LA VOZ DE GOICOECHEA (Por José Antonio Tabora, Coach de Vida).- La Semana Santa es una de las celebraciones más importantes en el calendario cristiano. Durante esta semana, los creyentes conmemoran la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. En este artículo, exploraremos el significado de cada día y la historia detrás de esta celebración.
Domingo de Ramos: La Entrada Triunfal en Jerusalén
Jesús entra en Jerusalén aclamado por la multitud.
Significado: La llegada del Mesías.
“Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” (Mateo 21:9)
Lunes Santo: La Unción en Betania
Jesús es ungido por María en Betania.
Significado: La preparación para la muerte.
“Dejen que ella me unge para mi entierro” (Mateo 26:12)
Martes Santo: La Condena
Jesús predice su traición y muerte.
Significado: La aceptación del destino.
“El Hijo del Hombre se va, según está escrito de él” (Mateo 26:24)
Miércoles Santo: La Traición
Judas traiciona a Jesús por 30 monedas de plata.
Significado: La entrega de Jesús.
“¿Qué estás dispuesto a darme para que te lo entregue?” (Mateo 26:15)
Jueves Santo: La Última Cena
Jesús instituye la Eucaristía y lava los pies de sus discípulos.
Significado: La entrega y el servicio.
“Hagan esto en memoria de mí” (Lucas 22:19)
Viernes Santo: La Crucifixión y Muerte
Jesús es crucificado y muere en la cruz.
Significado: El sacrificio por la humanidad.
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46)
Sábado Santo: La Espera
Jesús descansa en el sepulcro.
Significado: La espera de la resurrección.
“El séptimo día, Dios descansó” (Génesis 2:2)
Domingo de Resurrección: La Victoria
Jesús resucita, venciendo a la muerte.
Significado: La victoria sobre la muerte y el pecado.
-“¡Ha resucitado! No está aquí” (Mateo 28:6)
¿Qué debemos aprender de la Semana Santa?
Según José Antonio Tabora, Coach de Vida, “La Semana Santa es un recordatorio de que la verdadera victoria se logra a través del sacrificio y la entrega. Jesús nos enseñó que el amor y el servicio son la clave para vencer cualquier obstáculo. Al reflexionar sobre su pasión y resurrección, debemos preguntarnos: ¿estamos dispuestos a entregar nuestra vida por los demás? ¿Estamos dispuestos a dejar atrás nuestros miedos y egoísmos para seguir a Jesús?”
“La resurrección de Jesucristo es un recordatorio de que la muerte no es el final, sino el comienzo de una nueva vida. Debemos vivir nuestra vida con fe, amor y servicio a los demás, recordando que ‘el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá'” (Juan 11:25).
“La Semana Santa nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida y a preguntarnos: ¿qué estoy dispuesto a sacrificar por mi fe? ¿Qué estoy dispuesto a dejar atrás para seguir a Jesús? La respuesta a estas preguntas puede ser el comienzo de una transformación profunda en nuestra vida”.
Conclusión
La Semana Santa es un recordatorio del amor y el sacrificio de Jesucristo. A través de su muerte y resurrección, se ofrece la salvación a la humanidad. ¿Qué vas a hacer para aplicar estos principios en tu vida?
Defender el modelo eléctrico es defender a Costa Rica
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Welmer Ramos González, economista).- Hay cosas que un pueblo construye con dinero. Otras con trabajo. Otras con sacrificio. Y hay unas pocas que se construyen con generaciones enteras creyendo en un mismo sueño. El sistema eléctrico costarricense pertenece a esa última categoría.
No nació de la casualidad ni apareció por la mano invisible de un mercado. No fue un regalo de inversionistas extranjeros ni una oportunidad de negocios para unos pocos. Fue una obra colectiva levantada durante décadas por miles de costarricenses que entendieron algo profundamente simple: hay servicios tan esenciales para una nación que no pueden quedar sujetos únicamente a la lógica de la ganancia.
Mientras otros países preguntaban cuánto dinero se podía ganar llevando electricidad a una comunidad, Costa Rica se hizo otra pregunta: ¿cómo hacemos para que la electricidad llegue a todos? Y esa diferencia cambió nuestra historia.
Gracias a esa visión hoy Costa Rica posee algo extraordinario: prácticamente el 100% del territorio nacional cuenta con acceso a electricidad. La luz llega a barrios, montañas, comunidades indígenas, zonas rurales y costas alejadas. Llega a lugares donde un modelo guiado solo por la rentabilidad probablemente nunca habría llegado.
