
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- Cuando se cuenta la historia reciente de Costa Rica, hay nombres que aparecen como relámpagos: breves, intensos, imposibles de ignorar. Frank Marshall Jiménez es uno de ellos. Su vida no fue una línea recta, ni un relato limpio. Fue, más bien, un territorio de tensiones: entre la sombra y el ideal, entre la disciplina militar y la política civil, entre el recuerdo de Europa en guerra y la construcción de un país que decidió vivir sin ejército.
Nació en San Ramón en 1924, en una familia acomodada, marcada por la ciencia y el mundo. Su padre era geólogo; su madre venía de una línea de políticos y militares. La infancia de Frank estuvo atravesada por una pérdida temprana que dejó huecos y silencios. Su madre, sola y joven, volvió a casarse; el nuevo padre le dio apellido en el corazón, aunque no en los papeles. Pero ya desde entonces, el destino de Frank parecía escrito fuera de los bordes de lo conocido.
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