¿Cómo Evitar que a las Municipalidades Lleguen a Servirse y no a Servir?

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Ronald Arrieta Calvo, columnista).- En un reciente editorial de La Voz de Goicoechea surge una afirmación muy pertinente: “Las próximas elecciones municipales representan mucho más que un ejercicio democrático rutinario”.
Pero ¿cómo convertir esa aspiración en una realidad cuando el abstencionismo en las elecciones municipales pasadas alcanzó el 76,66 %? Es decir, de los poco más de 90 mil electores inscritos, tan solo unas 21 mil personas votaron. Pero, de esos 21 mil, ¿cuántos realmente lo hicieron con base en un análisis de los programas de gobierno y en su conciencia de clase? ¿Cuántos votaron a cambio de un diario o de una dosis de estupefacientes? ¿Cuántos votaron por tradición no reflexionada? ¿Cuántos lo hicieron a cambio de una dádiva en especie, o por apoyar a una amistad o familiar a quien le prometieron un cargo remunerado?
Desde los inicios de la democracia en Atenas, esas preguntas, planteadas, en otros términos, fueron parte de los señalamientos de Platón y Aristóteles sobre los desafíos que la democracia debía resolver.
Una de las principales vías para enfrentar este problema es elevar el nivel educativo de la población.
Pero surge entonces otra pregunta: ¿a quién le corresponde hacerlo? ¿A la clase política? Difícilmente. Buena parte de ella sabe que una ciudadanía verdaderamente educada y crítica difícilmente elegiría a personas carentes de idoneidad para ejercer cargos públicos.
Un ejemplo significativo ocurrió en Costa Rica durante la década de 1970, cuando estudiantes universitarios —a quienes posteriormente se sumaron colegiales— encabezaron un movimiento para impedir la entrega de zonas ecológicamente valiosas a la transnacional ALCOA para la explotación de bauxita, de donde se extrae el aluminio. Tras aquella victoria estudiantil, comenzó progresivamente el desmantelamiento del sólido sistema educativo costarricense que existía entonces. Parecía que el sistema educativo estaba “cometiendo el delito” de formar ciudadanos con capacidad crítica.
Con el paso de los años, el sistema comenzó a saturar a maestros y profesores con trámites administrativos, a debilitar su autoridad y a colocarlos en constante confrontación con padres y madres de familia. A ello se suma la proliferación de centros de baja calidad académica, convertidos prácticamente en expendedores de títulos.
Otra posible vía para elevar el nivel educativo y político de la ciudadanía sería el ejercicio responsable de la prensa. Sin embargo, cada vez parecemos alejarnos más de ese ideal. La competencia entre medios por captar audiencia y lectores impulsa con frecuencia un periodismo amarillista, superficial y carente de profundidad analítica, que distrae a la población de los problemas esenciales del cantón. Se necesita un periodismo que analice los acontecimientos, en primer lugar, desde su contexto económico y, en segundo término, desde su dimensión política. Urge una prensa que eduque, en lugar de sembrar discordia, incertidumbre y desconfianza generalizada hacia las personas que realmente desean servir y hacia el propio sistema democrático. Una prensa que contribuya a construir soluciones frente al “cachimbal” de problemas que enfrenta nuestro cantón