Porque una empresa puede ver una zona aislada y pensar: “no es rentable”. Pero una nación verdadera ve personas, ve familias, ve ciudadanos. Esa es la diferencia entre un negocio y un proyecto país.
Nuestro modelo eléctrico fue diseñado para servir a la población y no para extraer la máxima rentabilidad posible. Por eso existen subsidios cruzados. Por eso una familia en Guanacaste paga lo mismo que paga una familia en San José. Por eso quienes consumen más aportan más. Porque Costa Rica entendió algo que algunas sociedades olvidaron: la solidaridad no es una debilidad económica; es una fortaleza nacional.
Los datos hablan por sí solos. Costa Rica produce más del 98% de su electricidad con fuentes renovables. Tenemos cobertura prácticamente universal. Mantenemos altos niveles de calidad y confiabilidad. Y nuestras tarifas residenciales compiten favorablemente con muchos países desarrollados cuyos ingresos per cápita duplican o triplican el nuestro.
La siguiente tabla ilustra cómo se compara nuestro modelo con el de algunos países de la OCDE, considerando modelo de distribución, precio al consumidor residencial, cobertura y equidad territorial:
País
Modelo eléctrico
Precio hogar (USD/kWh)
Cobertura
Tarifa rural = urbana
Costa Rica
Estatal + cooperativas + ARESEP
~US$0.20–0.21
~100%
Sí (subsidio cruzado)
España
Privadas reguladas
~US$0.28–0.32
~100%
Sí
Alemania
Mixto privado-regulado
~US$0.44–0.48
~100%
No completamente
Francia
Predominio estatal
~US$0.30–0.32
~100%
Sí
Irlanda
Privado regulado
~US$0.69
~100%
Parcialmente
Italia
Privado regulado
~US$0.66
~100%
Parcialmente
California EE.UU.
Privadas concesionadas
~US$0.30–0.33
100%
No
Fuentes: Eurostat, Agencia Internacional de Energía (AIE), ARESEP. Precios convertidos a USD (tipo de cambio 2025).
Mientras países europeos con ingresos cercanos a los US$60 000 o US$70 000 por habitante pagan electricidad mucho más costosa, Costa Rica, con un ingreso cercano a US$20 000 por persona, ha construido un modelo eficiente, limpio y profundamente humano.
La tabla siguiente permite apreciar con mayor detalle la diferencia de precios residenciales e industriales, así como la relación entre el costo de la electricidad y el nivel de desarrollo económico de cada nación:
País
Residencial (USD/kWh)
Industrial (USD/kWh)
Veces más caro que CR
PIB per cápita (USD)
Irlanda
~0.69
~0.30–0.35
3.3x
130 000
Italia
~0.66
~0.26–0.32
3.1x
43 000
Bélgica
~0.61
~0.24–0.29
2.9x
61 000
Alemania
~0.44–0.48
~0.27–0.28
2.0x
60 000
Dinamarca
~0.39–0.41
~0.22–0.26
1.9x
77 000
California EE.UU.
~0.30–0.33
~0.20–0.24
1.5x
90 000
España
~0.28–0.32
~0.18–0.21
1.3x
38 000
Costa Rica
~0.20–0.21
~0.12–0.15
referencia
20 000
Fuentes: Eurostat, Agencia Internacional de Energía (AIE), FMI, 2025.
Eso no ocurrió por accidente. Fue producto de planificación pública, instituciones fuertes, visión de largo plazo y una decisión histórica: poner el interés nacional por encima del interés particular.
Y precisamente porque funciona, algunos quieren cambiarlo.
Debemos decirlo con claridad. Cada cierto tiempo reaparecen discursos que hablan de modernización, apertura, eficiencia y competencia. Las palabras cambian. El libreto casi nunca.
Se presenta la privatización como una receta inevitable, como si la historia empezara hoy y como si Costa Rica no hubiera demostrado ya que otro camino era posible.
Pero el país tiene memoria.
Recordamos épocas donde ciertos generadores privados vendían electricidad en condiciones extraordinariamente favorables, con contratos que garantizaron ganancias desproporcionadas. Recordamos privilegios construidos alrededor de un mercado cautivo. Recordamos cómo algunos pocos ganaron mucho mientras el país asumía costos que nunca fueron realmente discutidos.
Y hoy esos intereses vuelven a tocar la puerta. No llegan diciendo que quieren un negocio. Llegan hablando de eficiencia. No llegan diciendo que quieren rentas privilegiadas. Llegan hablando de competencia. No llegan diciendo que quieren capturar un mercado construido con inversión pública. Llegan diciendo que vienen a modernizar.
Pero Costa Rica tiene derecho a hacer una pregunta sencilla:
¿Modernizar para beneficiar a quién?
