LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Daniel Antonio Madrigal Sojo, periodista y abogado).- La desaparición del obelisco dedicado al doctor Ricardo Moreno Cañas continúa sin explicación oficial, pese a las consultas y denuncias públicas realizadas desde hace dos meses por ciudadanos preocupados por el destino de este monumento histórico ubicado en el centro de San José.
La estructura, que durante cerca de 80 años permaneció en la intersección de la avenida 2, avenida 2A y calle 21, dejó de estar visible sin que hasta la fecha exista información clara sobre su paradero, estado de conservación o las razones de su eventual traslado o retiro.
El tema fue expuesto inicialmente en espacios de opinión de La Nación y La Voz de Goicoechea, donde se solicitó una respuesta de la Dirección de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura y Juventud. Sin embargo, según denuncia el autor, las autoridades no han emitido ningún pronunciamiento público.
“Resulta cuanto menos extraño que un bien con tanta trayectoria y significado haya desaparecido sin que nadie rinda cuentas”, cuestionó Madrigal Sojo.
El obelisco fue levantado como homenaje al doctor Ricardo Moreno Cañas, una de las figuras médicas más recordadas del país por su aporte a la salud pública costarricense. Su presencia formaba parte del paisaje urbano capitalino y de la memoria histórica de generaciones de josefinos.
La ausencia de información ha generado interrogantes entre ciudadanos e historiadores. Entre las dudas planteadas destacan si el monumento fue destruido, si sufrió daños estructurales que no han sido divulgados o si simplemente fue retirado sin comunicarlo a la ciudadanía.
Hasta el momento, tampoco se conocen investigaciones periodísticas o informes oficiales que aclaren lo sucedido con la obra.
Vecinos y defensores del patrimonio cultural consideran que el caso evidencia la necesidad de mayor transparencia en torno al manejo de bienes históricos y monumentos públicos, especialmente aquellos que forman parte de la identidad cultural del país.
Mientras tanto, la comunidad continúa esperando respuestas sobre el destino del obelisco y sobre las acciones que tomarán las autoridades para garantizar la protección del patrimonio histórico nacional.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Gerardo A. Pérez Obando (GAPO), columnista).- Cuba no fue solamente una isla del Caribe; fue un cruce de caminos. Durante siglos en sus puertos se encontraron ritmos, lenguas, y sensibilidades provenientes de tres mundos distintos: Europa, África, y América. Donde otros territorios permanecían más aislados o culturalmente homogéneos, Cuba se convirtió en un espacio de tránsito, mezcla y transformación.
La presencia española con sus canciones, danzas y formas armónicas convivió con una fuerte raíz africana traída por la población esclavizada, portadora de una riqueza rítmica extraordinaria. A esto se sumaba la vida portuaria de ciudades como La Habana y Santiago, abiertas constantemente al intercambio con Europa, especialmente con España y Francia.
Ese flujo constante no solo transportaba mercancías; llevaba consigo formas musicales que, al llegar a Cuba no se imitaban, se transformaban. Así nacieron expresiones que no eran completamente europeas ni puramente africanas, sino algo nuevo: una música con estructura heredada y ritmo reinventado.
Durante siglos, la isla ocupó una posición privilegiada dentro del sistema colonial español. Sus puertos se convirtieron en puntos de tránsito constante entre Europa y América. Por ellos cruzaban no solo mercancías, sino también formas culturales: canciones, danzas, instrumentos, sensibilidades enteras.
La música europea llegó con su estructura. Llegó medida, ordenada, escrita o recordada en patrones claros: la romanza, la contradanza, el salón. Era música pensada para ser reproducida y reconocida, pero en Cuba no encontró silencio.
Desde África había llegado otra memoria, distinta, no escrita y profundamente rítmica. No estaba organizada en partituras, sino en el cuerpo, en el pulso, en la repetición que no es mecánica sino vida.
Esa memoria no imitó lo europeo, lo tensionó; y el encuentro fue inevitable. En otros lugares las formas europeas se mantuvieron relativamente intactas, en Cuba, en cambio, comenzaron a cambiar, no por voluntad intelectual, sino por convivencia. La música empezó a respirar de otro modo. La contradanza se volvió más libre, el ritmo dejó de caer donde se esperaba, el acento se desplazó, como si la música hubiera aprendido a caminar de lado.
