

LA VOZ DE GOICOECHEA (Nabil Mouaffak) En cada cantón, en cada barrio, siempre hay alguien que siembra sin pedir permiso. No siembra flores —siembra esperanza. No usa pala —usa corazón.
Son los que ayudan para arreglar un “Play” comunal, los que tapan un hueco frente a su casa con cemento comprado del bolsillo, los que pintan las líneas de una cancha olvidada, los que cortan el zacate de la cancha del barrio, los que arman una olla comunal cuando el hambre toca la puerta del vecino.
Gente que no espera el visto bueno de una institución, ni la foto para redes, ni la firma de un decreto. Solo ve el problema… y actúa.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por José Cruz).- En un rincón escondido de la selva, había una comunidad trabajadora de hormigas. Día tras día, las pequeñas corrían de un lado a otro construyendo caminos, levantando hojas, cargando ramas. No se quejaban lo hacía felices soñando con hacer de su hormiguero un lugar digno, próspero y justo.
Pero un día llegó el Avispón, con su zumbido fuerte y su mirada de poder. Les dijo que las quiere ayudar, que el con su fuerza les va a proteger mientras trabajan para mejorar su hormiguero, que con él todo sería más “eficiente”.
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