Ya esto lo he vivido antes…

Published by Isaí Jara on

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Lic. Abraham Elías Solano Ledezma, abogado).- Para los que no me conocen, soy Abraham Elías Solano Ledezma, orgullosamente vecino del cantón de Goicoechea desde el día en que nací. Estudié en la escuela Claudio Cortés Castro, el Colegio México y el Liceo Napoleón Quesada Salazar, donde obtuve mi bachillerato.

Comencé mi vida laboral aquel 25 de septiembre de 2007 en la Caja Costarricense de Seguro Social, en la Lavandería Zeledón Venegas, lugar donde tuve mis primeras impresiones de las pésimas condiciones laborales que padecíamos los trabajadores. Cinco días después de haber ingresado, me afilié a UNDECA CCSS, sindicato que me formó, me enseñó a luchar y a defender mis derechos como trabajador y, más importante aún, me enseñó lo que es la solidaridad con mis compañeros.

A partir de ahí formé parte de la seccional del Hospital San Juan de Dios, donde me desempeñé como misceláneo, mensajero, oficinista, asistente de registros médicos y técnico en registros médicos. Ahí mismo vi la necesidad de estudiar una carrera que me ayudara en la defensa de mis compañeros y compañeras, víctimas de persecuciones políticas y patronales, por lo que ingresé a la Escuela de Derecho de la UACA, donde orgullosamente me formé para ser hoy en día abogado.

Recuerdo aquella huelga de 2018, y es aquí donde toma sentido el título de esta publicación. En esa huelga, en la que el nefasto Gobierno de Alvarado nos empujó al abismo con la pseudo ley de fortalecimiento de las finanzas públicas, participé activamente durante dos meses, sacando a los compañeros del turno de la noche a la huelga y acompañando a los que estaban en el turno de la mañana.

Producto de mi activa participación, sufrí amenazas por parte de políticos corruptos como Román Macaya, fui víctima de persecución política, trataron de envenenarme en un almuerzo, en la casa de mi madre quebraron vidrios, lanzaron una molotov y recibimos llamadas diciendo que me iban a matar. Me acorralaron de todas las maneras posibles, hasta que, en su desesperación, me abrieron un procedimiento administrativo cargado de vicios de nulidad. Me defendí, pero la patronal y la clase política estaban tan sedientas de venganza que dictaron mi despido sin responsabilidad patronal: un despido a todas luces ilegal, como así lo declaró el Juzgado de Trabajo de Goicoechea y lo ratificó la Sala Segunda de la Corte Suprema de Justicia.

¿Y saben qué? A pesar de las amenazas de estos políticos corruptos, nunca me rendí, nunca claudiqué, nunca me vieron derrotado, porque por encima de eso estaban la lucha, los derechos de mis compañeros y mi dignidad, que al día de hoy sigue intacta.

Hoy soy asesor en la Municipalidad de Goicoechea. El mes pasado tomé la decisión de sumarme a un movimiento de huelga que considero justo y, nuevamente, un grupo de políticos” coalición o alianza (como quiera que se llamen), se empeña en perseguirme para encontrar la manera de sacarme del camino. Tal vez se dieron cuenta de que soy una piedra en el zapato para ellos, tal vez simplemente les caigo mal o tal vez pretendan callarme.

Pero les digo esto: ustedes, los cinco regidores municipales que conforman el bloque, no podrán conmigo, porque en mi verbo llevo la verdad. Dejen de perseguir a este defensor de la clase trabajadora y pónganse a trabajar en lo que realmente importa; dejen su odio contra mí y saquemos adelante el cantón que tanto dicen amar. Dejen de perseguirme.

Por último, le digo a esta clase política que, si defender los derechos de mis compañeros más humildes me hace merecedor de esta persecución, lo volvería a hacer cien veces de ser necesario, porque con la dignidad de los trabajadores no se juega. Y cierro con esto: por más daño que pretendan hacerme, jamás van a apagar mi luz ni mi sonrisa, que llevaré conmigo hasta el día en que me vaya de este mundo.

 

 

 

 

 

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