De esa transformación surgió la habanera donde se reconoce la elegancia europea, pero algo ha cambiado. Hay una insinuación rítmica que no estaba antes. Una cadencia que parece suspender el tiempo. No es ruptura, sino una desviación sutil, suficiente para que la música no sea la misma, pero ocurrió algo más interesante. Lo que había sido transformado en Cuba regresó a Europa. La habanera viajó, se escuchó, se adaptó, se incorporó a otras tradiciones. La isla dejó de ser receptora para convertirse en emisora. El flujo cultural se volvió bidireccional. Cuba dejó de repetir, empezó a crear.
En ese proceso, lento pero irreversible, la música fue perdiendo su carácter exclusivamente dancístico para acercarse a lo humano más íntimo. Las formas dejaron de ser solo estructuras para convertirse en vehículos de emoción, pero esa transición no ocurre de un día para otro; y cuando finalmente esa transformación encuentra voz, ya no es danza, es confesión. Esa voz será el bolero, y en ella, por primera vez la música se vuelve humana: Pepe Sánchez. https://www.youtube.com/watch?v=Emzz338rHUs
Defender el modelo eléctrico es defender a Costa Rica
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Welmer Ramos González, economista).- Hay cosas que un pueblo construye con dinero. Otras con trabajo. Otras con sacrificio. Y hay unas pocas que se construyen con generaciones enteras creyendo en un mismo sueño. El sistema eléctrico costarricense pertenece a esa última categoría.
No nació de la casualidad ni apareció por la mano invisible de un mercado. No fue un regalo de inversionistas extranjeros ni una oportunidad de negocios para unos pocos. Fue una obra colectiva levantada durante décadas por miles de costarricenses que entendieron algo profundamente simple: hay servicios tan esenciales para una nación que no pueden quedar sujetos únicamente a la lógica de la ganancia.
Mientras otros países preguntaban cuánto dinero se podía ganar llevando electricidad a una comunidad, Costa Rica se hizo otra pregunta: ¿cómo hacemos para que la electricidad llegue a todos? Y esa diferencia cambió nuestra historia.
Gracias a esa visión hoy Costa Rica posee algo extraordinario: prácticamente el 100% del territorio nacional cuenta con acceso a electricidad. La luz llega a barrios, montañas, comunidades indígenas, zonas rurales y costas alejadas. Llega a lugares donde un modelo guiado solo por la rentabilidad probablemente nunca habría llegado.
Porque una empresa puede ver una zona aislada y pensar: “no es rentable”. Pero una nación verdadera ve personas, ve familias, ve ciudadanos. Esa es la diferencia entre un negocio y un proyecto país.
Nuestro modelo eléctrico fue diseñado para servir a la población y no para extraer la máxima rentabilidad posible. Por eso existen subsidios cruzados. Por eso una familia en Guanacaste paga lo mismo que paga una familia en San José. Por eso quienes consumen más aportan más. Porque Costa Rica entendió algo que algunas sociedades olvidaron: la solidaridad no es una debilidad económica; es una fortaleza nacional.
Los datos hablan por sí solos. Costa Rica produce más del 98% de su electricidad con fuentes renovables. Tenemos cobertura prácticamente universal. Mantenemos altos niveles de calidad y confiabilidad. Y nuestras tarifas residenciales compiten favorablemente con muchos países desarrollados cuyos ingresos per cápita duplican o triplican el nuestro.
La siguiente tabla ilustra cómo se compara nuestro modelo con el de algunos países de la OCDE, considerando modelo de distribución, precio al consumidor residencial, cobertura y equidad territorial:
País
Modelo eléctrico
Precio hogar (USD/kWh)
Cobertura
Tarifa rural = urbana
Costa Rica
Estatal + cooperativas + ARESEP
~US$0.20–0.21
~100%
Sí (subsidio cruzado)
España
Privadas reguladas
~US$0.28–0.32
~100%
Sí
Alemania
Mixto privado-regulado
~US$0.44–0.48
~100%
No completamente
Francia
Predominio estatal
~US$0.30–0.32
~100%
Sí
Irlanda
Privado regulado
~US$0.69
~100%
Parcialmente
Italia
Privado regulado
~US$0.66
~100%
Parcialmente
California EE.UU.
Privadas concesionadas
~US$0.30–0.33
100%
No
Fuentes: Eurostat, Agencia Internacional de Energía (AIE), ARESEP. Precios convertidos a USD (tipo de cambio 2025).
