Hay problemas que no necesitan estudios complejos ni diagnósticos técnicos para ser entendidos. Basta con caminar por el cantón para verlos
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- El crecimiento descontrolado del zacate en aceras, parques y espacios públicos se ha convertido en una constante en distintos distritos de Goicoechea. No se trata solo de un tema estético: la vegetación invade las aceras, borra los espacios seguros para peatones y obliga a las personas —adultos mayores, niños y personas con discapacidad— a caminar por la calle, exponiéndose a accidentes de tránsito.
Pero el problema va más allá. En muchas zonas, estos espacios descuidados se convierten en puntos propicios para la inseguridad. La maleza alta facilita que personas con malas intenciones se oculten y sorprendan a sus víctimas, generando temor en la comunidad y debilitando la percepción de seguridad en espacios que deberían ser de convivencia.
Lo más preocupante es que esta situación no ocurre por falta de recursos
Mensualmente, la Municipalidad y el Comité Cantonal de Deportes invierten millones de colones en mantenimiento de áreas públicas, muchas veces a través de empresas privadas. Sin embargo, los resultados no se reflejan en el territorio: trabajos incompletos, zonas abandonadas y una evidente desconexión entre lo que se paga y lo que realmente se ejecuta.
Aquí es donde surge la pregunta incómoda pero necesaria: ¿dónde está el control?
Porque el problema, en el fondo, no es solo el zacate. No es solo la inversión. No es solo la contratación.
El problema tiene una causa mucho más simple: supervisión.
Supervisión de contratos. Supervisión de trabajos. Supervisión de resultados.
Sin supervisión, cualquier inversión se convierte en gasto. Sin supervisión, los espacios públicos se deterioran. Sin supervisión, la confianza ciudadana se pierde.
Goicoechea no necesita más discursos ni más anuncios. Necesita presencia, control y responsabilidad.
Porque recuperar el cantón no es complicado. Pero sí requiere algo que hoy parece escaso: voluntad de hacer bien las cosas.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- Cada 5 de junio, el mundo conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha que va mucho más allá de una celebración simbólica. Es un llamado urgente a reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza y, sobre todo, a actuar para protegerla.
Los desafíos ambientales que enfrentamos hoy —el cambio climático, la contaminación, la pérdida de biodiversidad y la creciente generación de residuos— ya no son problemas lejanos. Sus efectos se sienten en nuestras comunidades, afectan nuestra calidad de vida y condicionan el futuro de las próximas generaciones.
La transformación comienza en lo local
Con frecuencia se piensa que las soluciones ambientales dependen exclusivamente de decisiones internacionales o de grandes inversiones gubernamentales. Sin embargo, la verdadera transformación nace en las acciones cotidianas de las personas y las comunidades.
Goicoechea tiene el potencial de convertirse en un referente de sostenibilidad y participación ciudadana si logra fortalecer una cultura de responsabilidad ambiental basada en acciones concretas:
Reducir el consumo de plásticos de un solo uso, promoviendo alternativas reutilizables en hogares, comercios y actividades comunitarias.
Impulsar programas de reforestación urbana, recuperando espacios verdes y fortaleciendo la protección de los recursos naturales del cantón.
Fortalecer la educación ambiental, incorporando iniciativas que involucren a estudiantes, docentes, familias y organizaciones locales.
Promover una movilidad más sostenible, favoreciendo el transporte público, el uso de la bicicleta y los desplazamientos peatonales cuando sea posible.
Fomentar una adecuada gestión de residuos, mediante el reciclaje, la separación en origen y el compostaje doméstico.
De la preocupación a la acción
La protección del medio ambiente no puede limitarse a discursos, campañas temporales o publicaciones en redes sociales. Requiere compromiso, constancia y participación ciudadana.
Cada árbol sembrado, cada kilogramo de residuos reciclado, cada decisión de consumo responsable y cada esfuerzo por reducir nuestra huella ambiental contribuyen a construir una comunidad más resiliente y saludable.
