y formación cívica. Precisamente por eso, el estándar que se le exige es mayor. No puede convertirse en un espacio donde la impunidad encuentre refugio.

Lo que hoy se tolere dentro de sus aulas tendrá consecuencias fuera de ellas. La universidad debe ser faro de convivencia democrática, no un territorio donde la ley pierde vigencia. Costa Rica no puede darse ese lujo.

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