LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Reacción).- En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón.
La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella.
El, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían:
El cantón limonense se posiciona como territorio prioritario en la agenda de desarrollo rural del país
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- Pococí se prepara para dar un salto significativo en su progreso rural, tras confirmarse una inversión superior a los ₡5.800 millones destinados a la ejecución de 11 proyectos de infraestructura. Los trabajos son impulsados por el Instituto de Desarrollo Rural (INDER), como parte de su compromiso con el bienestar y la conectividad de las comunidades fuera de los grandes centros urbanos.

No se trata de una obediencia pesada o impuesta por temor, sino de la respuesta natural de quien ama: cuando guardamos los mandamientos de Dios —que se resumen en amarle y amar al prójimo— estamos construyendo una comunión viva y profunda con Él. Quien camina conforme a su voluntad, habita en su presencia y su presencia llena su vida.
Y surge entonces una pregunta que todos podemos hacernos: ¿cómo estar seguros de que Dios permanece en mí? La respuesta de Juan es clara y consoladora: lo sabemos por el Espíritu que Él nos dio. El Espíritu Santo es la prueba interior, el sello y la garantía: nos da paz, nos guía a la verdad, nos fortalece en la debilidad y nos mueve a amar de forma que no podríamos por nuestras propias fuerzas. Esa presencia activa en el corazón es la señal cierta de que Dios ya habita en nosotros.
Reflexión para el día
La unión con Dios no se mide por palabras, sino por el modo de vivir: ¿mis decisiones, mi trato con los demás y mi corazón reflejan que camino junto a Él?
No necesitamos buscar señales extraordinarias para saber que Dios está con nosotros: la presencia de su Espíritu —que nos transforma y nos da amor— es la prueba más segura.
Oración breve
Señor, que tu voluntad sea la norma de mi vida. Ayúdame a obedecerte con amor, y gracias por el don de tu Espíritu, que es la certeza de que Tú permaneces siempre en mí. Amén.