Porque cuando un sistema funciona, la carga de la prueba corresponde a quien quiere cambiarlo.
Y nuestro sistema funciona. Funciona porque fue construido con una lógica distinta. La lógica de país. El ICE, las cooperativas, la regulación y los mecanismos solidarios no son obstáculos para el desarrollo. Son precisamente las herramientas que permitieron construir uno de los sistemas eléctricos más exitosos del planeta.
Muchos países ricos todavía intentan resolver problemas que Costa Rica resolvió hace décadas: cómo electrificar zonas rurales, cómo universalizar el servicio, cómo impulsar energías limpias y cómo evitar que vivir lejos de las ciudades signifique pagar más.
Nosotros ya lo hicimos. Y lo hicimos juntos.
Por eso esta discusión no trata únicamente de kilovatios, tarifas o modelos regulatorios. Habla de algo mucho más profundo. Habla del tipo de país que queremos ser.
La electricidad costarricense no es solamente infraestructura. Es una decisión moral. Es la expresión de una idea profundamente democrática: que el progreso de una nación debe llegar hasta el último hogar, hasta la última familia y hasta la última comunidad.
Y hay cosas que una generación recibe no para venderlas, sino para protegerlas. Porque hubo costarricenses antes que nosotros que construyeron esta obra pensando en personas que nunca conocerían.
Nos toca hacer lo mismo. Porque la luz que hoy ilumina nuestras casas no nació en los mercados. Nació en una visión de país. Y los pueblos que olvidan el valor de lo que heredaron terminan pagando dos veces: primero con indiferencia y después con arrepentimiento.
La electricidad de Costa Rica no es un privilegio. No es una mercancía. No es una oportunidad de negocios. Es una conquista nacional.
Y las conquistas nacionales no se negocian: se defienden.
Porque la luz que llega a cada hogar costarricense no pertenece a unos pocos: pertenece a generaciones enteras. Y lo que un pueblo construyó unido, ningún interés particular debe arrebatárselo.
“Pongamos espíritu observante, no permanezcamos indiferen,tes ni seamos pasivos, ya que produce un inmenso dolor pensar que la biosfera nos hable mientras la humanidad no escucha, llegando a romper esa alianza originaria entre Creador y criatura perecedera”
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Víctor Corcoba Herrero, columnista).- Es tiempo de ejercer la contemplativa, de adentrarnos en todo aquello que nos rodea, para reconocernos parte del mismo tronco viviente; lo que nos demanda como seres pensantes que somos, a reforzar el diálogo entre nosotros, porque el desafío ambiental que anidamos, y sus raíces humanas, nos afectan y nos impactan a todos. Tanto es así, que, si la biodiversidad sufre, la humanidad también. Indudablemente, los recursos biológicos son los pilares que sustentan las civilizaciones. Respetémonos, pues. El hábitat se doblega, obedeciéndolo. Comencemos por acariciar con nuestra mirada, esas aguas cristalinas tantas veces contaminadas por el género humano, verdaderamente en impureza; o, esos bosques amenazados por la deforestación, altamente errados.
Sea como fuere, en un orbe en el cual todo está interconectado, no destruyamos los vínculos naturales, trabajemos con la mente y el espíritu para reconstruirlos. Hagámoslo, asimismo, superando el egocentrismo que nos gobierna y degustando lo caritativo de esa belleza compartida, que es lo que en realidad nos injerta viva coexistencia y consistencia benigna. No olvidemos tampoco que la salud de nuestro planeta juega un papel vital en la aparición de enfermedades transmisibles entre animales y humanos. En consecuencia, a medida que continuamos invadiendo ecosistemas frágiles, nos ponemos en contacto cada vez más con la fauna silvestre, lo que permite que los patógenos se extiendan al ganado y a los individuos.
A todos los ojos, siempre hay un libro abierto, el del entorno por el que nos movemos. Forjémoslo a corazón abierto. Pongamos espíritu observante, no permanezcamos indiferentes ni seamos pasivos, ya que produce un inmenso dolor pensar que la biosfera nos hable mientras la humanidad no escucha, llegando a romper esa alianza originaria entre Creador y criatura perecedera. Precisamente, es este endiosamiento mundano actual, que ha puesto al dinero y al dominio del poder a cualquier precio, como bien supremo, lo que nos está dejando sin conciencia y nos conduce a la catástrofe; a un caos climático sin precedentes, en parte debido a la contaminación y a la explotación despiadada de la tierra, los océanos y el agua dulce. Sin duda, los resultados son demoledores, para todo proceder.