Los cambios globales se construyen a partir de miles de decisiones locales. Por ello, el papel de los gobiernos locales, las organizaciones comunales, las empresas y la ciudadanía es fundamental para avanzar hacia un modelo de desarrollo más equilibrado y sostenible.
Una responsabilidad compartida
En este Día Mundial del Medio Ambiente, el mensaje es claro: todos tenemos una responsabilidad en la protección del planeta. No se trata únicamente de preservar los recursos naturales para el futuro, sino de garantizar bienestar y calidad de vida para quienes habitamos hoy nuestras comunidades.
Desde La Voz de Goicoechea reafirmamos nuestro compromiso con la promoción de una cultura ambiental responsable y hacemos un llamado a los vecinos, instituciones y sectores productivos del cantón para convertir la conciencia ecológica en acciones concretas.
El futuro no se construye mañana. Se construye hoy, desde nuestras casas, nuestras calles y nuestras comunidades. Goicoechea tiene la oportunidad de ser parte de esa transformación. Depende de todos hacerlo posible.
El periodismo: una voz indispensable para la democracia
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Isaí Jara, periodista).- Cada 30 de mayo, Costa Rica celebra el Día Nacional del Periodista, una fecha que invita no solo al reconocimiento de quienes ejercen esta profesión, sino también a la reflexión sobre el papel que desempeñan los medios de comunicación en una sociedad democrática, diversa y cada vez más compleja.
En tiempos marcados por la transformación digital, la inmediatez de las redes sociales y la sobreabundancia de información, el periodismo enfrenta desafíos inéditos. Sin embargo, su misión esencial permanece intacta: buscar la verdad, informar con rigor y servir al interés público. Más que transmisores de noticias, los medios de comunicación se han consolidado como pilares fundamentales para la transparencia, la participación ciudadana y la rendición de cuentas.
La vigilancia del poder continúa siendo una de las responsabilidades más valiosas del periodismo. Gracias al trabajo constante de reporteros, editores y equipos de investigación, la ciudadanía puede conocer decisiones gubernamentales, fiscalizar el uso de los recursos públicos y exigir responsabilidades a quienes ocupan posiciones de influencia. En una democracia sólida como la costarricense, esta función no es un lujo, sino una necesidad permanente.
A la vez, los medios enfrentan una batalla diaria contra la desinformación. Las noticias falsas, los rumores y los contenidos manipulados circulan con una velocidad sin precedentes. En este contexto, el periodismo profesional adquiere un valor aún mayor: verificar, contextualizar y contrastar la información para ofrecer a la población contenidos confiables y útiles para la toma de decisiones. La credibilidad, construida durante años de trabajo responsable, se convierte así en uno de los activos más importantes de cualquier medio de comunicación.
También es importante reconocer la evolución que ha experimentado la cobertura periodística en Costa Rica. Hoy existe una mayor sensibilidad hacia las realidades de comunidades rurales, poblaciones vulnerables, personas con discapacidad, mujeres, jóvenes, pueblos indígenas y sectores históricamente invisibilizados. Dar voz a quienes pocas veces la tienen es una de las expresiones más nobles del ejercicio periodístico y una contribución directa a una sociedad más inclusiva y equitativa.
La revolución tecnológica ha transformado profundamente la forma en que se produce y consume la información. Los medios digitales, las plataformas multimedia, los podcasts, los boletines y las transmisiones en vivo han ampliado el alcance de las noticias y democratizado el acceso a la información. Sin embargo, esta evolución tecnológica también exige mantener intactos los principios fundamentales del oficio: precisión, ética, independencia y responsabilidad social.
En este contexto, los medios locales adquieren una relevancia especial. Son ellos quienes conocen de cerca las necesidades de sus comunidades, quienes documentan las historias que no siempre encuentran espacio en la agenda nacional y quienes fortalecen el tejido democrático desde el ámbito más cercano al ciudadano. En cantones como Goicoechea, el periodismo local no solo informa; también conecta, orienta y construye comunidad.
