Ángeles de Bata Blanca: Mi Gratitud Eterna al Hospital Calderón Guardia

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Isaí Jara, periodista).- Hay momentos en la vida donde la fragilidad humana se hace evidente y la salud nos pone a prueba de la forma más dura. Recientemente, me tocó enfrentar una situación de salud crítica y sumamente complicada, de esas en las que el panorama parece nublarse. Fue en ese escenario de incertidumbre cuando ingresé al Hospital Rafael Ángel Calderón Guardia, y es hoy, con el corazón lleno de vida y una profunda emoción, que escribo estas líneas para expresar mi más sincero y eterno agradecimiento.
Quiero hacer un reconocimiento público a ese extraordinario ejército de seres humanos que Dios puso en mi camino:
Al Cuerpo Médico y de Enfermería: quienes no solo aportaron su invaluable ciencia y conocimiento, sino que me cuidaron con una empatía conmovedora.
Al Personal Técnico, de Laboratorio y Farmacia: cuyo trabajo impecable, preciso y muchas veces silencioso, fue el motor detrás de cada decisión médica acertada.
Al Personal de Alimentación: que con esmero y calidez se encargó de nutrir mi cuerpo en los momentos de mayor debilidad.
A todos ustedes, gracias. No tengo palabras suficientes para describir cómo pusieron su vida, alma y amor por mi salud. Cuando el panorama era más oscuro, estos verdaderos ángeles de Dios hicieron hasta lo imposible, entregándose en cuerpo y alma a su vocación. Con la guía y la ayuda de Dios, lograron lo que parecía lejano: estabilizar mi problema de salud y devolverme la esperanza.
“El personal de salud no solo cura con medicamentos; sana con el alma, con la mirada y con la entrega absoluta al prójimo.”
Hoy, gracias a ese esfuerzo conjunto, me encuentro en una nueva etapa. Sé perfectamente que los milagros médicos se complementan en casa, y ahora nos toca a nosotros poner de nuestra parte, con disciplina y optimismo, para continuar con la recuperación.
No puedo dejar de agradecer a todas aquellas personas —amigos, familiares y conocidos— que se preocuparon por mí desde el primer día. A quienes con sus oraciones, mensajes y muestras de cariño me sostuvieron a la distancia, demostrando un aprecio y una solidaridad que jamás olvidaré. Ante tanto amor recibido, solo me resta decirles: muchas gracias y que Dios los llene de bendiciones.
Con el corazón desbordante de gratitud.