Mientras países europeos con ingresos cercanos a los US$60 000 o US$70 000 por habitante pagan electricidad mucho más costosa, Costa Rica, con un ingreso cercano a US$20 000 por persona, ha construido un modelo eficiente, limpio y profundamente humano.
La tabla siguiente permite apreciar con mayor detalle la diferencia de precios residenciales e industriales, así como la relación entre el costo de la electricidad y el nivel de desarrollo económico de cada nación:
País
Residencial (USD/kWh)
Industrial (USD/kWh)
Veces más caro que CR
PIB per cápita (USD)
Irlanda
~0.69
~0.30–0.35
3.3x
130 000
Italia
~0.66
~0.26–0.32
3.1x
43 000
Bélgica
~0.61
~0.24–0.29
2.9x
61 000
Alemania
~0.44–0.48
~0.27–0.28
2.0x
60 000
Dinamarca
~0.39–0.41
~0.22–0.26
1.9x
77 000
California EE.UU.
~0.30–0.33
~0.20–0.24
1.5x
90 000
España
~0.28–0.32
~0.18–0.21
1.3x
38 000
Costa Rica
~0.20–0.21
~0.12–0.15
referencia
20 000
Fuentes: Eurostat, Agencia Internacional de Energía (AIE), FMI, 2025.
Eso no ocurrió por accidente. Fue producto de planificación pública, instituciones fuertes, visión de largo plazo y una decisión histórica: poner el interés nacional por encima del interés particular.
Y precisamente porque funciona, algunos quieren cambiarlo.
Debemos decirlo con claridad. Cada cierto tiempo reaparecen discursos que hablan de modernización, apertura, eficiencia y competencia. Las palabras cambian. El libreto casi nunca.
Se presenta la privatización como una receta inevitable, como si la historia empezara hoy y como si Costa Rica no hubiera demostrado ya que otro camino era posible.
Pero el país tiene memoria.
Recordamos épocas donde ciertos generadores privados vendían electricidad en condiciones extraordinariamente favorables, con contratos que garantizaron ganancias desproporcionadas. Recordamos privilegios construidos alrededor de un mercado cautivo. Recordamos cómo algunos pocos ganaron mucho mientras el país asumía costos que nunca fueron realmente discutidos.
Y hoy esos intereses vuelven a tocar la puerta. No llegan diciendo que quieren un negocio. Llegan hablando de eficiencia. No llegan diciendo que quieren rentas privilegiadas. Llegan hablando de competencia. No llegan diciendo que quieren capturar un mercado construido con inversión pública. Llegan diciendo que vienen a modernizar.
Pero Costa Rica tiene derecho a hacer una pregunta sencilla:
¿Modernizar para beneficiar a quién?
Porque cuando un sistema funciona, la carga de la prueba corresponde a quien quiere cambiarlo.
Y nuestro sistema funciona. Funciona porque fue construido con una lógica distinta. La lógica de país. El ICE, las cooperativas, la regulación y los mecanismos solidarios no son obstáculos para el desarrollo. Son precisamente las herramientas que permitieron construir uno de los sistemas eléctricos más exitosos del planeta.
Muchos países ricos todavía intentan resolver problemas que Costa Rica resolvió hace décadas: cómo electrificar zonas rurales, cómo universalizar el servicio, cómo impulsar energías limpias y cómo evitar que vivir lejos de las ciudades signifique pagar más.
Nosotros ya lo hicimos. Y lo hicimos juntos.
Por eso esta discusión no trata únicamente de kilovatios, tarifas o modelos regulatorios. Habla de algo mucho más profundo. Habla del tipo de país que queremos ser.
La electricidad costarricense no es solamente infraestructura. Es una decisión moral. Es la expresión de una idea profundamente democrática: que el progreso de una nación debe llegar hasta el último hogar, hasta la última familia y hasta la última comunidad.
Y hay cosas que una generación recibe no para venderlas, sino para protegerlas. Porque hubo costarricenses antes que nosotros que construyeron esta obra pensando en personas que nunca conocerían.
Nos toca hacer lo mismo. Porque la luz que hoy ilumina nuestras casas no nació en los mercados. Nació en una visión de país. Y los pueblos que olvidan el valor de lo que heredaron terminan pagando dos veces: primero con indiferencia y después con arrepentimiento.
La electricidad de Costa Rica no es un privilegio. No es una mercancía. No es una oportunidad de negocios. Es una conquista nacional.
