La Situación de Calle en Goicoechea: Una Realidad que ya no Admite Indiferencia

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por el director).- Quien recorra hoy las calles de Guadalupe, Purral o algunos de los principales espacios públicos de Goicoechea difícilmente puede ignorar una realidad que hace pocos años era mucho menos visible: el aumento de personas que viven en condición de calle. No se trata únicamente de una percepción ciudadana; responde a una tendencia nacional que ha venido creciendo de manera acelerada y que pone a prueba la capacidad de respuesta de las instituciones y de la propia comunidad.
La primera tentación suele ser reducir el debate a la seguridad o al uso de los espacios públicos. Sin embargo, hacerlo sería quedarse apenas en la superficie del problema. Detrás de cada persona que duerme en una acera existe una historia distinta, donde convergen desempleo, pobreza, enfermedades mentales, adicciones, rupturas familiares y ausencia de redes de apoyo. La situación de calle no nace en la calle; llega a ella después de un largo proceso de exclusión.
En ese contexto, es justo reconocer que la Municipalidad de Goicoechea ha optado por un enfoque distinto al de simplemente trasladar el problema de un lugar a otro. Su participación en iniciativas como la Choza de la Esperanza, desarrollada junto al IMAS, la Caja Costarricense de Seguro Social, el IAFA, el Ministerio de Salud, la Fuerza Pública, la Iglesia Católica y otras instituciones, refleja una comprensión más amplia del fenómeno. La atención médica, el acompañamiento social, la alimentación y la orientación hacia programas de rehabilitación representan una respuesta más humana y efectiva que las soluciones improvisadas.
No obstante, también conviene decirlo con claridad: la buena voluntad tiene límites cuando no va acompañada de recursos permanentes. Hoy las acciones se sostienen gracias a la coordinación institucional y al esfuerzo del personal municipal, pero Goicoechea sigue sin contar con una partida presupuestaria específica para atender una problemática que crece año tras año. Esa realidad obliga a preguntarse cuánto tiempo podrá mantenerse un modelo basado principalmente en la cooperación.
El reto tampoco corresponde únicamente al gobierno local. Sería injusto trasladar toda la responsabilidad a una municipalidad cuando las causas del problema son nacionales y responden a factores económicos, sociales y de salud pública. La atención de las personas en situación de calle requiere una política de Estado, donde municipios, Gobierno Central, instituciones autónomas, organizaciones sociales, iglesias, empresas y ciudadanía trabajen bajo un mismo propósito.
Existe, además, un desafío que pocas veces se discute. La convivencia entre quienes habitan el cantón y quienes viven en condición de calle debe construirse desde el equilibrio. Los vecinos tienen derecho a disfrutar espacios públicos seguros y ordenados; pero quienes atraviesan condiciones de extrema vulnerabilidad también conservan intacta su dignidad y sus derechos. Convertir esta discusión en una confrontación entre unos y otros solo alimenta la polarización y aleja las soluciones.
Goicoechea enfrenta hoy una oportunidad. La experiencia acumulada en los últimos años demuestra que existe capacidad para coordinar esfuerzos, generar alianzas y atender emergencias sociales con un enfoque integral. El siguiente paso debe ser consolidar esas acciones mediante financiamiento estable, mejores mecanismos de seguimiento y programas que permitan que más personas abandonen definitivamente la calle y recuperen un proyecto de vida.
Porque el verdadero éxito no será repartir más alimentos ni ampliar la asistencia de emergencia. El verdadero indicador será lograr que cada vez menos personas necesiten esa ayuda.
La situación de calle es, en el fondo, un termómetro de la salud social de cualquier comunidad. Ignorarla no hará que desaparezca; enfrentarla con seriedad, sensibilidad y visión de largo plazo sí puede marcar una diferencia. Goicoechea ya ha comenzado ese camino. Ahora corresponde fortalecerlo para que la respuesta crezca al mismo ritmo que el desafío.

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