LA VOZ DE GOICOECHEA (Por María Beatriz Muñoz Ruiz, columnista).- En 1889, un frío día de invierno, la vida cambió para Friedrich Nietzsche. Caminaba solo, absorto en sus pensamientos: un filósofo que rompió con la moral y la religión de su tiempo, proclamando la muerte de Dios y defendiendo la creación de nuevos valores para afrontar la vida con valentía, siendo libres de toda idea religiosa que nos esclaviza.
Pero aquel día su vida cambió para siempre. No volvió a ser el mismo. En la Piazza Carlo Alberto, un coche de caballos intentaba avanzar entre la gente; el cochero azotaba brutalmente al animal. Nietzsche vio el sufrimiento, el dolor y el miedo del caballo. Corrió hacia él y se abrazó a su cuello, llorando desconsoladamente y tratando de protegerlo con su cuerpo. Ese fue el último día del Nietzsche que todos conocían como tal, su último acto lúcido antes de derrumbarse mentalmente.
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