Y las conquistas nacionales no se negocian: se defienden.
Porque la luz que llega a cada hogar costarricense no pertenece a unos pocos: pertenece a generaciones enteras. Y lo que un pueblo construyó unido, ningún interés particular debe arrebatárselo.
“Pongamos espíritu observante, no permanezcamos indiferen,tes ni seamos pasivos, ya que produce un inmenso dolor pensar que la biosfera nos hable mientras la humanidad no escucha, llegando a romper esa alianza originaria entre Creador y criatura perecedera”
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Víctor Corcoba Herrero, columnista).- Es tiempo de ejercer la contemplativa, de adentrarnos en todo aquello que nos rodea, para reconocernos parte del mismo tronco viviente; lo que nos demanda como seres pensantes que somos, a reforzar el diálogo entre nosotros, porque el desafío ambiental que anidamos, y sus raíces humanas, nos afectan y nos impactan a todos. Tanto es así, que, si la biodiversidad sufre, la humanidad también. Indudablemente, los recursos biológicos son los pilares que sustentan las civilizaciones. Respetémonos, pues. El hábitat se doblega, obedeciéndolo. Comencemos por acariciar con nuestra mirada, esas aguas cristalinas tantas veces contaminadas por el género humano, verdaderamente en impureza; o, esos bosques amenazados por la deforestación, altamente errados.
Sea como fuere, en un orbe en el cual todo está interconectado, no destruyamos los vínculos naturales, trabajemos con la mente y el espíritu para reconstruirlos. Hagámoslo, asimismo, superando el egocentrismo que nos gobierna y degustando lo caritativo de esa belleza compartida, que es lo que en realidad nos injerta viva coexistencia y consistencia benigna. No olvidemos tampoco que la salud de nuestro planeta juega un papel vital en la aparición de enfermedades transmisibles entre animales y humanos. En consecuencia, a medida que continuamos invadiendo ecosistemas frágiles, nos ponemos en contacto cada vez más con la fauna silvestre, lo que permite que los patógenos se extiendan al ganado y a los individuos.
A todos los ojos, siempre hay un libro abierto, el del entorno por el que nos movemos. Forjémoslo a corazón abierto. Pongamos espíritu observante, no permanezcamos indiferentes ni seamos pasivos, ya que produce un inmenso dolor pensar que la biosfera nos hable mientras la humanidad no escucha, llegando a romper esa alianza originaria entre Creador y criatura perecedera. Precisamente, es este endiosamiento mundano actual, que ha puesto al dinero y al dominio del poder a cualquier precio, como bien supremo, lo que nos está dejando sin conciencia y nos conduce a la catástrofe; a un caos climático sin precedentes, en parte debido a la contaminación y a la explotación despiadada de la tierra, los océanos y el agua dulce. Sin duda, los resultados son demoledores, para todo proceder.
Nadie estamos a salvo del colapso antinatural. Sólo hay que advertir que nuestra propia actividad humana, continúa alterando hasta un 75% el medio terrestre y el marino en un 66%; y que un millón de especies de animales y vegetales se hallan en peligro de extinción. Nos alegra, por consiguiente, que el Plan de Naciones Unidas aliente y active medidas para restaurar y conservar lo que realmente nos genera néctar viviente. También el gozo se hace mayor, cuando ves que los gobiernos además toman iniciativas, movilizando fondos y subsanando las deficiencias de capacidad que frenan el bienestar con sus avances. Y, aún el regocijo es más sublime, cuando se percibe, la implicación del ciudadano como tal, en la red saludable existencial que sustenta a la sociedad.
La vida y nuestra singular genealogía, lo manifiestan de hecho, al no poder ser nosotros mismos sin el otro y sin los otros. En realidad, nada debe ser excluido, porque todo está íntimamente relacionado. A mi juicio, hoy más que nunca, hace falta trabajar unidos para detener e invertir en la pérdida de la heterogeneidad orgánica, de manera que la ciudadanía y la naturaleza prosperen juntas. Esto nos requiere identificar nuevos paradigmas pedagógicos para promover en los procesos educativos, el diálogo entre los saberes diversos, contribuyendo a que crezca el afán al cultivo del cuidado a través del amor de amar amor. Así es como nos embellecemos, pasando de los males o de las maldades a valores o bondades, que se hacen virtud. Lógicamente, ¡una persona buena, es un bien colectivo!