Democracia o Celos Partidistas: El Derecho a Aspirar

LA VOZ DE GOICOEVCHEA (Por Consejo Editorial).- En democracia, participar no debería ser motivo de sospecha. Mucho menos de enojo. Sin embargo, esta semana quedó demostrado que, para algunos sectores políticos de Goicoechea, el simple hecho de que ciudadanos manifiesten interés en aspirar a la Alcaldía parece ser visto casi como una provocación.
La Voz de Goicoechea publicó una nota informativa sobre distintas personas del cantón cuyos nombres empiezan a sonar como posibles aspirantes para las próximas elecciones municipales. Y vale subrayarlo: posibles aspirantes. En ningún momento se afirmó que existan candidaturas oficiales ni decisiones partidarias tomadas. Se informó, sencillamente, sobre conversaciones y movimientos que ya circulan en espacios ciudadanos y políticos del cantón.
Eso es periodismo.
Informar sobre lo que ocurre en la conversación pública no constituye una falta ni una irresponsabilidad. Al contrario: ocultarlo sí sería una omisión cuestionable. La política no nace únicamente en las asambleas partidarias; también surge en las calles, en las comunidades, en las reuniones vecinales y en las inquietudes de ciudadanos que consideran que pueden aportar al desarrollo de su cantón.
Lo preocupante no es que existan nombres nuevos o eventuales aspiraciones. Lo verdaderamente preocupante es la reacción crispada de algunos dirigentes políticos ante la sola posibilidad de que otros ciudadanos quieran participar.
¿Desde cuándo pensar en servir desde un cargo público es motivo de escándalo?
Cualquier ciudadano costarricense mayor de edad tiene el derecho constitucional de aspirar a puestos de elección popular. Ese derecho no depende de permisos internos, simpatías personales ni del visto bueno de grupos de poder. Otra cosa, muy distinta, es el proceso formal mediante el cual un partido político define sus candidaturas. Pero nadie debería sentirse intimidado por expresar interés en participar en democracia.
En una sociedad sana, lo lógico sería celebrar que existan personas dispuestas a involucrarse en los asuntos públicos. Porque el verdadero problema de muchas democracias modernas no es el exceso de participación, sino la apatía ciudadana. Cuando vecinos, profesionales, líderes comunales o jóvenes muestran disposición para asumir responsabilidades políticas, eso debería verse como una señal positiva para el cantón.
Por supuesto, muchos nombres que hoy se mencionan quizá mañana no lleguen a concretar una candidatura. Así funciona la política. Algunos desistirán, otros no tendrán respaldo partidario y otros simplemente cambiarán de rumbo. Pero eso no invalida el valor democrático de participar, opinar y aspirar.
Cuando desde ciertos sectores se responde con descalificaciones, molestia o ataques ante una simple nota informativa, la impresión que se transmite no es precisamente de apertura democrática. Más bien parece reflejar celos partidistas, ansiedad por controlar espacios y resistencia a que nuevas figuras surjan fuera de los círculos tradicionales de poder.
La política no es propiedad privada de nadie. La Alcaldía no es un feudo. Y las aspiraciones ciudadanas no deberían depender de autorizaciones implícitas de grupos políticos o dirigencias locales.
Goicoechea necesita más participación, más debate y más ciudadanos interesados en construir propuestas para el futuro del cantón. La democracia se fortalece cuando más personas quieren involucrarse, no cuando se intenta silenciar o ridiculizar a quienes piensan diferente o desean competir.
Celebrar la participación ciudadana —incluso cuando no coincide con nuestras preferencias políticas— debería ser un principio básico de cualquier democracia madura.
Los celos partidistas nunca serán más importantes que el derecho ciudadano a aspirar.