31 de agosto: Celebrar la Cultura Afro-Costarricense También exige Combatir la Discriminación

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Isaí Jara, periodista).- Cada 31 de agosto, Costa Rica conmemora el Día de la Persona Negra y la Cultura Afro-costarricense, una fecha que debería significar mucho más que música, gastronomía, desfiles y actividades culturales. Es también una oportunidad para reconocer una parte fundamental de nuestra identidad nacional y preguntarnos cuánto hemos avanzado realmente en la construcción de una sociedad sin discriminación racial.
La fecha tiene profundas raíces históricas. El 31 de agosto se recuerda la Primera Convención Internacional sobre la situación de las personas negras, realizada en 1920 en el Madison Square Garden de Nueva York, encuentro del cual surgió la denominada “Declaración sobre los Derechos de los Negros”.
En Costa Rica, la conmemoración también ha recorrido su propio camino. Durante la administración de Rodrigo Carazo Odio se estableció oficialmente el llamado “Día del Negro”, mediante el Decreto N.º 11928, iniciativa impulsada por el Sindicato de Educadores Costarricenses (SEC), con el apoyo del Comité Cívico Cultural Étnico Negro.
Con los años, el reconocimiento adquirió una dimensión más amplia. En 2011 se avanzó hacia la celebración del “Día del Negro y la Cultura Afro-costarricense”, y posteriormente la Ley N.º 9526 declaró agosto como el Mes Histórico de la Afrodescendencia en Costa Rica, reafirmando el 31 de agosto como una fecha de especial significado.
Una historia que pertenece a todo el país
Hablar de la población afro-costarricense no significa referirnos únicamente a una página particular de la historia de Limón. Significa hablar de Costa Rica.
El aporte de las personas afrodescendientes está presente en la educación, la política, la economía, el deporte, las artes, la gastronomía y múltiples expresiones de nuestra cultura. Reconocerlo permite comprender de una manera más completa quiénes somos como sociedad.
Por eso, resulta insuficiente reducir el 31 de agosto a una celebración folclórica. El calipso, el jazz, las comidas tradicionales, las exposiciones artísticas y el emblemático Grand Parade de Limón son manifestaciones valiosas de una cultura viva, pero detrás de ellas existe también una historia de lucha por la igualdad, el reconocimiento y los derechos.
Celebrar esa herencia implica conocerla y respetarla.
De la celebración a la reflexión
La conmemoración adquiere mayor sentido cuando sirve para preguntarnos qué ocurre hoy con el racismo y la discriminación.
Las leyes y las declaratorias oficiales representan avances importantes, pero una sociedad inclusiva no se construye solamente mediante decretos. Se construye también en las escuelas, los lugares de trabajo, las instituciones públicas, los medios de comunicación, las comunidades y las conversaciones cotidianas.
Ahí es donde debemos preguntarnos si todavía persisten prejuicios, estereotipos o formas de exclusión hacia las personas afrodescendientes.
Reconocer la diversidad no consiste simplemente en aceptar que existen personas con distintos orígenes y culturas. Significa garantizar que todas tengan las mismas posibilidades de participar, ser escuchadas, ejercer sus derechos y ocupar espacios de decisión.
También desde Goicoechea
Aunque muchas de las actividades más conocidas del 31 de agosto tienen como escenario la provincia de Limón, esta conmemoración pertenece a todo el territorio nacional.
Desde un cantón como Goicoechea también podemos preguntarnos qué estamos haciendo para promover el respeto por la diversidad cultural y combatir cualquier manifestación de discriminación.
Las comunidades, centros educativos, gobiernos locales, organizaciones sociales y medios de comunicación tenemos una responsabilidad en esa tarea. Conocer la historia afro-costarricense, abrir espacios para sus voces y transmitir esa memoria a las nuevas generaciones son acciones que contribuyen a construir ciudadanía.
El Día de la Persona Negra y la Cultura Afro-costarricense no debería ser solamente una fecha marcada en el calendario. Debe recordarnos que la Costa Rica multiétnica y pluricultural que reconocemos y celebramos se construyó gracias al aporte de muchas comunidades.
Este 31 de agosto tenemos una nueva oportunidad para celebrar esa riqueza, pero también para asumir un compromiso: que el reconocimiento de la población afro-costarricense no dure solamente un día ni se limite a los discursos.
Porque valorar nuestra diversidad significa conocer nuestra historia, enfrentar la discriminación que todavía pueda persistir y comprender que la cultura afro-costarricense no está al margen de la identidad nacional: es parte esencial de ella.