Goicoechea 2025: cuando incomodar se volvió pecado

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Aníbal Porras, periodista).- El 2025 deja para Goicoechea una postal incómoda, pero necesaria. Un año que expuso una institucionalidad local más preocupada por silenciar a quien fiscaliza que por resolver los problemas estructurales que arrastra el cantón desde hace años.
Durante este periodo, autodenominados “líderes cantonales” del partido oficialista en la Municipalidad, manifestaron abiertamente su enojo con este medio de comunicación por hacer lo que corresponde en cualquier democracia: informar, cuestionar lo que no funciona y llamar a la ciudadanía a pedir cuentas. No fue una molestia discreta. Fue una narrativa insistente que buscó desacreditar al mensajero en lugar de responder por el mensaje, acompañada de amenazas veladas, insultos y ataques en redes sociales.
En Goicoechea, criticar dejó de entenderse como un derecho ciudadano y empezó a tratarse como una amenaza política.
Talleres, camiones y facturas que no cuadran
Uno de los casos más comentados del año fue el reportaje que reveló montos llamativamente elevados cobrados por un taller mecánico contratado para reparar camiones recolectores de basura que, en la práctica, continúan sin operar de forma adecuada.
La inquietud creció cuando trascendió que el propietario del taller tendría cercanía con campañas electorales del partido que gobierna el cantón. No se trata únicamente de un problema de basura: es un asunto de posibles conflictos de interés, prioridades distorsionadas y un débil control del gasto público.
Una Municipalidad partida en dos
El 2025 también evidenció una fractura interna cada vez más visible en el liderazgo municipal. Un alcalde que progresivamente resta funciones y espacios a una vicealcaldesa reconocida por su liderazgo y respaldo comunal, en un contexto donde —según comentarios públicos reiterados en el cantón— ella se habría negado a continuar pagando “cuotas de peaje político” a un personaje político local.
Cuando el liderazgo se castiga y la sumisión se premia, la institucionalidad se resiente.
Sindicatos, promesas y silencios incómodos
Otro tema delicado fue la alineación de una fuerza sindical con la administración municipal, en medio de rumores sobre promesas políticas futuras: desde puestos en papeletas municipales hasta jefaturas de despacho vinculadas a aspiraciones legislativas.
No se trata de criminalizar al sindicalismo, sino de recordar que la defensa de los derechos laborales no puede convertirse en moneda de cambio político.
El costo humano del “o yo o nada”
El perseguimiento político a líderes comunales dejó huellas profundas. El caso más doloroso fue el de Francisco Castaing, impulsor del Festival de Bandas de Ipís, quien enfrentó trabas administrativas constantes durante un año completo.
La lógica fue devastadora: “o salgo yo, o no se hace nada”.
El resultado fue la renuncia de un líder comunal a proyectos que generaban cultura, identidad y desarrollo. Cuando la política expulsa a quienes trabajan sin esperar beneficios personales, el cantón pierde mucho más de lo que imagina.
Transparencia ausente y prioridades perdidas
El 2025 deja también una persistente sensación de opacidad institucional:
Información pública manejada con secretismo
Fechas que no se anuncian
Montos que se diluyen en el cómodo “aproximadamente”
Todo esto ocurre en un cantón saturado de necesidades reales: basura sin resolver, aceras inexistentes, calles deterioradas, comercio asfixiado, problemas con patentes, desempleo y tapas de alcantarillado que representan un peligro cotidiano.
Mientras tanto, la casona histórica de Centeno Güell resiste otro año más al abandono, al clima y al tiempo, mientras se anuncian comisiones “para ver el tema”, sin resultados visibles.
Purral: el silencio y la angustia
La amenaza de desalojos en Purral, que podría afectar a cientos de familias de muy bajos recursos, continúa sin respuestas claras. Ni siquiera existe información precisa sobre las zonas realmente afectadas.
El silencio institucional también es una forma de violencia.
Cuando la omisión mata
Uno de los hechos más dolorosos del año fue la muerte de un menor de edad, en un contexto que desnudó la inoperancia municipal y la omisión de deberes por parte de autoridades locales. Como ha ocurrido otras veces, la responsabilidad volvió a desplazarse hacia la ciudadanía, acusada de “no colaborar”.
En Goicoechea, la culpa casi siempre cae hacia abajo.
Sobres amarillos y verdades que no llegan
Durante el 2025 circularon denuncias confidenciales, sobres amarillos y señalamientos contra el alcalde. Sin embargo, la ciudadanía nunca supo de qué se trataban ni qué decisiones se tomaron.
¿Se investigó? ¿Se archivó? ¿Se resolvió?
El ciudadano común no lo sabe.
Criticar a quienes critican
Como respuesta, surgió una página en redes sociales dedicada a criticar a quienes critican, apelando a una supuesta “neutralidad”, mientras aplaude cada comisión creada por la Alcaldía, aunque estas —como ya es costumbre— no produzcan resultados concretos.
La neutralidad selectiva no es neutralidad.
Goicoechea Resucita: el movimiento que incomoda
En contraste, el 2025 también vio el fortalecimiento de un movimiento ciudadano: Goicoechea Resucita. Un grupo que decidió informar, señalar oportunidades de mejora y sembrar esperanza, y que por ello fue atacado por políticos y politiqueros tradicionales que se sintieron amenazados.
Porque en Goicoechea —como en muchos lugares— la información sigue siendo el peor enemigo de quienes prefieren operar en la sombra.
El 2025 no fue un año cualquiera. Fue el año en que quedó claro que incomodar al poder sigue siendo necesario, que la crítica no es traición y que la democracia local no se defiende con aplausos, sino con preguntas.
Y esas preguntas, tarde o temprano, siempre encuentran su camino.