Versículo Del Día

Published by Redacción on

Comentario

Jesús pronunció estas palabras en medio de un debate con los fariseos, quienes lo acusaban de actuar con el poder del demonio al sanar a un hombre ciego y mudo. En su respuesta, el Señor expone que lo que sale de la boca revela lo que habita en el corazón: no solo las blasfemias o las palabras deliberadamente malvadas, sino también aquellas frases vacías, sin sentido o sin propósito —las llamadas «palabras ociosas»— no pasan desapercibidas ante Dios.

¿Qué significa «palabra ociosa»?

La expresión se refiere a todo dicho que no aporta bien, que es superficial, frívolo, mentiroso, hiriente, chismoso o simplemente se dice sin pensar en su valor ni en su impacto en los demás y en Dios. No se trata solo de palabras groseras o malintencionadas: incluye también comentarios desconsiderados, promesas vacías, juicios infundados o charlas que desperdician la oportunidad de construir, consolar o guiar. Cada palabra lleva un peso, porque refleja el estado de nuestro ser.

La promesa y el llamado

Este versículo no nos llena de miedo, sino que nos invita a la responsabilidad y a la conversión:

Dios valora nuestra palabra, porque ella tiene el poder de dar vida o de herir. Él conoce cada uno de nuestros dichos, y nos llama a hablar con conciencia, amor y respeto.

El llamado es a cuidar lo que decimos: que nuestras palabras sean verdaderas, misericordiosas y útiles, tal como enseña también el apóstol Pablo: «Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, para que dé gracia a los oyentes» (Efesios 4:29).

Al reconocer que daremos cuenta de nuestras palabras, aprendemos a confiar en Dios para que él purifique nuestro corazón: si el corazón está lleno de su amor, lo que salga de nuestra boca será luz para los demás.

Reflexión para el día

¿Cuántas veces hemos dicho cosas sin pensar, por costumbre o por descuido? Que este versículo nos ayude a detenernos antes de hablar, a preguntarnos: ¿Esta palabra construye? ¿Refleja el amor de Dios? ¿Es necesaria? Y si hemos fallado, pidamos perdón al Señor, que nos ayuda a cambiar y a usar nuestra voz para el bien.

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