Nadie estamos a salvo del colapso antinatural. Sólo hay que advertir que nuestra propia actividad humana, continúa alterando hasta un 75% el medio terrestre y el marino en un 66%; y que un millón de especies de animales y vegetales se hallan en peligro de extinción. Nos alegra, por consiguiente, que el Plan de Naciones Unidas aliente y active medidas para restaurar y conservar lo que realmente nos genera néctar viviente. También el gozo se hace mayor, cuando ves que los gobiernos además toman iniciativas, movilizando fondos y subsanando las deficiencias de capacidad que frenan el bienestar con sus avances. Y, aún el regocijo es más sublime, cuando se percibe, la implicación del ciudadano como tal, en la red saludable existencial que sustenta a la sociedad.
La vida y nuestra singular genealogía, lo manifiestan de hecho, al no poder ser nosotros mismos sin el otro y sin los otros. En realidad, nada debe ser excluido, porque todo está íntimamente relacionado. A mi juicio, hoy más que nunca, hace falta trabajar unidos para detener e invertir en la pérdida de la heterogeneidad orgánica, de manera que la ciudadanía y la naturaleza prosperen juntas. Esto nos requiere identificar nuevos paradigmas pedagógicos para promover en los procesos educativos, el diálogo entre los saberes diversos, contribuyendo a que crezca el afán al cultivo del cuidado a través del amor de amar amor. Así es como nos embellecemos, pasando de los males o de las maldades a valores o bondades, que se hacen virtud. Lógicamente, ¡una persona buena, es un bien colectivo!
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Ronald Arrieta Calvo, columnista).- En un reciente editorial de La Voz de Goicoechea surge una afirmación muy pertinente: “Las próximas elecciones municipales representan mucho más que un ejercicio democrático rutinario”.
Pero ¿cómo convertir esa aspiración en una realidad cuando el abstencionismo en las elecciones municipales pasadas alcanzó el 76,66 %? Es decir, de los poco más de 90 mil electores inscritos, tan solo unas 21 mil personas votaron. Pero, de esos 21 mil, ¿cuántos realmente lo hicieron con base en un análisis de los programas de gobierno y en su conciencia de clase? ¿Cuántos votaron a cambio de un diario o de una dosis de estupefacientes? ¿Cuántos votaron por tradición no reflexionada? ¿Cuántos lo hicieron a cambio de una dádiva en especie, o por apoyar a una amistad o familiar a quien le prometieron un cargo remunerado?
Desde los inicios de la democracia en Atenas, esas preguntas, planteadas, en otros términos, fueron parte de los señalamientos de Platón y Aristóteles sobre los desafíos que la democracia debía resolver.
Una de las principales vías para enfrentar este problema es elevar el nivel educativo de la población.
Pero surge entonces otra pregunta: ¿a quién le corresponde hacerlo? ¿A la clase política? Difícilmente. Buena parte de ella sabe que una ciudadanía verdaderamente educada y crítica difícilmente elegiría a personas carentes de idoneidad para ejercer cargos públicos.
Un ejemplo significativo ocurrió en Costa Rica durante la década de 1970, cuando estudiantes universitarios —a quienes posteriormente se sumaron colegiales— encabezaron un movimiento para impedir la entrega de zonas ecológicamente valiosas a la transnacional ALCOA para la explotación de bauxita, de donde se extrae el aluminio. Tras aquella victoria estudiantil, comenzó progresivamente el desmantelamiento del sólido sistema educativo costarricense que existía entonces. Parecía que el sistema educativo estaba “cometiendo el delito” de formar ciudadanos con capacidad crítica.
Con el paso de los años, el sistema comenzó a saturar a maestros y profesores con trámites administrativos, a debilitar su autoridad y a colocarlos en constante confrontación con padres y madres de familia. A ello se suma la proliferación de centros de baja calidad académica, convertidos prácticamente en expendedores de títulos.
Otra posible vía para elevar el nivel educativo y político de la ciudadanía sería el ejercicio responsable de la prensa. Sin embargo, cada vez parecemos alejarnos más de ese ideal. La competencia entre medios por captar audiencia y lectores impulsa con frecuencia un periodismo amarillista, superficial y carente de profundidad analítica, que distrae a la población de los problemas esenciales del cantón. Se necesita un periodismo que analice los acontecimientos, en primer lugar, desde su contexto económico y, en segundo término, desde su dimensión política. Urge una prensa que eduque, en lugar de sembrar discordia, incertidumbre y desconfianza generalizada hacia las personas que realmente desean servir y hacia el propio sistema democrático. Una prensa que contribuya a construir soluciones frente al “cachimbal” de problemas que enfrenta nuestro cantón