
Primera entrega: Del pizarrón al olvido: la educación de Pacheco a Chinchilla
Hubo un tiempo en que la educación fue el mayor orgullo nacional
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffk).- Sin embargo, entre los gobiernos de Abel Pacheco (2002–2006), Óscar Arias (2006–2010) y Laura Chinchilla (2010–2014), Costa Rica empezó a vivir una desconexión silenciosa entre el discurso y la realidad educativa.
Abel Pacheco (2002–2006): la educación como discurso moral, no como prioridad presupuestaria

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista). Durante décadas, Costa Rica fue celebrada como la excepción latinoamericana. El país de las escuelas en cada pueblo, del seguro social solidario, de la abolición del ejército y del voto pacífico. La imagen de una democracia estable, casi natural, se convirtió en parte de la identidad nacional. Se dijo —y se repitió— que aquí la gente decide con la papeleta, que las instituciones funcionan solas, que las crisis siempre terminan en acuerdos.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak).- “Grandes por fuera, pequeños por dentro”, podrían empezar a susurrar quienes observan con desconfianza las bancas que el PLN ocupa en la Asamblea Legislativa de Costa Rica. Condecendientes al poder, cómodos en la silla y cómodos con el ruido de su propia fama, el bloque más numeroso del país tiene una paradoja implacable: tamaño, sí… pero ¿resultados?
No es cualquier cosa tener un bloque grande. Ser la mayoría numérica le entrega a cualquier partido una palanca formidable: control de comisiones, impulso de leyes, influencia en el presupuesto. Es una rareza: tener el poder de hacer cosas y, simultáneamente, la excusa de que “no hay consenso”. Eso es lo que el PLN lleva adelante.

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- En toda democracia local, las campañas electorales cumplen una función fundamental: presentar a la ciudadanía propuestas, compromisos y proyectos que buscan mejorar la vida en el cantón. Sin embargo, una vez concluido el proceso electoral y asumido el cargo público, esas promesas dejan de ser únicamente aspiraciones de campaña y pasan a convertirse en responsabilidades concretas de gobierno.
La fiscalización ciudadana, por tanto, no es un ejercicio de confrontación política, sino un componente esencial de la democracia. Revisar lo prometido, comparar con lo ejecutado y escuchar la percepción de los vecinos permite fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas.
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