La Hormiga Investigadora

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Ashley M. Gutiérrez, periodista).- Dicen que las hormigas somos diminutas. Es cierto. No medimos mucho, no hacemos escándalo y, desde luego, no viajamos en carro oficial con escolta, sirena ni combustible pagado por el pueblo. Pero tenemos una ventaja sobre muchos gigantes: caminamos con las patas pegadas al suelo.

Y desde ahí se ve todo

Hasta aquello que algunos intentan esconder debajo de la alfombra… o detrás de un comunicado lleno de palabras elegantes, fotografías impecables y responsabilidades cuidadosamente ausentes.

Aquí seguimos, recorriendo el hormiguero de Goicoechea con la lupa en una pata y el sentido común en la otra. Porque hacer preguntas todavía no paga impuestos, aunque a ciertos personajes les provoque más alergia una pregunta sencilla que una auditoría de la Contraloría.

Esta semana las antenas detectaron un fenómeno extraordinario. Con la campaña municipal asomándose en el horizonte, varios dirigentes políticos parecen haber descubierto de golpe las virtudes de la fiscalización.

Los milagros existen.

Comencemos por el Concejo Municipal.

De pronto, algunos regidores hablan como si hubieran pasado los últimos cuatro años defendiendo cada colón público, vigilando cada contratación y revisando cada expediente con la disciplina de un auditor.

Porque esos mismos regidores levantaron la mano para aprobar presupuestos donde viajaban muchos de los proyectos que hoy denuncian con indignación casi teatral.

Y entonces surge una duda inevitable: ¿la conciencia les despertó tarde o la calculadora electoral llegó demasiado temprano?

Fiscalizar nunca sobra. Es una obligación. Lo curioso es descubrir esa vocación fiscalizadora exactamente cuando faltan pocos meses para pedir nuevamente el voto.

También conviene recordar algo incómodo: los acuerdos municipales no se aprueban solos.

Mientras algunos intentan repartir culpas como confites en desfile, olvidan mencionar las propias decisiones. La responsabilidad política no prescribe cuando empieza una campaña.

Mientras tanto, otro movimiento comienza a llamar la atención.

Se habla de la conformación de un nuevo partido cantonal que buscaría competir en las próximas elecciones municipales.

Habrá que observarlo con calma.

Goicoechea necesita aire fresco. Lo que no necesita es perfume nuevo para la misma política de siempre.

Este cantón ya ha visto suficientes proyectos que nacen prometiendo renovación y terminan convertidos en cómodos refugios para quienes simplemente cambiaron de camiseta sin cambiar de costumbres.

Basta mirar lo ocurrido con Pueblo Soberano, que terminó pareciendo más una agradable reunión entre viejos conocidos del PLN y del PUSC que una verdadera alternativa ciudadana.

Esta hormiga no reparte certificados de cambio antes de tiempo.

Pero tampoco compra discursos solo porque vienen empacados con un logotipo nuevo.

Otro asunto merece atención.

La Cruz Roja de Ipís cerró sus puertas y dejó vacías unas instalaciones levantadas gracias al esfuerzo de toda una comunidad.

Lo natural sería que ese patrimonio regresara precisamente a quienes siempre perteneció: la comunidad.

Porque cuando un edificio nace del trabajo colectivo, no debería terminar convertido en patrimonio del olvido ni en premio de consolación para alguna oficina pública.

Y ya que hablamos de responsabilidades, el editorial publicado esta semana por La Voz de Goicoechea recordó una verdad que algunos prefieren pasar por alto.

Todo lo ocurrido alrededor del Parque Santiago Jara no puede colocarse únicamente sobre los hombros del alcalde Fernando Chavarría.

Sería cómodo.

Pero también sería incompleto.

El Concejo Municipal tiene una cuota importante de responsabilidad política, salvo las excepciones de aquellos regidores que sí levantaron la voz cuando todavía había tiempo de hacerlo.

Denunciaron.

Después vino el procedimiento habitual en Goicoechea.

Mucho ruido.

Algunas sesiones.

Un par de titulares.

Y finalmente el cómodo silencio administrativo.

Pero las coincidencias continúan.

Los contratos relacionados con la reparación de los camiones recolectores de residuos —que terminaron provocando fuertes cuestionamientos públicos— no fueron suscritos por la administración actual.

Según la información conocida, quien los firmó fue el entonces alcalde y hoy diputado de Liberación Nacional.

Las vueltas de la política siempre resultan interesantes.

Un día se firman contratos en el edificio municipal.

Tiempo después se pronuncian discursos sobre transparencia desde una curul en Cuesta de Moras.

Y como si el guion necesitara otro capítulo, durante su comparecencia ante el Concejo Municipal, el representante de la empresa constructora del Parque Santiago Jara dio a entender que el contrato de esa obra también habría sido firmado durante aquella misma administración.

¿Otra casualidad?

En Goicoechea las casualidades empiezan a acumularse con tanta frecuencia que ya deberían pagar patente municipal.

Esta hormiga seguirá haciendo lo que mejor sabe hacer.

Caminar.

Observar.

Preguntar.

No compra rumores.

No vende silencios.

No administra presupuestos.

No firma contratos.

Pero sí acostumbra leer la letra pequeña.

Porque la experiencia enseña que los gigantes rara vez tropiezan con una sola hormiga.

Empiezan a preocuparse cuando descubren que todo el hormiguero ya empezó a hacer las mismas preguntas.

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