LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Aníbal Porras).- Este jueves 27 de noviembre la Embajada y la Sección Consular de Estados Unidos en Costa Rica permanecerán cerradas con motivo del Día de Acción de Gracias, una de las festividades más emblemáticas de la cultura estadounidense. Las labores habituales se retomarán el viernes 28, en el horario regular de 7:30 a.m. a 4:30 p.m.
El Día de Acción de Gracias, más allá del pavo y los desfiles televisados, es una jornada dedicada a reconocer y agradecer las bendiciones recibidas a lo largo del año. Su establecimiento como feriado federal se remonta a 1863, cuando el presidente Abraham Lincoln emitió una proclamación oficial en plena Guerra Civil, invitando a la nación a un momento de reflexión y gratitud. Desde entonces, cada mandatario estadounidense realiza una declaración especial para conmemorar la fecha.
Una tradición con cuatro siglos de historia
La celebración tiene sus raíces en 1620, cuando un grupo de peregrinos zarpó desde Inglaterra a bordo del Mayflower en busca de un nuevo comienzo. Tras llegar a Plymouth, Massachusetts, enfrentaron un invierno brutal en el que muchos perdieron la vida.
Sin embargo, para octubre de 1621 lograron una cosecha abundante que les permitió enfrentar la estación fría con esperanza. A ello se sumaba que habían construido sus viviendas y mantenían relaciones pacíficas con los pueblos indígenas de la zona.
Fue entonces cuando el gobernador William Bradford proclamó un día especial para agradecer y compartir, dando origen a la tradición que, siglos después, sigue reuniendo a familias y comunidades alrededor de la mesa.
Un recordatorio, al fin y al cabo, de que incluso en tiempos difíciles siempre queda espacio para la gratitud… y quizá para repetir el postre.
Gerardo Quesada Araya, el emblemático vendedor de copos, deja el cantón contra su voluntad debido a la caída de sus ventas. Vecinos lo despiden con cariño mientras el parque permanece cerrado por remodelación
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Isaí Jara, periodista).- Quienes recorren a diario el corazón de Guadalupe ya notan el vacío. No es solo el cerco perimetral que oculta las canchas y los árboles del Parque Santiago Jara. Es algo más íntimo: la ausencia de su carrito, su sombrilla y el tintineo del hielo al ser raspado.
Después de 47 años de vivir en Guadalupe, Gerardo Quesada Araya —para todo el mundo, “Paisita”— empaca sus recuerdos y se devuelve a su natal Limón. No porque quiera, sino porque el cierre del parque lo dejó sin aliento comercial.
“Lo tengo que hacer casi que obligado por mi situación laboral”, confiesa con la voz entrecortada, mientras desarma su modesto puesto.
Si usted pregunta por Gerardo Quesada en cualquier soda o esquina de Goicoechea, pocos le sabrán decir. Pero si pregunta por “Paisita, el de los copos y granizados”, hasta un niño le señala el sitio vacío donde durante tres décadas endulzó las tardes guadalupanas.
Una pensión de 80 mil y un alquiler de 100 mil
A sus 79 años, Paisita vive solo. Su pensión ronda los 80 mil colones mensuales, pero su habitación le cuesta 100 mil. La diferencia —y la comida, y los gastos— los sacaba vendiendo granizados en el parque. Sin embargo, con el cierre del Parque Santiago Jara, sus ventas se desplomaron “casi en un 95%”.
“Soy un adulto mayor, no me alcanza. Y sin el parque abierto, la gente no se detiene. Ya nadie se sienta a conversar”, lamenta.
De la construcción al hielo: 30 años bajo la sombra de los árboles
Paisita llegó a Guadalupe hace 47 años, huyendo de una historia personal que marcó su vida: “Desde que mi esposa me abandonó, me vine para Guadalupe y le ofrecí mi corazón a Dios”. Aquí trabajó 17 años en labores de construcción y en oficios varios, hasta que encontró su verdadera vocación: preparar copos y granizados en pleno parque central.
Durante 30 años fue testigo de cumpleaños, pedidas de mano, domingos de feria y tardes de colegio. Sin ningún título académico, Paisita construyó una cátedra de dignidad: “Dios me ha dado la preparación necesaria para llegar a esta edad, sin necesidad de hacer cosas que me afecten ni hagan daño a otros. No tengo vicios y hago diariamente lo que creo que agrada a mi Dios”.
Un hombre de fe, bicicleta y 8 nietos
Paisita es padre de tres hijos (un hombre y dos mujeres), abuelo de 8 nietos y bisabuelo de 5 bisnietos. Hace 48 años está separado y, aunque vive solo, asegura no padecer ninguna enfermedad. Todas las mañanas monta bicicleta y hace ejercicios: “Ya con 79 años no puedo nadar ni competir como en mi juventud, pero me transporto en bici y soy feliz”.
Su fe es su motor. Y aunque el cierre del parque lo obliga a irse, no se va enojado: “La vida es interesante, principalmente si uno entrega a Dios ese ser supremo que vemos pero que está presente con nosotros las 24/7, durante toda la vida que nos permita vivir en esta tierra”.
El adiós a un símbolo de Guadalupe
Vecinos del cantón han empezado a despedirse de Paisita con abrazos y comprando sus últimos granizados. “Es parte de Guadalupe. Sin él y sin el parque, el centro está más triste”, comenta doña Carmen Alvarado, vecina de la zona.
Desde La Voz de Goicoechea nos unimos al sentimiento general: Paisita se lleva consigo el sonido del raspador contra el hielo, la sonrisa de adulto mayor en bicicleta y una forma honesta de habitar el espacio público. Ojalá que su Limón natal lo reciba con el cariño que él regó durante casi medio siglo en estas aceras.
