LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Isaí Jara, periodista).- Lo que hoy conocemos como la vibrante ciudad de Guadalupe no siempre llevó ese nombre, ni tuvo la fisonomía urbana que hoy recorremos. La historia de nuestro cantón, Goicoechea, es un relato de fe, tenacidad comunitaria y un crecimiento acelerado que superó incluso a vecinos más antiguos como Tibás o Moravia.
Los orígenes: El pequeño caserío de 1828
La semilla de nuestra comunidad se plantó en 1828, cuando se formó un pequeño caserío que inicialmente fue bautizado como San José. Trece años después, en 1841, bajo la administración de Braulio Carrillo, este asentamiento fue denominado “cuartel” y pasó a formar parte del Barrio Los Santos, el núcleo que daría vida al actual cantón de Goicoechea.
Recolección de residuos sólidos en Goicoechea: cifras oficiales revelan millonario gasto en reparaciones durante 2024
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Gabriela Umaña, periodista).- La recolección de basura sigue siendo uno de los reclamos más persistentes de los vecinos de Goicoechea. Calles con residuos acumulados, atrasos en rutas y constantes fallas en el servicio contrastan con los millones de colones que la Municipalidad destinó únicamente a reparaciones de sus camiones recolectores durante el año 2024.
Comentario:
Este versículo nos invita a una reflexión honesta sobre nuestra vida diaria. No basta con decir que creemos en Dios o que seguimos a Cristo; la verdadera fe se refleja en la manera en que vivimos, hablamos y tratamos a los demás. Caminar en la luz significa actuar con coherencia, integridad y amor, incluso cuando nadie nos observa.
La oscuridad aparece cuando justificamos actitudes que dañan, cuando guardamos rencor o cuando cerramos los ojos ante la verdad. Dios nos llama a algo más profundo: a una fe vivida, visible y transformadora. Hoy es una oportunidad para revisar nuestro caminar y preguntarnos si nuestras acciones reflejan la luz que decimos llevar en el corazón.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Aníbal Porras, periodista).- El 2025 dejó en Goicoechea una señal preocupante que atraviesa distintos episodios de la gestión municipal: la idea de que los servicios públicos no se conciben como derechos financiados por los impuestos de la ciudadanía, sino como favores que la Municipalidad “otorga” discrecionalmente.
Cuando una administración pública comienza a verse a sí misma como una pulpería familiar —donde se reparte según cercanía o conveniencia— surge una pregunta inevitable: ¿quién gana realmente con ese modelo de gestión?

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