Opinión sobre denuncias contra Fabricio Alvarado

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- En los últimos días han circulado denuncias públicas por presunto acoso sexual contra Fabricio Alvarado, señaladas por Laura Fernández y por Marelyn Azofeifa, ambas figuras públicas y con trayectoria política.

Lo primero que debe decirse, sin rodeos, es esto: ninguna denuncia de acoso puede minimizarse. Denunciar requiere valentía, especialmente cuando se hace frente a figuras con poder político, influencia social o capital electoral. Las mujeres que denuncian merecen ser escuchadas, respetadas y protegidas del descrédito automático.

Dicho esto, también es legítimo —y necesario— analizar el contexto y el momento en que estas denuncias se hacen públicas. No se trata de poner en duda a las denunciantes, sino de reconocer que estamos en un escenario electoral altamente competitivo, donde las denuncias públicas contra un candidato específico pueden tener efectos políticos inmediatos y profundos.

En este caso particular, las denuncias surgen contra un candidato que representa un nicho conservador de votantes, un sector que hoy se encuentra en disputa directa con otras candidaturas que buscan definir la contienda desde la primera ronda. En política, ignorar ese contexto sería ingenuo.

Esto abre dos posibilidades, ambas profundamente preocupantes:

Que los hechos denunciados sean reales y hayan sido silenciados durante años, lo cual sería gravísimo y reflejaría una falla estructural del sistema para proteger a las mujeres.

O que las denuncias estén siendo utilizadas como herramienta política en un momento estratégico, lo cual también sería inaceptable y dañino para la credibilidad de las luchas contra el acoso y la violencia de género.

En cualquiera de los dos escenarios, lo que no se puede permitir es la instrumentalización del dolor, la sospecha o la justicia.

Por eso, más allá del debate político y del ruido en redes sociales, urge una investigación seria, técnica y objetiva, liderada por las autoridades competentes y con acompañamiento del INAMU, que garantice debida diligencia, protección a las denunciantes y respeto al debido proceso.

La verdad no se construye en campañas ni en titulares apresurados.

La verdad se construye con investigación, pruebas y responsabilidad institucional.

Y solo esa verdad —sea cual sea— es la que puede y debe marcar el camino.

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