Que Dios lo acompañe, Paisita. El Parque Santiago Jara —aunque cerrado por remodelación— seguirá guardando su eco.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- Hace más de cuatro décadas, cuando el amanecer apenas despuntaba entre la neblina de Rancho Redondo, un niño abordaba el bus rumbo a San José con un propósito claro, aunque aún no del todo definido: salir adelante. Hoy, ese niño es Juan Carlos Solano Esquivel, un profesional consolidado que ha sabido combinar su crecimiento personal con un profundo compromiso por su comunidad.
Administrador de Empresas de profesión, Solano acumula más de 25 años de trayectoria en la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL), donde ha desempeñado roles clave en áreas de supervisión, asistencia de jefatura y dirección comercial. Su paso por la institución no ha sido menor: ha contribuido en la formulación de políticas, procedimientos e indicadores estratégicos que fortalecen la gestión empresarial.
“Esta empresa me ha dado la oportunidad de crecer, aprender y conocer el valor de servir. Es un orgullo formar parte de una organización con tanto prestigio y compromiso con el país”, expresó.
Pero su historia no se limita al ámbito público. En el sector privado, ha incursionado en proyectos vinculados a la gastronomía, bienes raíces y turismo, demostrando una visión emprendedora y versátil. Aun así, hay un hilo conductor que atraviesa toda su vida: su vínculo inquebrantable con la comunidad.
Vecino de Vista de Mar, en Rancho Redondo, Solano ha sido un actor activo en el desarrollo comunal. Ha presidido tanto la Asociación de Desarrollo de su comunidad como la Unión Cantonal de Asociaciones de Desarrollo Comunal de Goicoechea, espacios desde los cuales ha impulsado iniciativas orientadas a mejorar la calidad de vida de los vecinos.
Con una mirada crítica pero constructiva, sostiene que el movimiento comunal debe evolucionar: “Las organizaciones comunales deben reinventarse. No pueden ser obstáculos para el desarrollo, sino aliados del gobierno local y nacional para generar soluciones reales”.
Una visión que trasciende lo profesional
Más allá de su trayectoria, Juan Carlos Solano apuesta por el cambio. Considera que cada etapa de la vida exige reflexión y valentía para asumir nuevos retos. Su visión se proyecta hacia el servicio público y la transformación social, motivado por el deseo de aportar al desarrollo del cantón y del país.
“Uno debe prepararse siempre para asumir los retos que Dios pone en el camino. Siento que es momento de contribuir a resolver los problemas que enfrentamos como sociedad”, afirmó.
También hace un llamado a la ciudadanía a involucrarse activamente: “Necesitamos personas con actitud positiva, que busquen la excelencia y generen impacto real en sus comunidades”.
En su lectura del contexto nacional, Solano percibe un país en transformación, un proceso que —asegura— debe continuar con el respaldo ciudadano y el compromiso colectivo.
Valores que marcan el camino
Quienes conocen a Juan Carlos coinciden en destacar su sencillez. Él mismo se define como una persona leal, agradecida y comprometida. Valores que, según cuenta, heredó de sus abuelos y que han guiado cada paso de su vida.
“No me gusta hablar mucho de mí, pero creo en poner siempre a las personas primero”, dice con humildad.
Su mensaje final resume su esencia:
“Quiero un mejor Goicoechea, una mejor Costa Rica. Eso se logra trabajando con honestidad, compromiso y amor por el país”.
En tiempos donde el liderazgo suele confundirse con protagonismo, la historia de Juan Carlos Solano Esquivel recuerda que el verdadero cambio nace del servicio, la constancia y el arraigo a los valores. Una trayectoria que comenzó en un bus rumbo a la capital, y que hoy continúa con la mirada puesta en un futuro mejor para todos.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Daniel Madrigal Sojo, Periodista y abogado).- Un símbolo histórico del barrio La California ha desaparecido sin dejar rastro. Se trata del obelisco erigido en honor al doctor Ricardo Moreno Cañas (1890-1938), una figura emblemática de la medicina costarricense, cuya ausencia genera preocupación y preguntas sin respuesta.
El monumento, que permaneció por cerca de 86 años en una zona verde frente a la línea del tren, ya no se encuentra en su sitio. En el lugar, actualmente colindante con el conocido bar “La Cali”, no quedan rastros de la estructura ni indicios claros sobre lo ocurrido.
El obelisco no era una obra cualquiera. Fue construido poco después del asesinato de Moreno Cañas, ocurrido el 23 de agosto de 1938, y contenía un poderoso mensaje simbólico: su parte superior, el piramidón, quedó deliberadamente inconclusa para representar la labor social interrumpida del médico. Ese detalle convertía al monumento en una pieza única de memoria histórica.
A lo largo de las décadas, la estructura resistió el paso del tiempo, aunque no estuvo exenta de controversias. Hace aproximadamente 30 años, una intervención no autorizada intentó “corregir” su diseño original, aplicando cemento para completar la punta. El hecho generó un escándalo y obligó a las autoridades a restaurar el obelisco a su estado original, respetando su significado.
Hoy, la situación es aún más grave. La desaparición total del monumento plantea diversas hipótesis: desde un posible traslado sin comunicación oficial, hasta robo o destrucción. Sin embargo, ninguna versión ha sido confirmada.
Ante este escenario, crece el llamado a la Dirección de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura y Juventud para que investigue el paradero de la obra y esclarezca lo sucedido.
La pérdida del obelisco no solo representa la desaparición de una estructura física, sino también un golpe a la memoria colectiva de uno de los médicos más queridos del país. Vecinos y sectores culturales esperan una pronta respuesta de las autoridades y, de ser posible, la recuperación y restitución del monumento en su ubicación original.