No podemos ignorar, además, las dificultades que enfrenta la profesión: la precarización laboral, las presiones políticas y económicas, las limitaciones presupuestarias para el periodismo de investigación y, en algunos casos, las agresiones contra quienes cumplen con su deber de informar. A pesar de ello, miles de periodistas continúan ejerciendo con compromiso, convicción y profundo sentido de servicio público.
Desde La Voz de Goicoechea, en esta fecha especial rendimos homenaje a todas las personas que han hecho del periodismo una vocación de vida. A quienes investigan, verifican, narran y explican la realidad con honestidad; a quienes entienden que informar es también educar, acompañar y fortalecer la democracia.
Porque en un mundo donde abundan las opiniones, pero no siempre los hechos; donde la velocidad suele imponerse a la reflexión; y donde la confianza se convierte en un bien cada vez más escaso, el periodismo responsable sigue siendo una de las herramientas más poderosas para construir una sociedad libre, crítica y participativa.
Feliz Día Nacional del Periodista Costarricense. Su labor sigue siendo, hoy más que nunca, indispensable para el país que queremos construir.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- Hubo un tiempo en que la palabra política evocaba liderazgo, servicio y esperanza. Era sinónimo de comunidad, de acuerdos colectivos y de personas dispuestas a trabajar por el bienestar común. Hoy, para una gran parte de la ciudadanía, esa misma palabra genera desconfianza, cansancio y rechazo.
Y eso debería alarmarnos como sociedad.
Porque cuando la política deja de inspirar participación y comienza a provocar miedo o apatía, el daño va mucho más allá de los partidos políticos o de los gobiernos de turno. Lo que se erosiona es la confianza en la posibilidad de transformar la realidad. Se pierde la esperanza de que las cosas puedan mejorar.
La ciudadanía no se volvió indiferente por casualidad. Se cansó.
Se cansó de campañas llenas de discursos emotivos que desaparecen al día siguiente de las elecciones. Se cansó de observar cómo algunos dirigentes priorizan intereses personales o luchas de poder mientras las comunidades siguen esperando soluciones básicas. Se cansó de promesas incumplidas, de privilegios para pocos y de abandono para muchos.
Poco a poco, la política dejó de sentirse como un servicio y comenzó a percibirse como un negocio.
Y entonces apareció el miedo: miedo a involucrarse, miedo a opinar, miedo a confiar y, sobre todo, miedo a volver a ser decepcionados.
Por eso hoy muchas personas dicen con orgullo o resignación: “yo no me meto en política”, como si participar en los asuntos públicos fuera algo sucio o peligroso. Sin embargo, ahí radica una de las mayores tragedias sociales de nuestro tiempo: olvidar que la política, en su sentido más noble, nunca debió convertirse en una guerra de banderas ni en un espectáculo vacío.
La verdadera política no nace en una tarima ni en un slogan publicitario.
Nace en las comunidades que reclaman calles dignas, seguridad y oportunidades. Nace en la madre que teme por el futuro de sus hijos, en el adulto mayor que se siente abandonado, en los jóvenes que buscan empleo y oportunidades, y en los vecinos que se organizan para resolver problemas que durante años fueron ignorados.
La política auténtica es trabajo social convertido en acción colectiva. Es escuchar necesidades reales, construir soluciones y generar bienestar para la población.
La politiquería divide. La política verdadera construye.
Por eso el problema no es únicamente que la ciudadanía haya perdido interés en los partidos. El problema más profundo es que muchos dirigentes hicieron que la palabra política perdiera dignidad.
Y recuperarla no dependerá de campañas publicitarias, estrategias de imagen o discursos bien elaborados. Dependerá de hechos. De coherencia. De humildad. De dirigentes capaces de entender que representar a una comunidad no es un privilegio personal, sino una enorme responsabilidad social.
Tal vez, el día en que la política vuelva a parecer servicio y no espectáculo, la ciudadanía dejará de temerle a esa palabra.
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