La oposición que heredamos

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Tercera entrega: La oposición que incomoda o la que acomoda (2022–presente)

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista). Durante el actual gobierno de Rodrigo Chaves, el Congreso ha dejado de ser un espacio de equilibrio democrático para convertirse en un tablero donde los silencios pesan más que los discursos.

Y es que, frente a un Ejecutivo de comunicación agresiva, narrativa populista y alto respaldo ciudadano, la oposición se ha dividido entre el miedo, la conveniencia y la confusión.

El poder del discurso y la sumisión del silencio

El gobierno actual ha demostrado una enorme capacidad de manejo del discurso.

Su estrategia es clara: marcar la agenda, confrontar a los críticos, deslegitimar al que cuestiona. Y en ese terreno, la oposición parece no saber cómo responder. Cada vez que intenta reaccionar, lo hace tarde o sin cohesión, con voces que se contradicen entre sí.

El miedo a ser etiquetado como “enemigo del pueblo” ha llevado a muchos diputados a la autocensura política. En lugar de ejercer control político, la oposición se ha refugiado en la prudencia calculada, esa que se disfraza de responsabilidad, pero que en realidad es miedo al desgaste.

El resultado es un Congreso con más eco que voz.

Una oposición fragmentada, sin rostro ni rumbo

La Asamblea Legislativa actual refleja la descomposición de los partidos políticos tradicionales. Lo que antes era una fuerza estructurada ahora es una constelación de pequeñas bancadas que orbitan alrededor del poder según las circunstancias.

Las alianzas no se construyen por principios, sino por conveniencia. Y en esa dinámica, la fiscalización se vuelve selectiva y el control político, casi simbólico.

La oposición no solo ha perdido poder; ha perdido identidad. Ya no se define por lo que defiende, sino por lo que teme perder.

En medio de esta crisis de liderazgo, los grandes temas nacionales —educación, salud, pobreza, seguridad— se diluyen en discusiones menores o en el espectáculo de la confrontación mediática.

El Parlamento del ruido: entre la crítica tibia y el aplauso condicionado

La oposición en tiempos de Chaves vive atrapada entre dos extremos: la crítica tibia que no cambia nada, y el aplauso condicionado que se vende como neutralidad.

El Congreso se ha convertido en un escenario de monólogos, donde cada fracción habla para su audiencia digital y no para el país.

Mientras tanto, el control político ha sido sustituido por la política del miedo y el cálculo. Se fiscaliza con cuidado, se denuncia con cautela, se opina con permiso.

Y la democracia, acostumbrada a la diversidad de voces, empieza a perder su tono plural.

Conclusión: la oposición como espejo del desencanto

La actual oposición no solo refleja el desgaste institucional; refleja también el miedo social. En una nación cansada de promesas incumplidas, muchos costarricenses confunden la crítica con el ataque y la fiscalización con la traición.

Y así, la oposición se ha vuelto rehén de la opinión pública y del discurso dominante.

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